05 Agosto 2009 Seguir en 
Hace tres años, Sergio Aveldaño recibió un disparo en el pecho que le perforó el corazón y otro que le destrozó la mandíbula. Llegó al Hospital Padilla sin signos vitales, pero los médicos lograron traerlo del más allá. Así, sobrevivió para presenciar cómo la Justicia condenó ayer a Oscar Eduardo Amaya y Julio Agustín Soria por el brutal ataque que había sufrido en Villa Alem. Los acusados fueron sentenciados por la sala VI de la Cámara Penal a ocho años de prisión, al ser hallados culpables de tentativa del delito de robo agravado en concurso real con tentativa de homicidio.
El 12 de junio de 2006 a las 0.40, Aveldaño, entonces de 18 años, se encontraba en la vereda de pasaje Misiones 143 cuidando la motocicleta Honda CG 125cc roja del novio de una amiga. De pronto, dos muchachos se le abalanzaron violentamente. Según quedó demostrado para los vocales Carlos Francisco Ruiz Vargas, Marta Cavallotti y Emilio Páez de la Torre, los agresores eran Soria, de 30 años, y Amaya, de 22. "El primero de ellos fue quien sacó un arma de fuego y realizó entre tres y cuatro tiros, mientras el segundo sujetaba a la víctima fuertemente desde atrás", afirmó la fiscala Juana Prieto de Sólimo durante el alegato. Tras ser baleado, Aveldaño alcanzó a correr algunos metros y cayó desvanecido. "Los médicos del Hospital Padilla lograron resucitarlo cuando ya se habían apagado sus signos vitales. Aún hoy tiene alojada una bala cerca del corazón y no se la podrán extraer nunca porque la cirugía es muy riesgosa", dijo el padre de la víctima, Ricardo Aveldaño. Minutos después del ataque, personal de Patrulla Urbana arrestó a los sospechosos en la zona de barrio San Cayetano y desde entonces ambos están presos. Ayer, los defensores Roberto Flores (por Amaya) y Ricardo Puentedura (por Soria) solicitaron la absolución de los acusados y criticaron la investigación policial. "El acta de procedimiento es un mamarracho", dijo Flores durante los alegatos. La fiscala, en tanto, pidió ocho años de cárcel para los acusados.
La sala permaneció en silencio mientras el secretario Luis Acosta leía la sentencia. Los imputados, visiblemente contrariados por el calibre de la sentencia, fueron retirados esposados del recinto. "Después de esto podré dar vuelta la hoja y encontrar una página en blanco. Es difícil explicar lo que sentimos mi familia y yo. Tengo suerte de estar vivo. Es el destino que quiso Dios", dijo Sergio Aveldaño.
El 12 de junio de 2006 a las 0.40, Aveldaño, entonces de 18 años, se encontraba en la vereda de pasaje Misiones 143 cuidando la motocicleta Honda CG 125cc roja del novio de una amiga. De pronto, dos muchachos se le abalanzaron violentamente. Según quedó demostrado para los vocales Carlos Francisco Ruiz Vargas, Marta Cavallotti y Emilio Páez de la Torre, los agresores eran Soria, de 30 años, y Amaya, de 22. "El primero de ellos fue quien sacó un arma de fuego y realizó entre tres y cuatro tiros, mientras el segundo sujetaba a la víctima fuertemente desde atrás", afirmó la fiscala Juana Prieto de Sólimo durante el alegato. Tras ser baleado, Aveldaño alcanzó a correr algunos metros y cayó desvanecido. "Los médicos del Hospital Padilla lograron resucitarlo cuando ya se habían apagado sus signos vitales. Aún hoy tiene alojada una bala cerca del corazón y no se la podrán extraer nunca porque la cirugía es muy riesgosa", dijo el padre de la víctima, Ricardo Aveldaño. Minutos después del ataque, personal de Patrulla Urbana arrestó a los sospechosos en la zona de barrio San Cayetano y desde entonces ambos están presos. Ayer, los defensores Roberto Flores (por Amaya) y Ricardo Puentedura (por Soria) solicitaron la absolución de los acusados y criticaron la investigación policial. "El acta de procedimiento es un mamarracho", dijo Flores durante los alegatos. La fiscala, en tanto, pidió ocho años de cárcel para los acusados.
La sala permaneció en silencio mientras el secretario Luis Acosta leía la sentencia. Los imputados, visiblemente contrariados por el calibre de la sentencia, fueron retirados esposados del recinto. "Después de esto podré dar vuelta la hoja y encontrar una página en blanco. Es difícil explicar lo que sentimos mi familia y yo. Tengo suerte de estar vivo. Es el destino que quiso Dios", dijo Sergio Aveldaño.







