“La fotografía es la prosa de la plástica”

Tito Mangini, que acaba de realizar una muestra retrospectiva de su obra, aseguró que los retratos y los desnudos siguen habitando sus desvelos. "El desafío permanente del retratista es honrar al retratado", dijo.

CREADOR. Tito Mangini en el Centro Cultural Virla, junto a las obras que expuso recientemente en una muestra retrospectiva de toda su carrera. LA GACETA/JOSE NUNO CREADOR. Tito Mangini en el Centro Cultural Virla, junto a las obras que expuso recientemente en una muestra retrospectiva de toda su carrera. LA GACETA/JOSE NUNO
19 Abril 2009

La cámara no sabe mentir. Por eso, se dice que la fotografía es un arte honesto. Y Tito Mangini lo ratifica cada vez que tiene oportunidad de hablar de su trabajo. “Mis fotografías, de una u otra forma, se refieren al hombre. El trabajo en los campos de caña de azúcar, la forma de vida en los pueblos de Purmamarca o Maimará, la belleza de una mujer, la espontaneidad de un niño, un paisaje o una escena callejera cualquiera, están impregnados con la presencia humana. Eso sucede porque creo sinceramente que el hombre es la máxima amenaza del mundo y también su única esperanza ”, señala. Y es que para este artista que a los 20 años cambió la arquitectura por la cámara, la fotografía tiene una capacidad descriptiva asombrosa. “Es la prosa de la plástica”, agrega Mangini.

- Una prosa que tiene múltiples metáforas, según se pudo apreciar en su última muestra restrospectiva.
- Y también inagotables variantes. Es una herramienta inigualable para la captación del instante fugaz. La restrospectiva que acabo de realizar en el Centro Cultural Virla me permitió mostrar toda esa gama de trabajos que hice entre 1967 y 2008. De hecho, mucha gente que sólo me asociaba con los desnudos o los retratos, pudo ver algunas facetas de mi obra vinculada con los paisajes, la danza o la vida cotidiana. Me siento incómodo cuando me asocian sólo con una especialidad. Por suerte, pude salir airoso de múltiples temas. De allí que esta retrospectiva también fue una suerte de rendición de cuentas.

- ¿O sea que la suma de todas esas partes hacen al Tito Mangini de hoy?
- Me parece que sí. Hay temas que yo abordé hace mucho tiempo y que hoy tienen una vigencia enorme. Sobre todo desde el aspecto social y económico. Podría decirse que yo me reconozco en todas esas fotos.

- ¿Qué temas lo desvelan actualmente?
- Siempre vuelvo a lo mismo: al desnudo, a los Valles Calchaquíes y al retrato. Son temas que me gustan y que me movilizan sobremanera. Mire, en los últimos meses, la vida me ha asestado algunos golpes duros que me sacudieron un poco y me dejaron anonadado. Pero aun así, el desnudo y el retrato siguen habitando mis desvelos.

- ¿Se puede conocer el alma humana a través de un retrato?
- Yo apuesto a eso. Es difícil de conseguir, por supuesto. Hay que tener actitud y un profundo interés. Porque, de alguna manera, en el retrato están los dos protagonistas de la obra: el retratado y el retratista. De hecho, el desafío permanente para un buen retratista es honrar al retratado, porque en la fotografía de éste está también el suyo.

- ¿Y con los paisajes sucede lo mismo?
- El paisaje, al igual que cualquier tema que ocupa la atención de un artista, es la suma del mundo interior del fotógrafo con el exterior. Esa mixtura es la que termina definiendo la obra.

- ¿Por qué se volcó a la fotografía?
- Primero porque siempre fui un artista. Y segundo porque me gustan los desafíos. La fotografía plantea el enorme atractivo de captar un instante del cosmos en un cuadro limitado. Obliga a la síntesis. Así como una vidala tiene el poder de conmover al público con sólo tres notas musicales, una foto también puede impactar como la más bella melodía.

- ¿Hacer desnudos fue también un desafío?
- En realidad, lo que más me atrae del desnudo es la posibilidad de adentrarme en lo que yo llamo el misterio femenino y que asocio más con lo existencial. Es decir, el cuerpo de la mujer, con todos sus matices, me permite acercarme al universo a través de las fotos. Esta es una razón formal. Hay una razón más informal, que no siempre merece la pena contarse, pero que tiene que ver con la necesidad de demostrar que la desnudez no tiene por qué ser tomada como algo escandaloso. Hay mucha poesía en el cuerpo despojado de ropas.

- ¿Qué es la fotografía?
- Es una forma de expresión que permite eternizar la realidad. En el caso del retrato, por ejemplo, es una forma de captar el alma de alguien. Una de las cosas más difíciles de conseguir es que el retratado se identifique con lo que se ve. Sobre todo porque las personas se perciben a sí mismas de una manera muy personal. Casi siempre uno se mira con la cara que aparece en el espejo. Pero hay muchos aspectos de la personalidad que surgen cuando uno no está frente al espejo. Un fotógrafo tiene que tener la habilidad de captar esos aspectos.

- ¿Todas las personas son fotogénicas?
- Todas son susceptibles de ser retratadas. Ahora, el fotógrafo tiene que ejercer un poco de psicólogo para poder sacar lo mejor de cada potencial reatratado. Precísamente, en eso radica el arte de la fotografía: en hacer del caos una síntesis bella.

- ¿La perfección es una ficción?
- Más bien creo que buscar lo perfecto es un propósito maniático totalmente lícito. Por eso, el artista tiene que trabajar, con total libertad, para alcanzar la perfección.

- ¿El avance de la tecnología ha modificado su manera de trabajar?
- Obviamente. Yo sigo trabajando sobre negativos, porque considero que es la manera más pura de plasmar lo que veo a través de la lente. Pero también uso el escaner para agilizar los tiempos, no para hacer algún tipo de intervención digital sobre la imagen.

- ¿A qué se debe la supremacía de la mujer en su propuesta estética?
- La mujer no es tan sólo el complemento del varón. Ella salvaguarda el misterio de la creación; es el núcleo más sensible y vulnerable. Desgraciadamente, nos enseñaron a disociar esta compleja unidad. Por eso, cuando me preguntan por qué no retrato a hombres desnudos digo: “no, gracias. A los varones se los dejo para los griegos, que lo hicieron de maravilla en la antigüedad”.

 

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