Viajó en bicicleta de Mancopa a Bolivia para homenajear al Che

Con $ 350 en el bolsillo y muchas ilusiones, Wiliam Balvorín se lanzó a la aventura para conocer el lugar donde mataron al revolucionario argentino.

21 Feb 2010
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CON POCA CARGA. William en Bolivia, horas después de llegar a destino.

Llegar a ese pueblo verde de calles desprolijas y casas bajas era el objetivo que motivaba cada pedaleo. Para él, Vallegrande (Bolivia) no era una población cualquiera de Sudamérica, sino el lugar en el que había terminado la vida del hombre que inspiró el inicio de sus ideas. Así lo confiesa emocionado William Balvorín (24 años), el tucumano que recorrió casi 2.000 kilómetros montado en una bicicleta para conocer el sitio en el que mataron a Ernesto "Che" Guevara, su referente y modelo. Con $350 en el bolsillo, una muda de ropa, un libro de historia, un año de entrenamiento y toda su familia en contra William se lanzó a la aventura.

Al momento de terminar el secundario lo único que el joven de Mancopa conocía del Che eran las imágenes estampadas en las remeras de otros chicos. "Sólo había visto la figura, sin saber qué significaba. En esa época no leía nada de nada, no me interesaba. Hasta que llegó a mis manos un libro de Carlos Marx y me comenzó a interesar cierta ideología y fui buscando datos", dice. Así apareció el ideal revolucionario en sus ideas. "Admiro la entrega, el sacrificio y a pesar de que se los critican, también sus métodos", remarcó el estudiante de abogacía, un chico de pocas palabras, según se definió.

El desamparo
William partió de su ciudad el 19 de diciembre y, tras recorrer 1.900 kilómetros, llegó a Vallegrande diez días después. "El viaje fue muy duro" calificó el ciclista y explicó que los planes comenzaron un año antes de emprenderlo. Relata que nunca había salido del país y que estuvo buscando información de la ruta en los mapas de Google y rastreando ciudades adonde dormir. Pero el periplo fue más largo de lo que esperaba, dado que tenía planeado recorrer 1.400 kilómetros pero se sumaron 500 más a último momento. "En Ipita, Bolivia, tenía que cruzar por un camino de tierra muy desolado, un paisano me dijo que estaba en pésimo estado y que un río estaba muy crecido. Me recomendó ir hasta Santa Cruz de la Sierra y seguir por la ruta segura", relata. Otro de los inconvenientes que tuvo fue la falta de dinero para costear la travesía. Sus familiares, pese a no estar de acuerdo con sus planes, hicieron una "vaquita" y reunieron el dinero. "No sabía cuánto llevar. Un chico que conozco fue hasta la la frontera y necesitó $1.600. Trataba de economizar lo más que podía. La comida eran sandwiches de fiambre que me preparaba y tomaba mucha agua que cargaba por ahí. Además, pasaba la noche en hospitales o comisarías porque llevé una bolsa de dormir", repasó con meticulosidad. Recordó que lo peor y lo mejor que vivió durante el recorrido sucedió en Salta. "En Pocitos la pasé realmente mal. De pronto, todo se oscureció porque estaba por caer una tormenta. Mi idea era dormir en el hospital pero no llegaba más. Las calles estaban inundadas y el agua ya me tapaba las rodillas, apenas avanzaba. Decidí caminar y llegué a la comisaría. Estaba empapado, con frío, desvelado y hambriento, pero no me dejaron quedarme allí y encima, se me pinchó una goma. Luego se cortó la luz y en el único lugar en el que me pude refugiar fue una estación de servicio, allí estuve hasta las 6 de la mañana", recuerda. Un instante después rememora que cerca de allí, a orillas del Río Bermejo, conoció a Atilio, un anciano del que se hizo amigo y que lo albergó en su casa durante una noche. "Sin saber el motivo de mi viaje ni mi admiración por el Che, me contó que fue guerrillero y todo lo que pasaba en esa época. Fue maravilloso", comenta entusiasmado.

Lágrimas y un poema
El 29 de diciembre arribó finalmente a destino. Según recuerda, no sabe si por el entusiasmo de estar llegando o por que así es en realidad, el paisaje se convirtió en el más hermoso durante todo el viaje. Fresco, exuberante y verde. "Al llegar a la población no pude ver mucho más porque era la medianoche. Llegué a la terminal de ómnibus y allí dormí, ansioso por lo que me esperaba", dice. "A la mañana recorrí el pueblo y anduve por todos los lugares por los que él (por Ernesto Guevara) caminó. Fue muy emocionante", asevera. Y señala que el momento más emotivo fue cuando visitó la vieja lavandería del Hospital Municipal "Señor de Malta", en donde fue expuesto el cuerpo del "Che", en 1967.

"Así estamos, consternados, rabiosos aunque esta muerte sea uno de los absurdos previsibles". William recita el inicio del poema de Mario Benedetti que dejó en ese sitio. "Lloré mucho y le dediqué esos versos", rememoró. Ojalá la gente de aquí conociera más al "Che" y a sus ideas Yo quise dar charlas en una biblioteca de Mancopa pero todo quedó en la nada", concluyó.
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