No es extraño que ocurran tantos accidentes automovilísticos en Tucumán, cuando se considera el estado de euforia de muchos jóvenes que manejan. Las referencias que proporciona en ese sentido nuestra información de ayer, justifican una sensación general de inquietud. De acuerdo con la Municipalidad, el 50 por ciento de los registros de conductor secuestrados en sus procedimientos pertenece a menores de edad que tenían alcohol en el organismo cundo se les retiró esa documentación, y más del 30 por ciento de ellos era reincidente.
La realidad apuntada se agrava con otros datos oficiales. Cada mes, 50 nuevos inhabilitados, como resultado de los controles de alcoholemia, se suman a la lista que posee la Municipalidad, y que actualmente consta de 600 nombres.
La jefa del Registro de Inhabilitados califica de graves las cifras de crecimiento, y opina que es necesario que, cuando el juez de faltas autorice a los sancionados a recuperar sus licencias, se les imponga cumplir un curso sobre el alcoholismo y sus derivaciones, además de implantar un examen psicológico -que no existe actualmente- previo a la expedición del carnet a un menor. Esto, porque es visible que, cuando concluye el tiempo de sanción, muchos de los jóvenes que recuperan su habilitación no parecen “conscientes del peligro ni de la responsabilidad que implica conducir un vehículo”. Y en esa irresponsabilidad los acompañan con frecuencia los padres, que se muestran enojados por la medida que afectó a su hijo alcoholizado.
Nadie podría discutir que todo esto merece que las autoridades y la comunidad se pongan en franco estado de alerta. El panorama delineado nos está diciendo que, en nuestra ciudad, circulan numerosos vehículos a cuyo volante van personas que no se hallan en las condiciones adecuadas para asumir todas las consecuencias que derivan del hecho de conducir. Son jóvenes cuyo cuadro psicológico no se ha establecido, y que parecen indiferentes ante los riesgos que genera el alcohol, en una actitud que en muchos casos respaldan los padres, nada menos.
De más está decir que contribuye a potenciar la gravedad de la cuestión el hecho de que hay quienes circulan con licencias falsificadas. Como informamos, en los últimos seis meses la Municipalidad abrió más de veinte investigaciones por esa causa, y debió cambiar sus registros por otros dotados de mayores elementos de seguridad. Pensamos que se debiera acelerar la aprobación de la propuesta de carnets con bandas magnéticas, para impedir totalmente la falsificación.
En suma, creemos que la Municipalidad, con la colaboración de la Policía, tiene que extremar los esfuerzos en este tema, cuya incidencia colectiva sería ocioso ponderar. Hablamos de una acción enérgica y extremadamente rigurosa, que deje en claro que guiar un vehículo entraña siempre una serie de muy graves responsabilidades, y que hacerlo después de haber ingerido alcohol es algo merecedor de las más duras sanciones. Tal es el criterio que impera en los países más adelantados, esos a los cuales, en otros terrenos, nos empeñamos en imitar. Y no está de más reiterar lo que hemos sostenido otras veces, sobre la urgencia de una política de Estado en la materia, que imponga a todos los municipios un criterio común en materia de expedición de registros.
Parece urgente una toma de conciencia general acerca de los peligros a los que están sometidos conductores y peatones, con cifras tan elevadas de jóvenes que manejan alcoholizados por las calles y carreteras de Tucumán. No es posible mirar al costado en asuntos de tanta trascendencia.
11 Marzo 2009 Seguir en 







