Nada será igual, nunca más. Los cambios planteados fueron pensados (?) como parches de urgencia ante el dolor de unos y la impotencia de otros, de ellos mismos, que no se ocuparon del asunto cuando correspondía. Y si alguien cree que por la tragedia de Cromagnon se controla mejor los locales con música en vivo, o que hay más claridad sobre los requisitos para abrir un pub o un salón, está muy equivocado.
La tragedia desnudó la precariedad en la que trabajaban muchos locales, aunque también la ausencia de reglas reconocibles sobre los mecanismos de habilitación de esos espacios y de tantos otros no vinculados al arte.
Después del incendio la reacción de los gobiernos de todo el país fue cerrar y clausurar. Sin mirar, sin distinguir y apuntando especialmente al rock?
El semillero, el under rockero, donde crecen las bandas que luego llenarán estadios o pubs, empezó a secarse, y el negocio quedó en pocas manos y con pocos referentes.
El público dejó las bengalas para las fiestas de Fin de Año. Muchos le prestan atención a las salidas de emergencia, a los matafuegos y a los amontonamientos. El resto disfruta como puede en los escasos lugares que todavía ofrecen shows. Pero no como antes de aquella noche oscura. Nada es igual.








