El papel clave del mediador

El ámbito de equidistancia que ofreció el arzobispo posibilitó que haya diálogo entre las partes. Manzur evitó inmiscuirse en el conflicto y se preservó para el futuro. Un freno a los elementos más radicalizados. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

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Por Abrehu Carlos 29 Noviembre 2009
La atmósfera de tensión que envuelve el recambio  de representantes y la elección de autoridades en el Congreso no se repite en la provincia. Los Kirchner, aun reteniendo el control de la caja hasta 2011, se preocupan por atenuar el impacto institucional de la derrota electoral del 28 de junio, que hasta el 9 de diciembre podrán gambetear. Otro escenario se dibujará desde marzo de 2010, con choques políticos y vetos de la Casa Rosada.
 El ambiente sociopolítico se distendió con el arreglo del conflicto de la salud, en el que desempeñó un papel clave el mediador eclesiástico.  El arzobispo Luis Héctor Villalba ofreció un ámbito neutro para que los delegados del movimiento autoconvocado pudieran hablar con funcionarios empinados del Gobierno. De las dificultades y asperezas, da cuenta la confesión del líder religioso. Hemos rezado mucho, confesó Villalba, durante un homenaje que le ofreció ayer una fundación.
No dejó de ser llamativa la inacción de los legisladores del oficialismo, que durante otros administraciones peronistas solían oficiar de puentes con la Casa de Gobierno. En términos globales, todos ganaron algo y nadie perdió totalmente. Fue, en ese sentido, una negociación de suma positiva y la reivindicación del diálogo como herramienta de construcción ciudadana. En más de un aspecto apareció como la contracara del modelo de gestión alperovichista, basado en la aceptación rigurosa de la dirección verticalista del gobernador.
Una revisión cuidadosa revela que hubo algunos perdedores del lado gubernamental, con diferentes niveles de exposición, según su jerarquía.
La conducción de ATSA, en manos de René Ramírez, se vio desbordada por la rebelión de sus afiliados y afronta severos cuestionamientos internos. En el momento más duro de la huelga pidió la intervención policial  para que los hospitales permanecieran abiertos. Puso la cara por el Gobierno,en realidad.

Entre bambalinas
 El más expuesto a los cimbronazos fue el ministro de Salud, Pablo Yedlin, por ser la cara visible del poder. Su antecesor en el puesto y arquitecto de la política específica del Gobierno se las ingenió para que las esquirlas del reclamo no lo alcanzaran.
Juan Luis Manzur, ministro de Salud de la Nación, rehuyó cualquier contacto público, amparándose en la privacidad de sus esporádicos viajes a Tucumán y en el carácter comarcano del problema.  
Empero, su imagen se descascaró, a raíz de la innegable contigüidad política entre ambos, ya que formaron parte del equipo que regentea la política del ramo desde octubre de 2003. Yedlin absorbió estoicamente el castigo, preservando a Manzur, una pieza clave en los planes oficialistas del futuro.
José Alperovich marcó el ritmo desde su despacho y moderó su intransigencia para frenar el desgaste gubernamental y evitar un diciembre recalentado por las marchas callejeras. Al Gobierno le cayó muy mal la ocupación de la vía pública por importantes franjas de clase media y clase media alta. Tampoco se produjo una ruptura traumática en la relación entre pacientes de hospitales y profesionales de la salud.
 Fue una actitud prudente, en definitiva, tanto de parte del oficialismo, como de los referentes de la protesta, la de haber desactivado el diferendo. Estos últimos sofocaron las presiones de los más radicalizados ideológicamente.

Diques de contención
A la administración alperovichista le opusieron más obstáculos las reacciones de los movimientos sociales, que los partidos refractarios con la Casa de Gobierno y los sindicatos de empleados estatales. La  Legislatura jamás ofreció la más mínima resistencia a los proyectos del Poder Ejecutivo. Los diques de contención los construyó espontáneamente la sociedad.
Estas redes informales que constituyen los movimientos, compartieron creencias que discrepaban abiertamente con las políticas gubernamentales en distintos asuntos. Las marchas en defensa del patrimonio histórico, las acciones en contra de la resolución 125 que aplica retenciones a la exportación de soja, y la reciente protesta de la salud, así lo evidenciaron. Excepto la del agro, las otras consiguieron resultados.
Las organizaciones ruralistas tropezaron con la solidaria posición del alperovichismo con la Casa Rosada, que mantiene vivo el diferendo con la Mesa de Enlace Agropecuaria. El salto a la política de referentes ruralistas es el resultado de la maduración cívica de instituciones del campo. Juan Casañas, electo diputado nacional en la boleta del Acuerdo Cívico y Social, renovó su compromiso con la promoción de políticas alternativas a las del kirchnerismo. El referente ruralista, además, intervino activamente en las marchas de los autoconvocados de la salud.

El blindaje territorial
La integración de Casañas al bloque de diputados radicales coincide con la incipiente reconstitución de la UCR como alternativa de poder al matrimonio Kirchner. En el Senado, José Manuel Cano, que ya dejó la Legislatura, será la voz cantante de su partido en la comisión bicameral que sigue el uso de los recursos de la Anses, organismo que financia todos los emprendimientos del matrimonio K. Ocupará, además, la vicepresidencia de ese grupo legislativo.
El vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, crece en la consideración de sus correligionarios, que sueñan con un regreso a toda orquesta en los niveles cimeros de la política. Los pactos internos entre Cobos, Ernesto Sanz, Gerardo Morales, Angel Rozas y Ricardo Alfonsín contribuirían a sellar la unidad.
 En Tucumán, mientras tanto, existe consenso para relanzar el Acuerdo Cívico y Social en diciembre. Los distintos socios de la entente se han comprometido a blindar la experiencia tucumana de los encontronazos que protagonicen las principales jefes partidarios en el  mundo político nacional. Entienden que el alperovichismo es una máquina de poder a la que no le faltarán recursos en la competencia electoral por los cargos provinciales. Ante esa realidad, prefieren consolidar el andamiaje y focalizar su mira en la gestión del gobernador.
Fuera del PJ institucionalizado, las aguas están revueltas. Entró en escena el Movimiento Peronista, que promueven dirigentes de trayectoria no siempre coincidente en el pasado, como Osvaldo Cirnigluiaro, Florencio Aceñolaza, Julio Díaz Lozano, Mario Saracho, el ex juez federal Ricardo Maturana y el sindicalista Jesús Pellasio. Convocan a construir una opción, pero hubo excluidos en el arranque.

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