El sector de los milagros
El anuncio de la radicación de Ledesma en Tucumán se produjo cuando atraviesa la peor etapa de la actividad azucarera en los últimos años. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.
Si hace 65 millones de años hubiera existido el sector azucarero tucumano, podría haber surgido de la nada algún tipo de escudo espacial que habría evitado que el meteorito que extinguió los dinosaurios chocara contra la Tierra.
El anuncio de la instalación de Ledesma en Tucumán cayó como un chorro de agua en el incendio en que se encuentra la actividad azucarera de nuestra provincia, sumida en un estado de sopor como pocas veces se vio. Sin liderazgos, con empresas -ingenios y fundos cañeros- altamente endeudadas y con intrigas palaciegas de todo tipo, se creía que sólo un milagro podía salvar el sector de esta crisis. A diferencia de las tantísimas ocasiones anteriores en las que el sector azucarero tucumano estuvo en mala situación, esta vez parecía que la actividad no iba a encontrar una salida. Pero la presencia de Ledesma insufló nuevas expectativas. Algo parecido ocurrió en 2005, cuando todo indicaba que el ingenio Concepción, el más grande la provincia, no tenía resto financiero para participar de la zafra de ese año, y Atanor anunció la compra de esta fábrica, con lo que se disiparon estos temores.
Es claro que si desde el ingenio con base en Jujuy se hubiera manifestado intenciones similares a las de ahora hace dos o tres años, cuando la actividad estaba en alza y con perspectivas alentadoras, tal vez la iniciativa de crear una firma para administrar el ingenio La Florida no habría conseguido el alto grado de adhesión que logró en las actuales circunstancias.
En general, los referentes azucareros de Tucumán optaron por ver el vaso medio lleno, y calificaron de auspicioso el hecho de que una empresa exitosa y centenaria como Ledesma se radique con inversiones en nuestra provincia. Felizmente para todos, este año los precios externos del azúcar rozan niveles aceptables, de manera que no resultará tan complicado que se lleve a cabo una exportación de excedentes que permita un equilibrio delicado entre la oferta y la demanda interna del producto. Pero un éxito eventual de esta estrategia debería atribuirse solamente a la coyuntura, dado que siempre pasa lo mismo: si los valores internacionales del azúcar son medianamente satisfactorios, el sector se calza el traje de responsabilidad y despliega estrategias comerciales convenientes, que permiten que todos ganen. Pero si los precios externos vienen deprimidos, surgen las viejas estratagemas que sólo apuntan a reeditar el tradicional "sálvese quien pueda", que históricamente hizo mucho daño a la actividad.
Con jugadores grandes debilitados y con otros directamente ausentes, la industria azucarera tucumana como institución no luce sus mejores galas, pese a que afronta un hecho histórico, como es la incorporación del sector azucarero al esquema nacional de biocombustibles, que entrará en vigencia en poco más de nueve meses. Debido a lo exiguo de los plazos, urge que se materialicen las inversiones necesarias para que Tucumán pueda abastecer de etanol a las petroleras. El problema es que falta poco para la gran fiesta, y aquí la gran mayoría de las empresas viste aún con harapos.
Una tarea que asumieron las autoridades de Ledesma es tratar de revertir la diáspora de industrias en el Centro Azucarero Regional de Tucumán (CART). El pésimo manejo de la comercialización del azúcar que se hizo este año terminó de convencer a los responsables de ingenios poco afectos a la institucionalidad de que era momento de alejarse de la entidad. Y, para colmo, cuando tomaron conocimiento de que no sólo no se iban a exportar los excedentes que quedaron de la zafra 2007, sino que se iba a importar azúcar por temor a sufrir represalias del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, algunos de estos empresarios optaron por no cumplir con la pauta exportadora y volcaron más azúcar al mercado, y todo derivó en caos. Hay cañeros que denuncian que los ingenios no les entregaron en el tiempo convenido el azúcar que les correspondía, y otros aseguran que ni siquiera les liquidaron las exportaciones. Los industriales "buenos" retrucan: ¿por qué los cañeros les tiran caña a los ingenios que no pagan, o que no exportan? La confianza dentro del sector azucarero tucumano se desplomó a niveles nunca vistos, y se instaló la maledicencia.
En este contexto altamente desfavorable, los cañeros se vieron obligados a marchar juntos, pese a las diferencias que los separan. Saludaron la llegada de Ledesma a Tucumán y se ilusionan con que esta vez la industria cumpla el compromiso de exportar 300.000 toneladas de azúcar hasta julio para limpiar el vapuleado mercado interno, medida que parece la única que podría sacar el precio del producto del estancamiento de los $ 56 o $ 57 por bolsa de 50 kilos. Con este venta externa pretenden generar ingresos para el sector del orden de los U$S 90 millones, que serán distribuidos entre los productores. El problema es estos fondos podrían ser la única financiación con que cuente la actividad, salvo que Ledesma asuma alguna tarea titánica, como la de financiar con la compra de azúcar, como hizo en los últimos años. La dificultad es que los recursos del gran ingenio argentino no deben ser ilimitados, y menos en un proceso expansivo de esta megaempresa, como el actual.
Por el lado de los escépticos se sienten murmullos que a veces atronan: "¿otra vez habrá que confiar el futuro de la actividad azucarera en estos industriales que se cansaron de asumir compromisos para luego incumplirlos, sin que la vergüenza o la deshonra los inquiete en lo más mínimo?", se plantean. Razones tienen en dudar. La realidad es que si no surgen señales urgentes de que el sector está dispuesto a consolidar una estrategia productiva y comercial sólida, la actividad continuará sobreviviendo de milagro, si es que sobrevive esta vez.







