Los abusos contra el consumidor

16 Enero 2010
Hay expresiones populares que describen muy bien la picardía que suele caracterizar a los argentinos. "Quiere hacerse el agosto" o "se quiere salvar conmigo" son frases que se refieren a abusar del prójimo. En época de vacaciones, los precios de casi todas las cosas sufren un incremento llamativo, cuando no hay razón para que ello suceda en la mayoría de los casos.

Pero también suele suceder que estos excesos se registran a lo largo del año y ensucian la imagen de la provincia. En nuestra edición de ayer, una lectora denunciaba que, regresando a Tucumán por vía aérea, debía dirigirse al barrio Piedrabuena para dejar a su madre y en el aeropuerto tomó un taxi. El chofer le dijo que el importe hasta ese lugar era de $ 30. "Una semana antes, con mi familia habíamos ido en taxi hasta el aeropuerto desde Yerba Buena y el viaje nos había costado $ 35 (son aproximadamente 12 kilómetros tal vez más), en el acto nos bajamos, no sin antes hacerle conocer esta situación. El taxista alegó que él nos cobraba la tarifa mínima (¿$ 30?). Acto seguido tomamos un taxi que dejó un pasajero (es decir no de los que habitualmente trabajan en el aeropuerto) y nos llevó al domicilio de mi madre por $ 15,80", señala la carta.

No es la primera vez que se denuncia esta situación abusiva en el servicio de taxis del aeropuerto Benjamín Matienzo. Lo penoso es que se trata de una de las puertas de acceso a la provincia y ya en la entrada, la persona que arriba se lleva una pésima impresión. Estas prácticas, que afortunadamente no son generalizadas, también se llevan a cabo en las madrugadas de cada 25 de diciembre o 1 de enero y en este caso, las víctimas son los mismos comprovincianos.

En los últimos años, el Ente de Turismo dicta cursos a los taxistas -el último fue en noviembre pasado- sobre cómo tratar a los turistas porque se considera que ellos son muy importantes en la imagen que el visitante se llevará de nosotros. Si este ha sido engañado o víctima de un abuso, seguramente no regresará más a Tucumán.

Sería positivo que el curso fuese obligatorio, en especial, para aquellos que se instalan diariamente en el aeropuerto y en la terminal de ómnibus. Por otro lado, debería existir un control o un lugar donde el viajero pudiera denunciar el abuso y aplicar una sanción al chofer o al propietario del vehículo.

Otro tanto sucede con las denuncias por exceso de precios en los Valles o en El Cadillal. Algunos comerciantes no terminan de aprender que se ahuyenta al visitante con esa actitud. Los argumentos del flete que suelen usarse para justificar la suba de precios en algunas mercancías son poco convincentes. El martes pasado, un lector señalaba en una carta: "Este fin de semana fui de camping con mi familia al dique El Cadillal. Si bien pasamos dos hermosas jornadas, nos llevamos una imagen negativa de los comerciantes de la zona, que se aprovechan de los turistas cobrando precios excesivos que en algunos casos superan el 100 % de su valor en la capital. Por ejemplo, una gaseosa tucumana de dos litros y medio que en cualquier almacén de barrio cuesta entre $ 3 y $ 3.50, allí la cobran $ 6.50. Y esto es sólo un botón de muestra ya que la lista de abusos es mucho más larga. Flaco favor le hacen estos comerciantes a la imagen turística de Tucumán".

Tal vez el Ente de Turismo y la Dirección de Comercio deberían realizar curso o talleres permanentes para educar no sólo a los taxistas, sino también a los comerciantes acerca de la importancia de tratar bien al visitante y de que este se lleve una buena imagen de nuestra hospitalidad. Incrementar los precios para abusarse del visitante significa "pan para hoy, hambre para mañana". Sólo con educación se puede construir el futuro.

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