Tribulaciones de un Gobierno descolocado
El kirchnerismo no admite otarios. Lo sabe ahora el alperovichismo, que pagó con esa moneda -Pacto Social mediante- a Amaya. Por Alvaro Aurane - Editor de Política.
16 Enero 2010 Seguir en 
El alperovichismo arrancó descolocado 2010. El propio kirchnerismo desacomodó a José Alperovich. Intempestivamente, Néstor Kirchner nominó al tucumano como probable presidenciable, en un pelotón en el que también fueron mencionados el bonaerense Daniel Scioli, el sanjuanino José Luis Gioja, el chaqueño Jorge Capitanich y el salteño Juan Manuel Urtubey.
La precandidatura llegó cuando el gobernador local menos lo esperaba. O menos lo quería. O menos le convenía. Nunca se sabe de qué tendrá ganas de hablar Alperovich, pero hace meses que deja en claro que no quiere decir ni una palabra de 2011.
Ahora bien, en la Casa de Gobierno nunca están seguros sobre cuánto llega a preocuparle al mandatario quedar expuesto en la vidriera nacional. Si bien los pragmáticos del PJ asumen que aparecer como presidenciable a más de un año de los comicios equivale a ser un muñeco para el "tiro al blanco" (deporte favorito de la canibalesca política nacional), los "intimistas" del alperovichismo tienen otra opinión. Ellos confiesan que a "José" le encanta que se diga que 2011 le depara un futuro federal. Un porvenir tan rosado como la Casa Rosada.
Lo que sí preocupó es que haya sido el pingüino mayor el que habló. En rigor, barajan que Kirchner sólo puede andar rezando semejante rosario de gobernadores por la prensa para transmitir un mensaje. Concretamente: que se dejen de hacer los otarios.
En el orden nacional, el kirchnerismo se apresta a celebrar el bicentenario de la Revolución de Mayo con una serie de batallas políticas de dudosa institucionalidad. Por ello demanda que los gobernantes a los que mejor trata sean los primeros soldados de la causa. Y si incinerarse es el precio, habrá que incinerarse.
Eso sí, ley pareja no es rigurosa. "La Provincia no podrá negarse a recibir en pago de sus créditos, los títulos con los que ella pague sus deudas", dice el artículo 16 de la Constitución alperovichista de 2006. De la misma manera, el mandatario provincial no puede renegar de que la pingüinera le pague a él con la misma moneda con que él paga a sus subordinados en la provincia. Aunque poner la cara, en esta coyuntura, equivalga a que salió "cruz".
El "efecto dominó"
La condición de "presidenciabilidad" que le han concedido a Alperovich pone en ebullición las tribulaciones que se barruntan por estos días en la Casa de Gobierno. ¿Conviene ser el referente del kirchnerismo? Si le ofrecen ir de candidato a Presidente es una cosa, ¿pero y si le ofrecen la vicepresidencia? ¿No será mejor quedarse y buscar una tercera gobernación consecutiva? ¿La Justicia convalidará el artículo 159 de la Carta Magna o frustrará la recontra-reelección? Si se diese la posibilidad del tercer mandato, ¿gobernar 12 años consecutivos no es, en sí mismo, la despedida para siempre de la Casa de Gobierno? ¿No convendrá irse el 28 de octubre de 2011, tomar una pausa de un período, y volver en 2015 por otros ocho años? ¿Tendrá ganas Alperovich, después de los 60, de volver a ser gobernador de Tucumán?
Todas esas disquisiciones se anudan en una sola cuestión oficialista: si no hay "Alperovich 2011", ¿quién será el sucesor?
La respuesta, por estos días, tiene dos nombres. Aparentemente, el gobernador querría que al sillón de Lucas Córdoba lo ocupe su actual vicegobernador: Juan Manzur (de licencia en Tucumán para desempeñarse como ministro de Salud de la Nación). Pero, presuntamente, las encuestas dicen que el intendente capitalino, Domingo Amaya, es por estos días un mejor postulante.
De allí surge, por estas horas, otra pregunta quemante. Alperovich, ¿será el "gran elector" o no?
El mandatario está preparando el terreno para dar una respuesta. El abono que usó en enero se llama "Pacto Social".
El Gobierno no ha podido explicar las asimetrías que decretó. Dispuso que a las 12 municipalidades del interior que le entregan la coparticipación a a cambio de que les garanticen el pago de sueldos, les dará un aumento promedio del 19% respecto de las partidas pautadas en el Pacto Social 2009. En cambio, la suba de esos recursos será sólo del 9% para San Miguel de Tucumán.
En el Ejecutivo han jurado y perjurado que nada le faltara a ninguna administración, pero eso no explica que Amaya deba comenzar el año con una desventaja del 10% en el incremento de fondos salariales, en comparación con las otras administraciones "pactistas".
Esto equivale, sin más, a que la Capital dispondrá de menos recursos provinciales para trabajos comunitarios. El mezquino incremento que le dieron (bastante lejano de la inflación real de 2009) le otorga menos margen para absorber los aumentos salariales de este año, como los que se negociarán en marzo. En consecuencia, tendrá que apelar a una porción mayor del dinero que le asignaron del Fondo Fiduciario para Obras Públicas, a fin de cubrir el pago de los haberes.
