04 Agosto 2009 Seguir en 
El silencio de la sala remarcó la consternación de los imputados al oír la sentencia. Dos sujetos que estaban acusados de disparar a quemarropa a un joven para robarle una motocicleta hace tres años, fueron condenados esta tarde a ocho años de prisión.
El hecho ocurrió el 12 de junio de 2006, en el pasaje Misiones de Villa Alem, donde Sergio Aveldaño se encontraba cuidando la moto del novio de una amiga. Cuando la joven entró a su casa, el muchacho -que entonces tenía 18 años- fue acometido por Oscar Eduardo Amaya y Julio Agustín Soria.
Según establecieron los vocales, el primero de ellos sacó un arma de fuego y disparó entre tres y cuatro veces mientras el segundo sostenía a la víctima desde atrás. Dos balazos dieron en el pecho y en la mandíbula de Aveldaño que, tras correr algunos metros, cayó en plena calle.
Los días siguientes fueron muy difíciles para la familia del joven, que estuvo mucho tiempo internado en el hospital Padilla. Incluso, según contó su padre, aún tiene alojada una bala cerca del corazón que los médicos no pueden extraer dado que la operación sería muy riesgosa.
En tanto, Amaya y Soria fueron detenidos luego del ataque y, desde entonces, están presos. “No hay forma de compensar todo lo que sufrimos: a mi hijo intentaron matarlo, pero gracias a Dios no lo lograron. El fallo no nos pone ni contentos ni tristes; sólo queda la tranquilidad de que se demostró que ellos fueron los autores”, concluyó Ricardo Aveldaño. LA GACETA ©
El hecho ocurrió el 12 de junio de 2006, en el pasaje Misiones de Villa Alem, donde Sergio Aveldaño se encontraba cuidando la moto del novio de una amiga. Cuando la joven entró a su casa, el muchacho -que entonces tenía 18 años- fue acometido por Oscar Eduardo Amaya y Julio Agustín Soria.
Según establecieron los vocales, el primero de ellos sacó un arma de fuego y disparó entre tres y cuatro veces mientras el segundo sostenía a la víctima desde atrás. Dos balazos dieron en el pecho y en la mandíbula de Aveldaño que, tras correr algunos metros, cayó en plena calle.
Los días siguientes fueron muy difíciles para la familia del joven, que estuvo mucho tiempo internado en el hospital Padilla. Incluso, según contó su padre, aún tiene alojada una bala cerca del corazón que los médicos no pueden extraer dado que la operación sería muy riesgosa.
En tanto, Amaya y Soria fueron detenidos luego del ataque y, desde entonces, están presos. “No hay forma de compensar todo lo que sufrimos: a mi hijo intentaron matarlo, pero gracias a Dios no lo lograron. El fallo no nos pone ni contentos ni tristes; sólo queda la tranquilidad de que se demostró que ellos fueron los autores”, concluyó Ricardo Aveldaño. LA GACETA ©







