El paisaje de enero en Tucumán es un indicador perfecto de aquello que los estudiosos de las cuestiones de género han dado en llamar como "feminización de la pobreza". Diez días atrás, cuando la primera gran tormenta de 2010, la crónica de los impactos del temporal registró que la mayoría de los pocos evacuados eran jóvenes madres con sus hijos; o chicos solos, que eran enviados por sus mamás a los lugares de evacuación, mientras ellas se quedaban en sus viviendas, protegiendo sus escasos bienes de los amigos de lo ajeno. Lo que la crónica mostró refleja lo que las estadísticas exhiben desde hace casi una década para toda Latinoamérica: en esta parte del continente, 30 de cada 100 hogares son administrados por mujeres.
Otra postal se suscitó a partir del programa "Argentina trabaja". Fue una mujer, Verónica Pedernera, la que salió a denunciar la existencia de punteros que le cobraban "comisiones" a cambio de la suscripción al plan. Del otro lado, fueron también mujeres las que salieron en defensa de los punteros denunciados, que en esa oportunidad fueron dos varones, los hermanos Quiroga, y una mujer, Amelia Herrera, de Banda del Río Salí. En la misma semana, en el seguimiento que LA GACETA encaró sobre el programa por el cual 12.000 personas se asociaron en 250 cooperativas de trabajo, otras mujeres destacaban la importancia de tener un empleo, en un mundo en el que las perspectivas de empleo formal son lejanas para los sectores que menos acceso han tenido a la educación. Sin embargo, en algunos testimonios se coló el toque de género. "Nos enseñan albañilería, me hubiera gustado que me capacitaran en bordado", reclamó una de las mujeres entrevistadas, tal vez sin recordar que el objeto de las cooperativas de "Argentina trabaja" son los servicios y obras públicas, y no la producción.
Otra postal de enero: a comienzos de este mes, LA GACETA publicó que en 2009 la Digedrop detuvo a 60 mujeres por causas vinculadas con drogas ilegales: casi un 30 % más que las detenidas por las mismas causas un año atrás. Como contrarreflejo, 2009 fue, también, el año en el que muchas otras mujeres de barrios vulnerables de Tucumán se asociaron en la lucha contra las drogas que matan a sus hijos. Guste o no, la venta de drogas ilegales se ha convertido en algunas zonas de Tucumán en una economía familiar en la que intervienen madres, hijas y abuelas.
Qué queda después
La irrupción del programa "Argentina trabaja" ha generado tanto defensores como detractores. Lejos de esas posiciones- se entiende que la generación de fuentes de empleo no puede ser cuestionada- cabe por lo menos esta pregunta: ¿por qué no se han implementado cooperativas de producción, que son, por lo general, las que garantizan sostenibilidad en el tiempo? A lo largo y a lo ancho de América Latina hay numerosas experiencias de cooperativas -en particular integradas por mujeres- que han nacido como tales con el apoyo de sus respectivos gobiernos, y, en gran parte, con financiamiento de organismos multilaterales. La mayoría de esas experiencias han sobrevivido en el tiempo, ajenas a los avatares políticos de sus respectivos países y a la tentación de las prácticas clientelares. En muchos casos, las cooperativistas no sólo desarrollan determinados productos, sino que -y esto es central- se hacen cargo de la comercialización y distribución del producto en cuestión. A esta columnista le viene a la memoria el caso de "Artecampo", una asociación de 1.200 mujeres de las más diversas etnias que en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, ofrecen desde hace 30 años las bellas artesanías del Oriente boliviano. Quien se dé una vuelta por Santa Cruz no puede dejar de visitar la casita de Artecampo (también exponen sus productos en el aeropuerto de Viru Viru) donde cierra a la perfección la ecuación "creatividad + trabajo + orgullo".
Experiencias similares se encuentran en Colombia, un país con vasta tradición en materia de mujeres tejedoras (desde la fibra vegetal llamada iraca con la que se confeccionan los tradicionales sombreros panamá hasta los chales de seda que resultan al final del camino de la cría y producción del gusano de seda). También aquí, la mujer es protagonista en cada uno y todos los pasos de la cadena productiva. En todos los ejemplos que se han destacado en esta columna (y en miles más, entre los cualestambién hay experiencias argentinas) han sido centrales los procesos de capacitación y de educación -tanto formal como informal, que les están dando a las mujeres- que ya constituyen la posibilidad de insertarse con rasgos propios en el circuito de la economía "limpia" .







