Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos. Discusión o trato en busca de avenencia. Son dos de las definiciones que propone el Diccionario de la Real Academia Española sobre la palabra diálogo. Para Platón, el filósofo griego era tan importante en el individuo como en la sociedad que una de sus obras se denomina justamente "Diálogos". "La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma en torno al ser", sostenía. Lo cierto es que el diálogo y la comunicación ocupan lugares de privilegio en todo sistema democrático.
El diálogo civilizado es producto de una sociedad que ha alcanzado un cierto grado de madurez. En naciones consideradas conflictivas como las latinoamericanas por su tendencia al autoritarismo, reflejado en los numerosos golpes de Estado y dictaduras durante el siglo pasado, ha sido siempre más dificultoso, aunque hay países como Chile que han comenzado a superar paulatinamente la intolerancia que impide la buena comunicación. El lunes pasado, la ciudadanía trasandina siguió a través de la televisión pública el debate de los dos aspirantes a ocupar la presidencia, en vistas a la segunda vuelta electoral que tendrá lugar el domingo. De ese modo tuvo una mejor idea del perfil de ambos, así como de sus propuestas y fundamentalmente, de su capacidad de diálogo sin caer en la bajeza de los ataques y descalificaciones personales.
Es interesante recordar lo que cada uno de los adversarios opinó luego de la mesa redonda. El oficialista
Eduardo Frei señaló que el debate posibilitó a los chilenos comparar las diferencias y la visión de cada uno en temas como derechos humanos, cultura, economía y educación. Según el senador y ex presidente, el encuentro también representó una oportunidad para medir los "comportamientos que cada uno ha tenido en su vida pública". Por su parte, el opositor de derecha Sebastián Piñera consideró al encuentro como "un debate de ideas, propuestas, donde hubo coincidencias, discrepancias", que permitió a los chilenos "tener más información para el domingo cuando tengan que decidir el futuro del país". De acuerdo con los analistas, Frei no logró encontrarle puntos débiles a su adversario y perdió una buena posibilidad de remontar su desventaja en las encuestas. "Frei tenía mucho qué ganar y no ganó; Piñera, en cambio, favorecido por las encuestas, tenía mucho que perder y no perdió", señaló el diario "La Tercera". En el debate, Piñera dijo que Frei ya había tenido su oportunidad cuando gobernó Chile (1994-2000) y que no lo había hecho bien. Frei, por su parte, intentó vincular a su rival con el dictador Augusto Pinochet (1973-90).
Más allá de quién será el vencedor en los comicios del domingo en Chile, es importante que la ciudadanía pueda acceder a un debate político a través de la pantalla chica, donde se confronten propuestas. De esta práctica sanamente republicana casi nunca hemos gozado los argentinos porque nuestros representantes tal vez no han podido escapar aún de la intolerancia, de la soberbia. En esta actitud de rechazo a la discusión, se esconde quizás un miedo a confrontar, a quedar en ridículo.
Ello se refleja en los gobiernos que se caracterizan por la escasa o nula comunicación con la sociedad misma, o en cientos de representantes del pueblo que no saben hablar y por lo tanto, nunca se les escucha la voz en los recintos de los concejos deliberantes o legislaturas o en el Congreso de la Nación. Debería tal vez ser obligatoria la realización de debates públicos televisivos de los candidatos. De esa manera, estos se prepararían muy bien para no quedar mal parados ante los electores y la ciudadanía podría comparar a los candidatos y comprobar su capacidad para el diálogo.
14 Enero 2010 Seguir en 
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