El diablo y los teólogos * Destino y características del mal

02 Agosto 2009
Tiene muchos nombres: Satán (el adversario, el enemigo, el embaucador), Diablo (traducción griega de Satán), Demonio (palabra que designaba a ciertos espíritus, pero que, al referirse a él, se carga de malignidad), Belcebú (nombre tomado de la mitología de los filisteos que adoraban a Baal como dios de las moscas), Lucifer (el "astro de la mañana" precipitado a la Tierra); es Mefistófeles cuando tienta a Fausto y Asmodeo cuando mata  a los siete maridos de Sara; como su multiplicidad parece tan cierta como la unidad, se oye decir: "Tu nombre es Legión" en el mismo texto donde lo llaman Príncipe de este mundo y Príncipe de las tinieblas; otros le dicen más sencillamente: el Malo. Los teólogo se ocuparon siempre de él aunque las precisiones oficiales de la Iglesia a su respecto no sean muchas?
La doctrina de no substancialidad del mal fue afirmada por los teólogos cristianos a través de los siglos y consiste en afirmar el carácter meramente negativo del mal, en definirlo como la ausencia de Bien. Es decir que el mal no es, lo cual de ninguna manera quiere decir que no exista. La distinción podrá parecer sutil, pero es muy importante; muchos hombres fueron quemados vivos a causa de ella?
Al ser una criatura de Dios, el diablo no puede ser la plenitud del mal. La plenitud del mal no existe, se destruiría a sí misma, la ausencia total de Dios es el no ser. De allí que aún después de su pecado conserve ciertos rasgos de su naturaleza angélica: su inteligencia, su poder, ahora orientados hacia el mal. Las representaciones plásticas de los primeros cristianos parecen haber estado más cerca de esta doctrina que la imaginería posterior. Antes de haberse convertido en los horrendos monstruos de las pesadillas de Hyeronimus Bosch o en los seres deformes con pezuñas y olor a azufre que persiguieron a tantos santos, el Diablo fue un hermoso adolescente con grandes alas violetas?
¿Será el mal infinito en el tiempo y más allá del tiempo? La Iglesia lo ha considerado así, admitiendo penas eternas a los condenados. Sin embargo, en los primeros siglos varios teólogos opinaron lo contrario. Entre ellos, el más brillante fue Orígenes, para quien el sacrificio de Cristo no implicaba solamente el rescate del género humano sino el punto de partida de un gran regreso en que todas las criaturas de Dios serán salvadas después de su largo y doloroso peregrinaje por el tiempo. Y en la reconciliación final nadie estará excluido, ni siquiera los ángeles rebeldes. Ya no habrá Diablo, dice Orígenes, porque desaparecerá la perversidad de su voluntad? Los sostenedores de esta doctrina argumentan que ella deriva de la misericordia del Dios predicado por Cristo y de la dificultad de conciliar su bondad con la tortura eterna de sus hijos.
© LA GACETA

* Fragmento del artículo publicado en LA GACETA Literaria, el 23 de noviembre de 1958. Integró una serie de notas sobre el diablo que aparecieron en estas columnas entre 1958 y 1960 y que dieron lugar a resonantes polémicas que también fueron publicadas en estas páginas; entre otros, con el padre Florentino Ezcurra. Su conjunto conformaba un libro de cuya edición desistió su autora porque, según su testimonio, antes de concluirlo sintió la fuerte presencia de "El maldito".

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