En el ejercicio de cualquier ocupación, oficio o profesión se van generando expresiones que, a la larga, se convierten casi en un idioma propio, cuyo dominio se logra sólo con el paso de los años. El teatro es un terreno más que fértil para acuñar esta especie de argot o jerga y para cargar con un significado especial a ciertos términos o frases que, lejos de los escenarios, tienen otro sentido.
En todos los teatros se aprende sin preguntar y se va incorporando naturalmente al habla cotidiana un conjunto de expresiones carentes de sentido para los que no participan directamente de la actividad.

"Calígula"
En 1972, ensayábamos "Calígula", de Albert Camus, en el teatro Universitario, bajo la dirección de Boyce Díaz Ulloque; "hacíamos mesa" (o sea, leíamos el libreto sentados alrededor de una mesa buscando los tonos adecuados para valorizar el texto) antes de empezar a "mover la pieza" (marcar los desplazamientos de los actores sobre el escenario). Para indicar que alguna palabra o un parlamento completo no debía leerse, Boyce solía decir: "a ese texto mandalo abajo" o "eso va abajo". Uno de los inexpertos actores (éramos varios en aquel elenco) leía indefectiblemente el parlamento eliminado cuando llegábamos al final de la página: había interpretado demasiado textualmente la indicación del director.

Ya en la fase de marcación de los movimientos sobre el escenario, Boyce trabajaba sobre la escena en la que los patricios conspiran para asesinar a Calígula.
Cesonia, la amante y confidente del César, sorprende a los conjurados en medio de una acalorada discusión; intimidados por la presencia de la mujer, los patricios abandonan el recinto.
Boyce marcó que lo hicieran mascullando imprecaciones y ahogadas amenazas contra Calígula, que debían ir subiendo el volumen a medida que se alejaban de Cesonia. En la primera repetición, los actores empezaron los murmullos y, en seguida, a levantar la voz, pero no salían del escenario; el director, entonces, quiso recordarles el movimiento marcado a los gritos: "mutis de los patricios, mutis de los patricios".
Algunos de los noveles intérpretes comprendieron la consigna y empezaron a salir de escena, pero uno de ellos, sumamente contrariado, se volvió hacia la platea y dijo: "pero al final, Boyce, ¿tenemos que hablar o nos callamos la boca?"






