Sin política, no hay solución

El gobierno de Cristina atraviesa un nuevo tsunami político, pero lo hace sin el poder del que disfrutó tanto su marido. No alcanzó para remover a Redrado por teléfono. Por Ernesto Behrensen - Columnista de DyN.

Hernán Lorenzino y Amado Boudou protagonizaron un papelón cuando salieron a querer ganarle la carrera en los medios a Redrado y anunciaron que Griesa había levantado el embargo, pero no lo había hecho. Hernán Lorenzino y Amado Boudou protagonizaron un papelón cuando salieron a querer ganarle la carrera en los medios a Redrado y anunciaron que Griesa había levantado el embargo, pero no lo había hecho.
17 Enero 2010
BUENOS AIRES.- Algo quedó claro en los últimos días: la política fue la gran ausente en la búsqueda de una solución a la crisis desencadenada por la remoción de Martín Redrado del Banco Central y el intento de pagar deuda con reservas a través de decretos de necesidad y urgencia. Se probaron muchos caminos y todos condujeron al mismo resultado: A 10 días de que explotó con el pedido de renuncia a Redrado, la crisis lejos está de tener un desenlace.

La administración de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, está atravesando un nuevo tsunami político pero, a diferencia de otras oportunidades, esta vez lo hace sin el poder del que disfrutó tanto su marido como ella misma en su primer año de gestión.

Los funcionarios nacionales siguen utilizando un discurso de ataque permanente que, en otras épocas, les dio resultados. Pero hoy queda al borde del surrealismo: Redrado es un okupa y mostró su verdadera personalidad y sus ambiciones personales. La oposición, con Cobos "Iscariote" a la cabeza, son conspiradores. Los medios de comunicación, golpistas. Los jueces que fallan contra el gobierno son delivery o embargadores seriales. En definitiva, existe una confabulación universal y una formidable maniobra política para desestabilizar a una administración que lo único que hace es velar por los intereses del pueblo.

Martín Redrado, cuya permanencia en el cargo es insostenible hasta para la oposición, alimenta la hoguera con fuego propio: "ellos creen que me matan y yo creo que se suicidan".

La realidad, como siempre, no está en los extremos.

En el Gobierno nacional se confiaron en que no pasaría nada con la creación del Fondo del Bicentenario por decreto de necesidad y urgencia. El antecedente del pago al FMI con menos reservas que las actuales los envalentonó. También pensaron que alcanzaría para remover a Redrado con un pedido telefónico. Lo que no imaginaron es que se iba a configurar un escenario complejísimo con aristas judiciales, políticas, económicas e internacionales. Todo ello originado en la desprolijidad en el manejo de la cosa pública.

Quedó demostrado con las declaraciones oficiales que justificaban el uso de reservas para pagar deuda que abrió el camino a los fondos buitre para reclamar un embargo a la cuenta del BCRA en Nueva York. En los fundamentos se basaron, precisamente, en esos argumentos oficiales.

También con el fallido anuncio del levantamiento del embargo que pesaba sobre la cuenta del BCRA en Nueva York que protagonizó el secretario de Finanzas Hernán Lorenzino. El afán por ganarle hasta en los medios de comunicación a Redrado llevó a ese funcionario a protagonizar un papelón. El embargo, finalmente, se levantó un día después y resultó cómico ver la carrera entre el ministro Amado Boudou y Redrado por salir primeros en los canales y las radios para anunciar la buena noticia. Apenas pequeños consuelos en el marco de una crisis mucho más grande.

Se considera conspiración y maniobras políticas a los pedidos de debate parlamentario y a los fallos judiciales adversos (tanto nacionales como foráneos).

Sin embargo, se niega sistemáticamente a debatir, dialogar y buscar consensos que la nueva realidad política impone.

¿Por qué no llamar a sesiones extraordinarias y poner fin a este conflicto? ¿O acaso el tema no amerita la participación rápida del Congreso? El oficialismo demostró que cuando quiere convoca a los legisladores a sesionar en forma maratónica y en cualquier día.

Es la nueva realidad surgida de la derrota electoral del 28 de junio del año pasado lo que, probablemente, haya intentado evitar la Presidenta al no acceder a convocar a extraordinarias.

El 1 de marzo, sin embargo, el Congreso de la Nación comenzará a funcionar y no podrá eludirse esa nueva realidad.

Pobre desempeño

La oposición, a su vez, está intentando sacar provecho de esta crisis, pero muestra un pobre desempeño. Ya surgieron diferencias que no hacen más que debilitar su rol. La denuncia de Elisa Carrió de la existencia de un pacto entre radicales y oficialismo abrió una grieta importante. También fue Carrió la que pidió cordura a la hora de reclamar autoconvocatoria del Congreso sin sumar, primero, las fuerzas propias.

La soberbia y la prepotencia, tanto oficial como opositora, dejan en ridículo a quienes la practican cuando estos no tienen el respaldo suficiente para darse el lujo de tener esas actitudes.

El Gobierno nacional no puede pretender seguir con las prácticas utilizadas hasta ahora, como si el 28 de junio no hubiera ocurrido.

En la oposición no deberían actuar como si fueran gobierno, sobre todo cuando no pueden mostrar una postura unificada y no ofrecen propuestas alternativas.

La situación llegó a tal punto que un juez extranjero, como Thomas Griesa, tiene que dirimir lo que, por ley, está establecido en la Argentina: que el Banco Central es autónomo del gobierno de turno y que no actúa por cuenta de la Tesorería.

Los errores se acumulan y trascienden las fronteras nacionales. Y cada vez es más costoso salir de los laberintos que se construyen a partir de decisiones polémicas.

El final de esta crisis tiene, hoy, un final incierto y abierto a cualquier posibilidad. Sólo el arte de la política, utilizado responsablemente, pondrá un punto final a esta confrontación. La cuestión es si la dirigencia estará a la altura de las circunstancias o si primarán los intereses personales por sobre los generales.

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