02 Agosto 2009 Seguir en 

En los comienzos del hombre, magia, mito y religión, son vías de acceso al mundo, concebido como un cosmos, caminos que lo conducen al descubrimiento del sentido de la existencia, puentes tendidos hasta las puertas del misterio. Pero, podríamos preguntarnos, ¿qué ocurre en nuestros días, en nuestras sociedades tecnificadas, que contemplan azoradas los tremendos avances de la ciencia y el poder de las máquinas? Se nos ha dicho hasta el exceso que nuestro mundo está desacralizado, que Dios ha muerto en el siglo XIX, que sólo podemos confiar en el progreso de la ciencia y de la razón.
Pareciera entonces que esas grandes potencias han concluido su misión y que los hombres ya no transitan por ellas. Pero una mirada inquisitiva sobre las diversas formas de la cultura contemporánea basta para convencernos de que no es así. A pesar del imperio de la razón analítica y de su prestigio social, el hombre no ha perdido su capacidad de sacralizar y de mitificar. Pero los objetos a los que se aplican estas categorías no son exactamente los mismos en las diversas etapas del proceso histórico.
A ese respecto, el panorama que presenta la cultura actual es bastante abigarrado y confuso. Nuestra época ha sido comparada con los momentos finales del mundo antiguo cuando diversas regiones orientales invaden el Imperio Romano mientras se debilitan las creencias tradicionales en el naufragio de una cultura. Nosotros también nos encontramos rodeados por creencias que provienen de muy diversos orígenes, por supersticiones que no poseen ya ningún contexto racional, al mismo tiempo que asistimos a un reflorecimiento de la astrología, la magia de sus diversas formas, el satanismo, la brujería, el curanderismo, etcétera.
Ninguna certeza racional fundamenta la creencia de que los astros condicionan las circunstancias de nuestra vida y que esta influencia puede determinarse día por día, de manera que quienes poseen ese conocimiento, lo pueden vender a las empresas periodísticas para guía de sus lectores. Este fenómeno no es sólo local; los horóscopos aparecen en las más variadas publicaciones de todo el mundo. Puede relacionarse con éste, otro hecho: en países oficialmente ateos y antirreligiosos los videntes, especie de descendiente de los antiguos chamanes, tienen un gran prestigio, así como la investigación de todos los fenómenos extraños, de aquellos que rompen la monotonía de la vida cotidiana. Pareciera como si el hombre que se ha prohibido la búsqueda de lo sobrenatural, se dedicara con ahínco a lo paranormal.
* Extraído del capítulo "El hombre y el mito", del libro "De mitos y ritos" (UNT, 1998).
Pareciera entonces que esas grandes potencias han concluido su misión y que los hombres ya no transitan por ellas. Pero una mirada inquisitiva sobre las diversas formas de la cultura contemporánea basta para convencernos de que no es así. A pesar del imperio de la razón analítica y de su prestigio social, el hombre no ha perdido su capacidad de sacralizar y de mitificar. Pero los objetos a los que se aplican estas categorías no son exactamente los mismos en las diversas etapas del proceso histórico.
A ese respecto, el panorama que presenta la cultura actual es bastante abigarrado y confuso. Nuestra época ha sido comparada con los momentos finales del mundo antiguo cuando diversas regiones orientales invaden el Imperio Romano mientras se debilitan las creencias tradicionales en el naufragio de una cultura. Nosotros también nos encontramos rodeados por creencias que provienen de muy diversos orígenes, por supersticiones que no poseen ya ningún contexto racional, al mismo tiempo que asistimos a un reflorecimiento de la astrología, la magia de sus diversas formas, el satanismo, la brujería, el curanderismo, etcétera.
Ninguna certeza racional fundamenta la creencia de que los astros condicionan las circunstancias de nuestra vida y que esta influencia puede determinarse día por día, de manera que quienes poseen ese conocimiento, lo pueden vender a las empresas periodísticas para guía de sus lectores. Este fenómeno no es sólo local; los horóscopos aparecen en las más variadas publicaciones de todo el mundo. Puede relacionarse con éste, otro hecho: en países oficialmente ateos y antirreligiosos los videntes, especie de descendiente de los antiguos chamanes, tienen un gran prestigio, así como la investigación de todos los fenómenos extraños, de aquellos que rompen la monotonía de la vida cotidiana. Pareciera como si el hombre que se ha prohibido la búsqueda de lo sobrenatural, se dedicara con ahínco a lo paranormal.
* Extraído del capítulo "El hombre y el mito", del libro "De mitos y ritos" (UNT, 1998).
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