Excritores
Publicar un libro en una buena editorial es mucho más fácil si se es vedette, deportista y hasta presidiario, que siendo un literato con toda una trayectoria detrás. ¿Qué pensaban Ionesco, Cioran, Bukowski, Yourcenar, Duras y Capote sobre la escritura? - Por Alina Diaconú - Para LA GACETA - Buenos Aires
26 Julio 2009 Seguir en 

Días pasados, la escuchábamos a Marguerite Duras en un reportaje antológico hecho por Bernard Pivot en los años 80 en su famoso programa Apostrophes. Ella se refería al hecho de ser escritor(a) como a un oficio muy extraño, "bizarre", lo calificaba ella, puesto que continuamente uno vive una vida doble, paralela, la de la ficción y la cotidiana. Y decía, entre muchas otras cosas, que no todos los que escriben son escritores. Que hay escritores verdaderos, de alma, y otros que no. Ella consideraba que Sartre, por ejemplo, no era un escritor, porque se nutría de las ideologías, de lo social, no de lo profundo de la vida, de su esencia íntima.
Claro que ésta sería materia opinable, pero la postura no deja de ser interesante.
Nos acordábamos, también, que entre nosotros, desde la poesía, Alberto Girri nos comentaba, en una de esas siempre ricas conversaciones, que escribir no era algo natural. Que no era natural ponerse frente a una hoja en blanco y que, por esa razón, muchos escritores (incluyéndolo a él) postergaban ese momento, inventándose distintos otros quehaceres para no enfrentarse a esa situación completamente antinatural, la de la creación.
Para Eugene Ionesco, escribir era, confesado por él, su manera de rezar.
Motivan estas ideas y estos recuerdos las circunstancias en que vivimos actualmente, donde pareciera que casi cualquiera es escritor. ¿Por qué? Porque casi cualquiera escribe un libro.
Publicar un libro en una buena editorial es mucho más fácil si se es vedette, deportista y hasta presidiario, que siendo un escritor con toda una trayectoria literaria atrás y con toda una mística del oficio.
Libros de autoayuda, que se venden en cuantía, los escriben desde algunas personas idóneas (que por supuesto las hay), hasta chantas de todo tipo. Hay autoayuda para el amor, para la salud y, por supuesto, para el dinero. Pululan los libros de autoayuda financiera y de autoayuda empresarial. Y los autores de estos best-sellers son los grandes autores del momento, que son entrevistados en todas partes y divulgan a diestra y siniestra sus consejos y puntos de vista. También han resurgido las novelas de corazón, novelas rosas "aggiornadas", donde el dinero no está ausente y que, en los Estados Unidos, están moviendo más de mil millones de dólares al año.
¿Quién no escribe hoy? Todo el mundo escribe y todos se llaman escritores.
Hará unos veinte años Cioran ya creía que había demasiados escritores y demasiados libros. Se refería, por supuesto a autores de libros literarios, a escritores serios, no a cualquier autor de cualquier cosa.
Nosotros consideramos que está muy bien que las personas se manifiesten a través de la palabra si ésta es realmente su medio de expresión.
En ese sentido, bienvenidos sean todos los que le rindan devoción a la literatura, empezando por la lectura y siguiendo por la escritura.
Bienvenidos los nuevos talentos, los hombres y las mujeres que llevan dentro de sí ese fuego sagrado. Y bienvenidos todos los autores que, con sus trabajos, nos hagan reflexionar (desde el periodismo serio hasta los ensayos).
Cuantos más sean, mejor para nuestra cultura.
Pero lo que nos inquieta es la enorme confusión que se viene gestando. Tanta, que los que somos escritores natos, nos sentimos un poco "excritores" ante el aluvión de personas que escriben libros simplemente porque son populares, tienen gente que los ayuda a redactar y publican libros que luego serán promovidos por la misma pantalla chica que suele inventarlos y por otros medios de difusión. Si el tema es escandaloso, tanto mejor. Si cuentan sus vidas y hay droga, sexo, abusos, violencia, política, chanchullos, corrupción? ¡albricias! El negocio será redondo.