Con independencia de la crisis de fines de 2009, cuando el diputado Germán Alfaro criticó cáusticamente al Gobierno provincial y se alejó formalmente de la intendencia, lo cierto es que el alperovichismo no da margen para el crecimiento de nadie que no sea el gobernador. Y el propio amayismo también demuestra funcionar con ese combustible de desconfianzas. Para el caso, al titular del Concejo Deliberante, Ramón Cano, no le habilitaron el despacho del jefe municipal para que ejerza su interinato.
El concejal, a su vez, decidió supervisar personalmente la sesión en que se convalidó el Pacto Social 2010. En ella, los ediles peronistas que estaban en las bancas pidieron que la votación fuera nominal para que quedase registrado que Esteban Dumit (responde al diputado Gerónimo Vargas Aignasse) no votó el convenio. La cuestión no es menor: en el peronismo, para todos los compañeros se aplica la ley. Pero a los más compañeros se les otorgan los beneficios de la ley.
Claro está, esto no es un ejemplo ni nada tiene que ver con que, luego, haya punteros que piden al titular de un plan social que, a cambio del beneficio, le "respondan" dándole una "parte".
La soga y el ahorcado
El escándalo de las extorsiones a cooperativistas del programa "Argentina Trabaja" fue uno de los factores internos que descolocaron al Gobierno. El discurso políticamente correcto -y por momentos casi desafiante- de que debía denunciarse a los que pidieran dinero a los beneficiarios devino realidad descarnada.
No fue la única declaración pública del mandatario que terminó desubicando a su entorno. En la semana del "desacomodamiento", Alperovich, sorpresivamente, objetó los valores del vicepresidente, Julio Cobos. Lo llamó "traidor", en lo que pareció ser una señal de fidelidad y pertenencia al mismo kirchnerismo que, sin previo aviso, lo mandó al paredón de los presidenciables.
Pero el mandatario sorprendió con sus argumentos contra el presidente del Senado. "Primero, le falla al radicalismo y se va con el PJ", dijo el ex legislador que entre 1995 y 1999 representó al centenario partido en la Cámara.
La similitud cobró otro cariz cuando el gobernador completó la frase. "Ahora está con el Gobierno y le falla a la Presidenta. Cuando una persona traiciona una vez, va a traicionar siempre", espetó. Y fueron varios los que tocaron madera.
Ante el tembladeral, el mandatario tucumano, que exige a sus colaboradores tomar pocos días de descanso, acaba de salir de vacaciones por segunda vez en 30 días. Dentro y fuera de la Casa de Gobierno, no son pocos los que aseguran que, en lo que va de 2010, es la decisión más acertada que se le vio tomar.
La precandidatura llegó cuando el gobernador local menos lo esperaba. O menos lo quería. O menos le convenía. Nunca se sabe de qué tendrá ganas de hablar Alperovich, pero hace meses que deja en claro que no quiere decir ni una palabra de 2011.
Ahora bien, en la Casa de Gobierno nunca están seguros sobre cuánto llega a preocuparle al mandatario quedar expuesto en la vidriera nacional. Si bien los pragmáticos del PJ asumen que aparecer como presidenciable a más de un año de los comicios equivale a ser un muñeco para el "tiro al blanco" (deporte favorito de la canibalesca política nacional), los "intimistas" del alperovichismo tienen otra opinión. Ellos confiesan que a "José" le encanta que se diga que 2011 le depara un futuro federal. Un porvenir tan rosado como la Casa Rosada.
Lo que sí preocupó es que haya sido el pingüino mayor el que habló. En rigor, barajan que Kirchner sólo puede andar rezando semejante rosario de gobernadores por la prensa para transmitir un mensaje. Concretamente: que se dejen de hacer los otarios.
En el orden nacional, el kirchnerismo se apresta a celebrar el bicentenario de la Revolución de Mayo con una serie de batallas políticas de dudosa institucionalidad. Por ello demanda que los gobernantes a los que mejor trata sean los primeros soldados de la causa. Y si incinerarse es el precio, habrá que incinerarse.
Eso sí, ley pareja no es rigurosa. "La Provincia no podrá negarse a recibir en pago de sus créditos, los títulos con los que ella pague sus deudas", dice el artículo 16 de la Constitución alperovichista de 2006. De la misma manera, el mandatario provincial no puede renegar de que la pingüinera le pague a él con la misma moneda con que él paga a sus subordinados en la provincia. Aunque poner la cara, en esta coyuntura, equivalga a que salió "cruz".
