Chau, Reyes
La tormenta del miércoles mostró que falta una política de suelos y de urbanización para los barrios más vulnerables de la Capital. Por Nora Lía Jabif - Editora de Cultura y Educación.
La impiadosa tormenta del miércoles dejó la postal de una provincia "desarbolada", con vecinos furiosos por los cortes de luz en todos lados y con anegamientos en aquellos barrios en los que, ante cada lluvia, sólo resta sentarse a esperar la inundación. Uno de esos barrios es el Alejandro Heredia, en el sureste de la ciudad, el mismo en el que Matías perdió la ojota en la que los Reyes debían dejarle el regalo del 6 de enero. Una tormenta suele ser el mejor reflejo de cómo funcionan las cosas en una ciudad, en lo que a infraestructura de servicios y de obras se refiere. Ayer, a la hora de las evaluaciones del "día después", los funcionarios de la ciudad de Tucumán evaluaron, con sorpresa, que la tormenta se ensañó sobre todo con el arbolado, pero que no hubo desbordes ni cantidades millonarias de evacuados como los ocurridos en la década pasada y hasta tres años atrás.
En la evaluación, tal vez porque no les compete en forma directa, casi soslayaron que más de 120.000 usuarios se quedaron sin luz, tanto en Yerba Buena como en Tafí Viejo o en la ciudad capital, en casas confortables de clase media o en las viviendas más humildes. En eso, fue una tormenta democrática, que les complicó la vida a todos por igual. Sin embargo, no todo es como parece, y en esta tormenta también hubo matices. En las sólidas casas de material sobre las que cayeron árboles, se desbordaron las cloacas o se cortó la luz, todo volvió, más lento de lo deseado y necesario, a lo más parecido a la normalidad. En los barrios como el Alejandro Heredia o el San Alberto de Tafí Viejo, donde la casa de Lidia quedó como una maqueta de casita de juguete después de que se le volaron las chapas del techo, las cosas nunca volverán a la normalidad, porque nacieron mal gestadas. Ayer, en la evaluación de los daños, funcionarios municipales reconocieron que faltan obras en las zonas más vulnerables, como las que están ubicadas en Jujuy al 4.000 y destacaron que las familias que hoy habitan esos barrios se instalaron en una zona desfavorable, ya que el terreno conforma una especie de olla. A su vez, agregaron que la Municipalidad aprobó para esos conglomerados un proyecto de desagües, que está en pleno proceso licitatorio. Las obras, según se anticipa, tendrán un costo estimado de... $ 10 millones. Si hace cuatro años el megaemprendimiento de Lomas de Tafí, con 4.400 viviendas planificadas, tuvo un costo de $550 millones, el remedio para los barrios del sureste de la Capital parece más caro que la enfermedad. En otras palabras, dicho a esta columnista por un urbanista que conoce el tema, pero que pide el anonimato, la obra que requieren esos barrios es, efectivamente, "carísima", y resultaría más barato trasladar a todos los habitantes de esos barrios, que comenzaron como asentamientos, a un barrio nuevo". El amigo urbanista no lo dice, pero vale la pena recordarlo: detrás de los asentamientos hay casi siempre un puntero o dirigente político, que lucra con la necesidad de vivienda de los sectores más vulnerables. El barrio Alejandro Heredia, afirma nuestro amigo urbanista, que tiene años de experiencia en la materia "vivienda popular", desnuda la gran deuda de los sucesivos gobiernos, incluido el de José Alperovich, en el tema. Si bien es cierto que para los sectores populares se han desarrollado numeros programas de mejoramiento de viviendas ya construidas, lo que ha quedado en evidencia es la falta de una política de suelo urbano, en particular para los sectores más vulnerables, que van dejando el campo y se asientan "donde pueden". Y ese "donde pueden" son, en el 100 % de los casos, terrenos bajos, como los del Alejandro Heredia, que han sido despreciados hasta por sus propios dueños. La premisa, en estos casos, es: "lo que no resuelve el Estado, lo resuelve, a su manera, el que se asienta". Y ya se conoce el final.
En estos casos, si el Estado no planifica la urbanización deseada, negociando los intereses de todos los sectores, no sólo pierde la ojota Matías, porque a la falta de infraestructura (desbordes por falta de cloacas y de desagües pluviales) lo paga toda la comunidad. A propósito, si esta tormenta fue más o menos piadosa, no se sabe qué es lo que vendrá de aquí en más, tanto para este verano como para el que viene. No hay que olvidar que para fines de 2010 está prevista la inauguración de una nueva etapa de Lomas de Tafí. El martes, el Canal Norte se portó "como una dama". En el verano de 2011, habrá que ver si tiene la capacidad para recibir el impacto de 3.000 nuevas viviendas. Esa será la hora de la verdad.