La advertencia de Bukowski
Qué tiempos más oportunos éstos como para rememorar aquel poema de Charles Bukowski , titulado "Así que quieres ser escritor ¿eh?" y que decía:
Si no brota de ti a borbotones
A pesar de todo,
Ni lo intentes.
(?)
Si lo haces por dinero
O la fama,
Ni lo intentes.
Sin embargo, en la actualidad, todas estas personas que escriben, sin ser escritores, pero que se creen escritores y se autotitulan así, cuando se les pregunta, no sólo lo intentaron, sino que perseveraron.
Ignoran el trabajo de la escritura, esas cualidades que Marguerite Yourcenar definía así: "La escritura requiere del tempus y de la cadencia de amasar el pan, y de la destreza del mecánico para el ajuste".
Oscar Wilde también se refirió a la obsesión formal que caracteriza a un buen escritor: "Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla".
¿Sabrán los que escriben libros hoy - sin ser escritores- algo de todo esto?
¿Sabrán algo de la disciplina, del compromiso, de la entrega que significa la creación literaria? ¿De la indagación, del misterio, de la búsqueda y ahondamiento en los interrogantes de la condición humana que desvelan al verdadero escritor?
No es suficiente escribir sobre la vida. Hay que meterse en ella con la amplitud y profundidad que da una lupa, con el coraje que está en el que maneja un buril o un bisturí.
Borges se enorgullecía de los libros que había leído, no de los que había escrito. Muchos de los que escriben libros hoy sólo se jactan de sus "obras" y de sus ventas y persiguen la figuración.
Algunos de nosotros, "excritores", es decir escritores de antes, que aún creemos en una base cultural sólida, en una vocación, en un trabajo de hormiga, en la pasión por los enigmas de la vida, por los milagros y la magia de la creación, estamos perplejos.
Coincidimos plenamente con Marguerite Duras cuando decía que no todos los que escriben son escritores. Y nos acordamos de Truman Capote en ésta su rotunda afirmación: "La diferencia entre escribir bien y el arte verdadero es sutil, pero brutal".
Los datos de la realidad nos informan que actualmente, en ciertos grandes shoppings, donde antes había librerías ahora hay negocios de electrodomésticos. Ciertamente, con la venta de libros no se pueden pagar los alquileres vigentes. Y eso, que si usted mira las vidrieras de una gran librería, probablemente esté "copada" por los libros más comerciales y menos literarios, libros escritos por cualquiera, menos por un escritor.
© LA GACETA
Alina Diaconú - "Excritora". Entre sus últimos libros están Una mujer secreta (Fundación Internacional Jorge Luis Borges) y Poemas del Silencio (Ediciones Lumiere).
Claro que ésta sería materia opinable, pero la postura no deja de ser interesante.
Nos acordábamos, también, que entre nosotros, desde la poesía, Alberto Girri nos comentaba, en una de esas siempre ricas conversaciones, que escribir no era algo natural. Que no era natural ponerse frente a una hoja en blanco y que, por esa razón, muchos escritores (incluyéndolo a él) postergaban ese momento, inventándose distintos otros quehaceres para no enfrentarse a esa situación completamente antinatural, la de la creación.
Para Eugene Ionesco, escribir era, confesado por él, su manera de rezar.
Motivan estas ideas y estos recuerdos las circunstancias en que vivimos actualmente, donde pareciera que casi cualquiera es escritor. ¿Por qué? Porque casi cualquiera escribe un libro.
Publicar un libro en una buena editorial es mucho más fácil si se es vedette, deportista y hasta presidiario, que siendo un escritor con toda una trayectoria literaria atrás y con toda una mística del oficio.
Libros de autoayuda, que se venden en cuantía, los escriben desde algunas personas idóneas (que por supuesto las hay), hasta chantas de todo tipo. Hay autoayuda para el amor, para la salud y, por supuesto, para el dinero. Pululan los libros de autoayuda financiera y de autoayuda empresarial. Y los autores de estos best-sellers son los grandes autores del momento, que son entrevistados en todas partes y divulgan a diestra y siniestra sus consejos y puntos de vista. También han resurgido las novelas de corazón, novelas rosas "aggiornadas", donde el dinero no está ausente y que, en los Estados Unidos, están moviendo más de mil millones de dólares al año.
