07 Abril 2003 Seguir en 
KERBALA.- Avanzando barrio por barrio, las tropas de Estados Unidos entraron ayer en el centro de la ciudad santa chiíta de Kerbala, tras pelear duras batallas con paramilitares iraquíes que amenazan las líneas de abastecimiento hacia Bagdad.
En medio de un calor abrasador, los tanques del ejército de Estados Unidos se movilizaban por las polvorientas calles y los helicópteros de reconocimiento pasaban a poca distancia de los tejados, identificando las posiciones de los francotiradores. En tierra, las tropas se cubrían en puertas y muros mientras pasaban cerca de cadáveres de iraquíes, algunos destrozados por el fuego de artillería, en el centro de la ciudad.
Decenas de iraquíes y soldados estadounidenses murieron el sábado en una intensa batalla que se prolongó hasta la noche, pero la resistencia se debilitó ayer y las fuerzas de Estados Unidos parecieron haber controlado a los paramilitares fedayines leales al presidente iraquí, Saddam Hussein.
"No creo que tengan ninguna oportunidad, ya que tenemos una potencia de fuego abrumadora. Pero ellos tienen balas todavía", dijo el sargento Todd Morton, quien mató a un soldado iraquí cuando este trataba de saltar hacia un búnker defensivo.
La lucha en Kerbala siguió a una operación similar en An Najaf, otra ciudad santa chiíta en el centro de Irak, para acabar con los paramilitares y otros combatientes leales a Saddam que podrían amenazar las extensas líneas de suministro desde el sur.
El sábado por la noche, fuerzas de Estados Unidos golpearon las posiciones iraquíes con fuego de artillería. Les respondieron con cohetes de propulsión, granadas, morteros, y fusiles AK-47.
En el centro de la ciudad, las familias se escondían en casas de barro y de ladrillos. Cientos de personas se concentraban en las esquinas de las calles y en las puertas de las casas para observar, enmudecidos, el lento avance de los estadounidenses. Incluso, algunos niños jugaban en la calle, entre charcos de sangre de los cadáveres de combatientes que fueron retirados durante la noche. (Reuter)
En medio de un calor abrasador, los tanques del ejército de Estados Unidos se movilizaban por las polvorientas calles y los helicópteros de reconocimiento pasaban a poca distancia de los tejados, identificando las posiciones de los francotiradores. En tierra, las tropas se cubrían en puertas y muros mientras pasaban cerca de cadáveres de iraquíes, algunos destrozados por el fuego de artillería, en el centro de la ciudad.
Decenas de iraquíes y soldados estadounidenses murieron el sábado en una intensa batalla que se prolongó hasta la noche, pero la resistencia se debilitó ayer y las fuerzas de Estados Unidos parecieron haber controlado a los paramilitares fedayines leales al presidente iraquí, Saddam Hussein.
"No creo que tengan ninguna oportunidad, ya que tenemos una potencia de fuego abrumadora. Pero ellos tienen balas todavía", dijo el sargento Todd Morton, quien mató a un soldado iraquí cuando este trataba de saltar hacia un búnker defensivo.
La lucha en Kerbala siguió a una operación similar en An Najaf, otra ciudad santa chiíta en el centro de Irak, para acabar con los paramilitares y otros combatientes leales a Saddam que podrían amenazar las extensas líneas de suministro desde el sur.
El sábado por la noche, fuerzas de Estados Unidos golpearon las posiciones iraquíes con fuego de artillería. Les respondieron con cohetes de propulsión, granadas, morteros, y fusiles AK-47.
En el centro de la ciudad, las familias se escondían en casas de barro y de ladrillos. Cientos de personas se concentraban en las esquinas de las calles y en las puertas de las casas para observar, enmudecidos, el lento avance de los estadounidenses. Incluso, algunos niños jugaban en la calle, entre charcos de sangre de los cadáveres de combatientes que fueron retirados durante la noche. (Reuter)