El "efecto dominó"
La condición de "presidenciabilidad" que le han concedido a Alperovich pone en ebullición las tribulaciones que se barruntan por estos días en la Casa de Gobierno. ¿Conviene ser el referente del kirchnerismo? Si le ofrecen ir de candidato a Presidente es una cosa, ¿pero y si le ofrecen la vicepresidencia? ¿No será mejor quedarse y buscar una tercera gobernación consecutiva? ¿La Justicia convalidará el artículo 159 de la Carta Magna o frustrará la recontra-reelección? Si se diese la posibilidad del tercer mandato, ¿gobernar 12 años consecutivos no es, en sí mismo, la despedida para siempre de la Casa de Gobierno? ¿No convendrá irse el 28 de octubre de 2011, tomar una pausa de un período, y volver en 2015 por otros ocho años? ¿Tendrá ganas Alperovich, después de los 60, de volver a ser gobernador de Tucumán?
Todas esas disquisiciones se anudan en una sola cuestión oficialista: si no hay "Alperovich 2011", ¿quién será el sucesor?
La respuesta, por estos días, tiene dos nombres. Aparentemente, el gobernador querría que al sillón de Lucas Córdoba lo ocupe su actual vicegobernador: Juan Manzur (de licencia en Tucumán para desempeñarse como ministro de Salud de la Nación). Pero, presuntamente, las encuestas dicen que el intendente capitalino, Domingo Amaya, es por estos días un mejor postulante.
De allí surge, por estas horas, otra pregunta quemante. Alperovich, ¿será el "gran elector" o no?
El mandatario está preparando el terreno para dar una respuesta. El abono que usó en enero se llama "Pacto Social".
El Gobierno no ha podido explicar las asimetrías que decretó. Dispuso que a las 12 municipalidades del interior que le entregan la coparticipación a a cambio de que les garanticen el pago de sueldos, les dará un aumento promedio del 19% respecto de las partidas pautadas en el Pacto Social 2009. En cambio, la suba de esos recursos será sólo del 9% para San Miguel de Tucumán.
En el Ejecutivo han jurado y perjurado que nada le faltara a ninguna administración, pero eso no explica que Amaya deba comenzar el año con una desventaja del 10% en el incremento de fondos salariales, en comparación con las otras administraciones "pactistas".
Esto equivale, sin más, a que la Capital dispondrá de menos recursos provinciales para trabajos comunitarios. El mezquino incremento que le dieron (bastante lejano de la inflación real de 2009) le otorga menos margen para absorber los aumentos salariales de este año, como los que se negociarán en marzo. En consecuencia, tendrá que apelar a una porción mayor del dinero que le asignaron del Fondo Fiduciario para Obras Públicas, a fin de cubrir el pago de los haberes.
Con independencia de la crisis de fines de 2009, cuando el diputado Germán Alfaro criticó cáusticamente al Gobierno provincial y se alejó formalmente de la intendencia, lo cierto es que el alperovichismo no da margen para el crecimiento de nadie que no sea el gobernador. Y el propio amayismo también demuestra funcionar con ese combustible de desconfianzas. Para el caso, al titular del Concejo Deliberante, Ramón Cano, no le habilitaron el despacho del jefe municipal para que ejerza su interinato.
El concejal, a su vez, decidió supervisar personalmente la sesión en que se convalidó el Pacto Social 2010. En ella, los ediles peronistas que estaban en las bancas pidieron que la votación fuera nominal para que quedase registrado que Esteban Dumit (responde al diputado Gerónimo Vargas Aignasse) no votó el convenio. La cuestión no es menor: en el peronismo, para todos los compañeros se aplica la ley. Pero a los más compañeros se les otorgan los beneficios de la ley.
Claro está, esto no es un ejemplo ni nada tiene que ver con que, luego, haya punteros que piden al titular de un plan social que, a cambio del beneficio, le "respondan" dándole una "parte".
La soga y el ahorcado
El escándalo de las extorsiones a cooperativistas del programa "Argentina Trabaja" fue uno de los factores internos que descolocaron al Gobierno. El discurso políticamente correcto -y por momentos casi desafiante- de que debía denunciarse a los que pidieran dinero a los beneficiarios devino realidad descarnada.
No fue la única declaración pública del mandatario que terminó desubicando a su entorno. En la semana del "desacomodamiento", Alperovich, sorpresivamente, objetó los valores del vicepresidente, Julio Cobos. Lo llamó "traidor", en lo que pareció ser una señal de fidelidad y pertenencia al mismo kirchnerismo que, sin previo aviso, lo mandó al paredón de los presidenciables.
Pero el mandatario sorprendió con sus argumentos contra el presidente del Senado. "Primero, le falla al radicalismo y se va con el PJ", dijo el ex legislador que entre 1995 y 1999 representó al centenario partido en la Cámara.
La similitud cobró otro cariz cuando el gobernador completó la frase. "Ahora está con el Gobierno y le falla a la Presidenta. Cuando una persona traiciona una vez, va a traicionar siempre", espetó. Y fueron varios los que tocaron madera.
Ante el tembladeral, el mandatario tucumano, que exige a sus colaboradores tomar pocos días de descanso, acaba de salir de vacaciones por segunda vez en 30 días. Dentro y fuera de la Casa de Gobierno, no son pocos los que aseguran que, en lo que va de 2010, es la decisión más acertada que se le vio tomar.
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