El péndulo en la política exterior norteamericana

Por Patricia Kreibohm. Para LA GACETA - TUCUMAN.

NUEVA ETAPA. Barack Obama apuesta por un liderazgo positivo. NUEVA ETAPA. Barack Obama apuesta por un liderazgo positivo.
05 Julio 2009
Los Estados Unidos de América conmemoran sus 233 años de independencia. Una celebración que los encuentra modificando -una vez más- los lineamientos de su política exterior. En esta oportunidad, dicha modificación se manifiesta como una reconciliación.
Desde que finalizó la Guerra Fría, la política exterior norteamericana ha oscilado, como un péndulo, en tres ocasiones.
La primera de ellas corresponde a la gestión de Bill Clinton, quien trabajó arduamente para revertir el profundo desgaste que, durante la Guerra Fría, había sufrido la imagen de los EEUU. En este sentido, Washington intentó recuperar su rol y su prestigio en el sistema internacional, ajustándolo a los principios y los valores occidentales: libertad, democracia y consenso. Específicamente, procuró alcanzar dos objetivos: legitimar la ampliación de su antigua frontera hegemónica y reformular sus vínculos con el resto del mundo; un mundo que ya estaba profundamente marcado por la globalización, la interdependencia y el incremento de las amenazas transnacionales.
Sin embargo, ocho meses después de haber finalizado su mandato, estos esfuerzos dieron por tierra cuando la organización Al Qaeda concretó los atentados terroristas más importantes de la historia.
La segunda transformación se dio bajo la administración Bush quien, a partir de ese fatídico 11-S, recurrió -nuevamente- al empleo de su poder militar para alcanzar nuevos y viejos objetivos: supremacía, petróleo, ganancias económicas y poder. Esta gestión profundizó las tensiones, complicó su sistema de alianzas e incrementó la enemistad de los EEUU con el resto del mundo. Su resultado concreto fue que, de 2001 a 2008, la imagen del país se desprestigió profundamente, debilitando su liderazgo a nivel global.
Desde que asumió la presidencia Barack Obama, el péndulo ha vuelto a su punto de origen. En efecto, esta nueva etapa constituye un nuevo punto de inflexión para la política exterior de los EE. UU. De hecho, su administración apuesta al restablecimiento de un liderazgo positivo que facilite el logro de sus objetivos en el corto y el mediano plazo. Para lograrlo, la Casa Blanca está dando claras muestras de haber decidido modificar sus actitudes orientándolas hacia la convivencia armónica, el consenso y la solidaridad. Indudablemente, la Casa Blanca procura renovar sus fuerzas, aquietar las tensiones y fortalecer su posición sustituyendo el empleo del hard power (la fuerza) por el del soft power (la persuasión); un mecanismo más adecuado para los tiempos que corren. En efecto, la crisis económica también es un factor relevante que contribuye a la búsqueda de apoyos y de consensos, alejando las opciones de confrontación. Con respecto a Latinoamérica, sus acciones parecen inclinarse a recuperar una relación de buenos vecinos, dejando de lado el otrora contundente big stick.
Barack Obama reúne todas las condiciones para liderar este cambio: su identidad afroamericana, su carisma, inteligencia y personalidad, hacen de este joven demócrata un verdadero piloto de tormentas. Prueba de ello son sus gestos, sus discursos, sus viajes y sus actitudes que forman parte de un estudiado mensaje de reconciliación.
Ahora bien: para interpretar estas oscilaciones desde una perspectiva integral, lo más indicado es analizarlas a la luz de un paradigma que contribuya a explicar la funcionalidad de los modelos que regulan las relaciones entre los actores internacionales.
La Teoría de los Juegos fue desarrollada a partir de una combinación entre las matemáticas y la lógica. Su premisa  más  importante afirma que cualquier sujeto, en situación de conflicto, busca ganar la partida y si su comportamiento es racionalmente correcto, podrá derrotar a su adversario. Uno de sus axiomas clave sostiene que la estrategia de los jugadores debe estar basada en el principio minimax: llevar al máximo la ganancia mínima y minimizar la máxima pérdida posible. Existen dos posibles formas de juego: los Juegos de Suma Cero (o no cooperativos) y los Juegos de Suma No Cero (o cooperativos).
En el primer caso, cualquier ganancia de uno de los contendientes significa una pérdida para el otro y las relaciones se establecen en función del principio amigo-enemigo en el que uno gana, precisamente, porque el otro ha sido derrotado. Es decir que el triunfo de uno se materializa a expensas del otro; es por ello que aquí no basta con superar al contendiente sino que es necesario aniquilarlo y expulsarlo del juego.
En los Juegos de Suma No Cero, las ganancias de una parte no necesariamente se obtienen a partir de las pérdidas de la otra. La competencia puede incluir ciertos elementos cooperativos y se establece en términos de amigo-adversario. En cuanto a las recompensas y los perjuicios, varían significativamente y el resultado de la contienda dependerá de la manera en que los jugadores conduzcan el proceso: colaborando entre sí, buscando dañarse mutuamente o intercambiando y combinando diversas estrategias. En este caso, no existe la voluntad de eliminar al otro pues su supervivencia misma e incluso, algunos de sus progresos, pueden ser funcionales a los intereses y las necesidades del otro.
Finalmente: si aplicamos este modelo a la trayectoria de los EE.UU. durante la post Guerra Fría, podríamos afirmar que la política exterior de la administración Clinton estuvo caracterizada como un Juego de Suma No Cero.
En la Era Bush, giró nítidamente hacia una concepción de Juego de Suma Cero y, finalmente a partir de 2009, retornó al modelo de un Juego Cooperativo; un juego que, bien jugado, podría beneficiar a casi todos.
Recurriendo a una metáfora matemática, el presidente Obama tiene hoy muy en claro que lo que su país necesita, es sumar y no restar; multiplicar y no dividir. Desde esa perspectiva, sus decisiones se han orientado a encauzar su política como un Juego de Suma No Cero; juego que se adecua perfectamente a los duros tiempos que corren.

Patricia Kreibohm - Magíster en relaciones internacionales. Profesora titular de las cátedras de Historia Contemporánea y de Relaciones Internacionales de la UNSTA. Su último libro es "Terrorismo siglo XXI" (Editorial UNSTA)

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