La falta de asientos en el sistema escolar

07 Marzo 2009
Hace pocos días, ante la proximidad del comienzo de clases, insistimos en la necesidad de adoptar todos los recaudos para que esos inicios no sufrieran obstáculos de ningún tipo. Como se sabe, el período lectivo 2009 de Tucumán ha quedado abierto el jueves, como estaba programado.
Han aparecido, entonces, algunos inconvenientes para nada menores. De acuerdo con lo que publicamos, las fuentes gremiales estiman que el 35 por ciento de los 480.000 alumnos matriculados en la provincia está compuesto por nuevos ingresantes al ciclo secundario -que, de acuerdo con la ley, ya es obligatorio este año-, monto al que deben agregarse los que repiten, estimados entre 3.000 y 4.000 educandos. Tales cifras exceden la capacidad de los aproximadamente 80 establecimientos secundarios públicos de la provincia.Estamos entonces frente a un problema. A pesar de que el Estado ha construido, estos últimos años, una considerable cantidad de aulas nuevas, la cantidad de ellas no es suficiente para las concretas exigencias de espacio de la realidad educativa. Se hace necesario ampliar la capacidad de la infraestructura escolar de la provincia. No hay otro camino para enfrentar la situación.
Como informamos, hay casos -por ejemplo, en la Escuela "Celestino Gelsi", de Lules- en que la falta de asientos pudo ser remediada reubicando la mayor parte de los afectados en escuelas cercanas a su domicilio, y otra porción en un colegio privado, a costa del Gobierno. Pero es evidente que se trata de paliativos que no en todos los casos pueden aplicarse. La cuestión tiene mayor envergadura, y demanda, por cierto, soluciones de fondo. Lo que sucede en este problema, como en muchos otros, es que estamos sufriendo las consecuencias de lo que ocurrió, descontando excepciones, durante largas etapas del pasado. El Estado, en sus programas de obras públicas, no atendió las proyecciones de la matrícula, cuyo material le aportaban las estadísticas. Debió haber previsto con bastante aproximación el crecimiento de la población escolar que se produciría. Y, consecuentemente, debió también haber puesto en marcha - y ejecutado- planes realistas de edificación escolar. Por las razones que fuera, donde tuvieron buena parte las económicas, no se desarrolló un programa de esa índole. La edificación de escuelas distó de hacerse en la magnitud debida, y el nuevo impulso dado al tema en estos últimos años no ha podido enjugar en totalidad una fuerte carencia creada a lo largo del tiempo.
Obviamente, la realidad manda mirar hacia adelante y no detenerse a hacer cargos al pasado. Así, repetimos, lo que corresponde ahora es ponerse a la tarea de atender la cuestión de modo frontal. Se tienen las cifras de falta de asientos, y lo que corresponde es hallar el modo de solucionarla -y prever su crecimiento- en el menor tiempo posible. Esto sin perjuicio de que, entretanto, se apele a recursos como la reubicación de alumnos en otros establecimientos o su colocación en institutos privados.
Sin duda no puede dejarse de tener en cuenta, al formular estas observaciones, el desfavorable panorama económico -secuela del internacional- que rodea actualmente al país y a la provincia. Pero el Estado provincial, con el apoyo decidido del nacional, no debe cejar en el propósito, que ha ido expresando hasta ahora, de aumentar la cantidad de locales escolares dentro del territorio. Demandará un significativo esfuerzo presupuestario, pero es preciso llevarlo a cabo. Creemos que es posible postergar otros gastos oficiales y destinar sus partidas a los grandes e indiscutibles rubros de prioridad que, en todos los tiempos, encabezan la salud y la educación.

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