¿Quién no escribe hoy? Todo el mundo escribe y todos se llaman escritores.
Hará unos veinte años Cioran ya creía que había demasiados escritores y demasiados libros. Se refería, por supuesto a autores de libros literarios, a escritores serios, no a cualquier autor de cualquier cosa.
Nosotros consideramos que está muy bien que las personas se manifiesten a través de la palabra si ésta es realmente su medio de expresión.
En ese sentido, bienvenidos sean todos los que le rindan devoción a la literatura, empezando por la lectura y siguiendo por la escritura.
Bienvenidos los nuevos talentos, los hombres y las mujeres que llevan dentro de sí ese fuego sagrado. Y bienvenidos todos los autores que, con sus trabajos, nos hagan reflexionar (desde el periodismo serio hasta los ensayos).
Cuantos más sean, mejor para nuestra cultura.
Pero lo que nos inquieta es la enorme confusión que se viene gestando. Tanta, que los que somos escritores natos, nos sentimos un poco "excritores" ante el aluvión de personas que escriben libros simplemente porque son populares, tienen gente que los ayuda a redactar y publican libros que luego serán promovidos por la misma pantalla chica que suele inventarlos y por otros medios de difusión. Si el tema es escandaloso, tanto mejor. Si cuentan sus vidas y hay droga, sexo, abusos, violencia, política, chanchullos, corrupción? ¡albricias! El negocio será redondo.
La advertencia de Bukowski
Qué tiempos más oportunos éstos como para rememorar aquel poema de Charles Bukowski , titulado "Así que quieres ser escritor ¿eh?" y que decía:
Si no brota de ti a borbotones
A pesar de todo,
Ni lo intentes.
(?)
Si lo haces por dinero
O la fama,
Ni lo intentes.
Sin embargo, en la actualidad, todas estas personas que escriben, sin ser escritores, pero que se creen escritores y se autotitulan así, cuando se les pregunta, no sólo lo intentaron, sino que perseveraron.
Ignoran el trabajo de la escritura, esas cualidades que Marguerite Yourcenar definía así: "La escritura requiere del tempus y de la cadencia de amasar el pan, y de la destreza del mecánico para el ajuste".
Oscar Wilde también se refirió a la obsesión formal que caracteriza a un buen escritor: "Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla".
¿Sabrán los que escriben libros hoy - sin ser escritores- algo de todo esto?
¿Sabrán algo de la disciplina, del compromiso, de la entrega que significa la creación literaria? ¿De la indagación, del misterio, de la búsqueda y ahondamiento en los interrogantes de la condición humana que desvelan al verdadero escritor?
No es suficiente escribir sobre la vida. Hay que meterse en ella con la amplitud y profundidad que da una lupa, con el coraje que está en el que maneja un buril o un bisturí.
Borges se enorgullecía de los libros que había leído, no de los que había escrito. Muchos de los que escriben libros hoy sólo se jactan de sus "obras" y de sus ventas y persiguen la figuración.
Algunos de nosotros, "excritores", es decir escritores de antes, que aún creemos en una base cultural sólida, en una vocación, en un trabajo de hormiga, en la pasión por los enigmas de la vida, por los milagros y la magia de la creación, estamos perplejos.
Coincidimos plenamente con Marguerite Duras cuando decía que no todos los que escriben son escritores. Y nos acordamos de Truman Capote en ésta su rotunda afirmación: "La diferencia entre escribir bien y el arte verdadero es sutil, pero brutal".
Los datos de la realidad nos informan que actualmente, en ciertos grandes shoppings, donde antes había librerías ahora hay negocios de electrodomésticos. Ciertamente, con la venta de libros no se pueden pagar los alquileres vigentes. Y eso, que si usted mira las vidrieras de una gran librería, probablemente esté "copada" por los libros más comerciales y menos literarios, libros escritos por cualquiera, menos por un escritor.
© LA GACETA
Alina Diaconú - "Excritora". Entre sus últimos libros están Una mujer secreta (Fundación Internacional Jorge Luis Borges) y Poemas del Silencio (Ediciones Lumiere).
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