Retrato ficcional del estadounidense totalitario

novelas<7b>
CARTER EN NUEVA YORK- CARTER EN VIETNAM -JOSE PABLO FEINMANN- (Planeta - Buenos Aires)

08 Noviembre 2009
Roberto Fontanarrosa exorcizó sus pesadillas de los años de sangre y plomo del proceso militar con ese paradigmático personaje que fue (es) Boogie el Aceitoso, remedo tercermundista del Harry el Sucio de cartón piedra que encarnaba Clint Eatswood.
Nadie creía en el grotesco Boogie, cuyas exageraciones nos servían para construir el distanciamiento con su accionar, traspasando la frontera del rechazo intelectual a sus comportamientos. El personaje finalmente se ganaba el corazón de miles de seguidores de sus desventuras (muchos irán ahora a verlo en el cine).
Si Harry fue el abuelo y Boogie el hijo, Joe Carter (JC, de ahora en más) es el nieto. La última creación ficcional de José Pablo Feinmann no podía haber nacido de la nada. Su camino fue asentado previamente por ancestros de los que heredó la justificación conceptual de la violencia como medio para conseguir los fines y los parámetros de a quién matar y a quién no. Una lógica peculiar basada en prejuicios, pero lógica al fin.
Feinmann encontró en JC una forma de describir la imposibilidad de ponerse en el lugar del otro, ya que su personaje va a fondo en esa idea: no lo hace ni quiere hacerlo. Todo otro (todo aquel que no piense, sienta, crea, respire como él) es, simplemente, su enemigo. Sólo puede confiar en quien es igual a él, y a lo que él quiere. Su principal problema es la soledad. Termina aislado reconociendo que tiene miedo. Justo él, que no conoce la piedad ni el perdón.
Su debut, Carter en Nueva York, fue seguido hace pocas semanas con Carter en Vietnam, la segunda entrega de una saga (el próximo título es Ha llegado Jane Mansfield) que presenta, a través de su protagonista, al arquetipo del estadounidense imperialista, racista, homofóbico y vengativo, que goza con las operaciones militares secretas.
Las dos primeras novelas de la serie giran en torno a los dos lacerantes fracasos norteamericanos: en Nueva York, un capítulo central para entender a JC transcurre frente al Ground Zero, el lugar que antes ocupaban las Torres Gemelas; en Vietnam, comienza entre los restos de un pelotón abandonado a su suerte en la huída de Saigón. En el primer título se describe a fondo el personaje; en el segundo, el autor lo descarna al extremo, llevando a límites impensados sus postulados éticos.

Cerca de la realidad
Este año, Feinmann publicó Timote, novela en la que construye (a partir de un puñado de datos históricos ciertos) el secuestro y asesinato de Aramburu como acto fundacional de Montoneros. La ficción, en la historia de JC, no está en los hechos duros, por todos conocidos, sino en la invención de diálogos entre el militar y sus captores y en extensos monólogos internos de los protagonistas. Carter no acepta al que es distinto y sus planteos desmesurados terminan con el dedo en el gatillo.
Lo espeluznante de estos últimos trabajos de Feinmann, sea en tono liviano JC (tiene momentos desopilantes) o de alta densidad (en Timote se vive, por momentos, la opresión del sótano donde murió Aramburu), es que la realidad se viene construyendo a partir de la imposibilidad de escuchar y de comprender.
El fracaso no es, entonces, no poder pensar como el otro; es no querer intentarlo siquiera.
Lo brutal de JC, lo tremendo, es que puede ser real; puede existir; se leen sus reacciones en los diarios; tal vez, alguna vez, en algún instante, nos los hayamos cruzado en la calle y sentido el viento del terror rozándonos la nuca sin entender qué nos pasaba. "Sólo es temible el enemigo que sabe ser cruel, el que deja en la lucha toda consideración de humanidad", afirma Carter mientras deambula, paranoico, por Vietnam. Tan cerca de la realidad que abruma.
© LA GACETA

Fabio Ariel Ladetto

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios