La acusada de estrangular a su hijastra dijo que es inocente

La mujer declaró el viernes en Concepción, tras haber sido detenida el 6 de enero.

DOLOR. José y Oscar Lugones, abuelo y padre de la pequeña Luciana. LA GACETA  / ANTONIO FERRONI
DOLOR. José y Oscar Lugones, abuelo y padre de la pequeña Luciana. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
17 Enero 2010
"No la maté. Cuando fui a levantarla para que desayune, ella no se despertaba. No tengo nada que ver". Mónica Pereyra declaró finalmente ante la fiscala del Centro Judicial Concepción, Cecilia Tasquer y negó ser la autora del asesinato de Luciana Lugones.
La madrastra de la menor sostuvo que la niña no reaccionaba. Pereyra había solicitado una prórroga para declarar hasta tener un defensor propio. El viernes le pidió a la fiscala dar su versión, ya con un letrado de su confianza, y repitió casi las mismas palabras desde la muerte de Luciana: "la nena no se despertaba".
La menor de siete años fue asesinada el 5 de enero. Su padre, Oscar Lugones, se levantó para ir a trabajar y antes de partir le dio un beso a su hija, que estaba despierta. Luego, una llamada de su suegro le advirtió que la niña no estaba bien. Lugones, que trabaja en una finca que cosecha arándanos, volvió inmediatamente a su casa y se encontró con una de sus hermanas y con Pereyra, su pareja. Los tres llevaron a la niña al hospital de Monteros, pero cuando llegaron los médicos no pudieron hacer nada. Luciana ya había fallecido.

La autopsia

El médico de la Policía Camilo López Vinet notó marcas púrpuras en el cuello de la víctima y solicitó que se practicara una autopsia. Los forenses fueron contundentes: había sido estrangulada. Ante esto, el padre y la madrastra de la nena fueron detenidos. Lugones fue interrogado el 7 de enero por Tasquer y relató que cuando el se marchó de la casa, Luciana estaba con vida. La declaración del hombre fue coherente con la versión que había sostenido desde la muerte de su hija y fue respaldada por las declaraciones de personal de la finca y familiares.
A pedido de la fiscala, el juez de Feria Raúl Fermoselle decretó la detención de la mujer y el cese de la aprehensión de Lugones, que recuperó la libertad al día siguiente de declarar.
La Justicia deberá analizar ahora los testimonios de Pereyra y Lugones, como así también las declaraciones tomadas a los médicos forenses que intervinieron y a distintos vecinos. Los forenses habían afirmado que la pequeña había intentado defenderse ya que presentaba algunas marcas en los brazos. Además examinaran los elementos que habían sido hallados como prueba de la casa de Luciana. Los oficiales secuestraron sábanas, cabellos y la ropa de la niña, que fueran sometidas a pericias. En la habitación donde dormía la pequeña había un cuaderno del colegio en el que, según trascendió, la nena había escrito que no quería a la pareja de su padre ya que la maltrataba, "No es buena conmigo", se leía en una de las hojas, y en otras cuenta que había sido golpeada. Con esos datos en la mano, la fiscalía deberá merituar la situación de Pereyra y solicitar hasta el viernes que la mujer quede detenida en calidad de imputada del delito de asesinato o, de lo contrario, que se ordene su liberación.
La familia Lugones acusa a Pereyra de ser la asesina. De acuerdo a los que expresaron, Luciana y su madrastra tenían una pésima relación. "Ella me contaba que no quería a la mujer de su papá, que la maltrataba", contó a LA GACETA Verónica Vilugron, madre de la menor.

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