07 Abril 2003 Seguir en 
LOS ANGELES.- La guerra de Irak podría estar entrando en su última etapa, pero la batalla por ganarse al país no ha hecho más que empezar. Y esta no es una lucha por el control militar o económico. Hay una cuestión que nadie puede responder: ¿cómo se puede persuadir a los iraquíes respecto de que el país al que muchos de ellos han identificado durante décadas como su mayor enemigo es ahora su gran amigo? Al analizar esta situación, muchos expertos coinciden en compararla con la "desnazificación" que llevaron a cabo los aliados tras la Segunda Guerra Mundial. Incluso plagiaron el término y hablan de una "desbaathificación" en Irak, refiriéndose al partido de Saddam Hussein, que se mantuvo tres décadas en el poder integrándose brutalmente en posiciones de control de cualquier aspecto de la vida diaria.
También se habló de la necesidad de "purgar" Irak de los miembros del partido Baath. Pero pese a todos los paralelismos históricos, reconstruir Irak podría resultar más difícil que la transformación de Alemania después de Hitler. El Baath estuvo en el poder desde 1968, lo que significa que la mayor parte de los iraquíes no conoce un sistema alternativo; excepto quizá un régimen islámico fundamentalista que sería incluso más odioso para la comunidad internacional. Kanan Mikaya, influyente exiliado iraquí con excelentes contactos con la administración estadounidense, sostiene que incluso él y sus colegas del exilio tendrán problemas para convencer al pueblo. Ethan Bonner, una vieja mano de Cercano Oriente en el "New York Times", cree que para imaginar Irak después de Saddam hay que pensar como un iraquí. Concluye su columna escribiendo que muchos en el país y en todo el mundo árabe tienen propensión a desarrollar un culto a la personalidad de sus líderes. No tienen ningún concepto de libertad política, ninguna idea de régimen alternativo y ninguna tradición de servicio público, argumenta Bonner. "Esto no quiere decir que los iraquíes no quieran vivir un día en una sociedad honesta, decente y libre. Pero tienden a malinterpretar un plan semejante", indicó.
Estados Unidos, entonces, tiene que dar pasos concretos para evitar una situación semejante. (DPA)
También se habló de la necesidad de "purgar" Irak de los miembros del partido Baath. Pero pese a todos los paralelismos históricos, reconstruir Irak podría resultar más difícil que la transformación de Alemania después de Hitler. El Baath estuvo en el poder desde 1968, lo que significa que la mayor parte de los iraquíes no conoce un sistema alternativo; excepto quizá un régimen islámico fundamentalista que sería incluso más odioso para la comunidad internacional. Kanan Mikaya, influyente exiliado iraquí con excelentes contactos con la administración estadounidense, sostiene que incluso él y sus colegas del exilio tendrán problemas para convencer al pueblo. Ethan Bonner, una vieja mano de Cercano Oriente en el "New York Times", cree que para imaginar Irak después de Saddam hay que pensar como un iraquí. Concluye su columna escribiendo que muchos en el país y en todo el mundo árabe tienen propensión a desarrollar un culto a la personalidad de sus líderes. No tienen ningún concepto de libertad política, ninguna idea de régimen alternativo y ninguna tradición de servicio público, argumenta Bonner. "Esto no quiere decir que los iraquíes no quieran vivir un día en una sociedad honesta, decente y libre. Pero tienden a malinterpretar un plan semejante", indicó.
Estados Unidos, entonces, tiene que dar pasos concretos para evitar una situación semejante. (DPA)







