Del quiebre del peronismo a la crítica del kirchnerismo

Memorias, "Juicio a los 70", JULIO BARBARO (Sudamericana - Buenos Aires)

18 Octubre 2009
Las memorias construyen el pasado como un relato, cuyo sentido está fuertemente anclado en el presente. El litigio de las memorias con la historia se zanja en la restitución de la subjetividad y la aceptación del carácter subjetivo del testimonio, ya que el sujeto, su cuerpo y su voz respaldan la letra.
En el caso de Julio Bárbaro, su apellido remite a esas paradojas a las que nos acostumbró la cultura menemista. El relato llega a ser ameno aunque, en ningún momento, el autor abandona una cierta posición de poseedor de la verdad.
La adscripción al género testimonial es confusa ya que, a poco de andar, el libro se convierte en una diatriba contra el uso kirchnerista de los 70. El antagonista es el grupo de intelectuales reunidos alrededor de "Carta Abierta".
El género autobiográfico implica la construcción de un Yo personaje. Bárbaro se figura como católico militante de la Universidad del Salvador, como peronista ortodoxo, como legislador, como partícipe del gabinete de Menem. Por encima de todo, sostiene la importancia del peronismo y salva de todo mal y de toda crítica a Perón. La violencia de los 70 la atribuye al desgarramiento entre los montoneros y la Triple A. El asesinato de Rucci señala el quiebre entre dos momentos del peronismo. Hay demasiada liviandad en muchas de las aseveraciones, a pesar de la experiencia personal que parece respaldarlas.
Bárbaro aporta su visión de la historia, la controla y la convierte en demostración. Llega a reivindicar a Herminio Iglesias, clamando por la incomprensión de todos a los clamores de los puros, "esos herminios". Uno termina el libro con cierto sabor decepcionante. No tanto por la aceptación o rechazo de las posiciones de Bárbaro sino porque su "Juicio" no convence. Me quedé pensando en la novela de Osvaldo Soriano donde tanto el que mata como el que muere grita "Viva Perón". Bárbaro autor compone un personaje digno de la obra del gordo.
© LA GACETA

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