El repartía drogas en su auto; ella las vendía en su casa

Dos hermanos fueron arrestados ayer a la tarde por la Digedrop en un barrio de Alderetes; tenían en su poder 180 porros y un arma.

ESPOSADOS. Los imputados tenían droga en su poder, según la Policía. LA GACETA/JORGE OLMOS SGROSSO
ESPOSADOS. Los imputados tenían droga en su poder, según la Policía. LA GACETA/JORGE OLMOS SGROSSO
07 Febrero 2010
El se dedicaba a la venta tipo delivery. Ella, desde su casa, distribuía la "mercadería" entre estudiantes y jóvenes del barrio 21 Viviendas. Era un próspero negocio, pero llegó a su fin. Ayer, los dos hermanos fueron detenidos por la Dirección General de Drogas Peligrosas (Digedrop), luego de tres allanamientos realizados en Alderetes. La Policía se incautó de 180 porros, un arma de fuego calibre 32 y otros elementos.

Aparentemente los hermanos se organizaban distribuyéndose el trabajo. "La Gorda", de 38 años, se dedicaba a la venta de la droga desde su casa, estableciendo una especie de "quiosco", según le a LA GACETA explicaron los investigadores. "El Negro", de 42, comercializaba la sustancia a domicilio. Para ello, se movilizaba en un automóvil Renault 19 rojo, que utilizaba para llegar hasta los alrededores del barrio: Banda del Río Salí, el Corte y Antena eran los más visitados por el hombre, según fuentes policiales.

Algunos vecinos relataron que, durante la madrugada, se escuchaban las negociaciones entre los dealers. "A veces había peleas entre los mismos compradores. Pero nunca pasó a mayores", contó una mujer, que optó por no revelar su identidad por temor a represalias.

Sedientos, un dogo blanco y un rottweiler negro atados con cadenas en sus cuellos, custodiaban la casa de los "transas" al momento del allanamiento. "La investigación comenzó en noviembre del año pasado; por suerte, el operativo se desarrolló con tranquilidad", explicó el subcomisario Miguel Francisco Juárez, que estuvo a cargo del operativo. Las detenciones fueron concretadas por los oficiales Jorge Nacuse, Jesús Carrizo, Exequiel Fernández y Ramón Racedo.

Cuando los policías iniciaron el procedimiento, no había rastros de "El Negro", que era el principal sospechoso. Pero luego de un interrogatorio a familiares y vecinos, descubrieron que el hombre estaba en las zona del Mercofrut, realizando compras para una de sus hermanas.

"Apenas nos enteramos, se mandó una comisión para que lo detuviera. No hubo resistencia por parte del hombre. Lo mismo sucedió con su hermana cuando entramos a su casa", comentó Juárez.

En la vivienda de "El Negro" se encontraron 135 porros, mientras que, en la de su hermana, había 45.

E., que vive en el barrio desde que se edificó, hace unos 14 años, se mostró muy consternado, ya que su vivienda fue una de las allanadas durante el procedimiento. "Entraron a mi casa varios policías y comenzaron a revisar todo. Yo no estaba, pero sí mi mujer y mis hijos. Todos lloraban por los nervios", contó un poco más tranquilo. "Yo trabajo todos los días para mantener a mi familia; no sé por qué ordenaron que entren aquí. Ahora, ¿quién le saca el mal trago a mi mujer?", preguntó indignado. "Yo no soy amigo de los detenidos; solamente nos saludábamos porque somos vecinos", añadió. Pese al mal trago, el hombre no fue ni detenido ni demorado por la Policía.

Pese al despliegue policial, en el barrio se respiraba un clima de tranquilidad. Sin prestarles mucha atención a los policías, algunas mujeres cosían, mientras que otros vecinos miraban cómo jugaban sus hijos o tomaban mate en la vereda de sus hogares. "Yo hago mi vida con mi familia. Nunca nos metimos con ellos. A pesar de que rara vez estamos en casa, por mi trabajo y el de mi marido, se veía que algo raro pasaba; pero uno por miedo prefiere no decir nada", comentó una vecina que prefirió no dar su nombre.

Modus operandi

Los habitantes del barrio contaron que la mayoría de los compradores de droga elegían la madrugada para realizar la operación. Pero lo que más les preocupaba era lo que ocurría durante el día, cuando adolescentes de distintas edades se acercaban para adquirir la mercancía; incluso, con sus uniformes escolares puestos.

Yanina, una vecina, comentó que el procedimiento se concretó en paz. "No hubo gritos ni ruidos raros cuando llegó la Policía", dijo. Además, agregó que las peleas entre los vecinos eran comunes, pero nunca pasaban de un insulto.

Una de las hermanas de los presuntos dealers, que reside en esa cuadra, aseguró que a los sospechosos los están incriminando. "Mi hermano no tiene nada que ver; ni siquiera estaba cuando llegaron los policías. Había ido al mercado para comprar las verduras que yo le había encargado", afirmó. Luego, señaló que el esposo de su hermana era el dueño de la droga. "Mi cuñado es quien anda en estas cosas", señaló la mujer.

Durante el procedimiento, la Policía secuestro la droga (en total, unos 200 gramos de marihuana). Además, en una de las casas encontraron una licuadora con restos de esa sustancia. También se incautaron de dos celulares, de $ 1.500 y de otros elementos.

Los sospechosos quedaron a disposición del juez federal Daniel Bejas. Esta semana prestarán declaración como imputados. La causa aún no tiene calificación, pero, según fuentes consultadas por LA GACETA, podría acusárselos de comercialización de estupefacientes.

Según fuentes policiales, hay varias filmaciones y tomas fotográficas que los incriminan. Ellos deberán rebatir estas acusaciones. La investigación fue supervisada por el comisario Fabián Salvatore, jefe de la Digedrop.

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