Compras de oportunidad
La expansión del grupo Ledesma inquieta a algunos y revitaliza a otros. El Estado cree que puede aportar U$S 230 millones a las exportaciones locales. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
Fabiana recorre los pasillos del supermercado buscando las ofertas. Añora esas viejas épocas en las que el changuito iba cargado de mercadería. Hoy se conforma con llenar un canasto con los artículos indispensables. Cada vez que va al súper gasta no menos de $ 70, sólo para comprar lo necesario para el día (según datos del Indec). La crisis ha impactado de lleno en el ánimo y en el bolsillo del consumidor. Los tucumanos hacen cola para comprar guardapolvos y útiles. El gasto en la canasta escolar, según la Federación de ONG, puede alcanzar el valor de un salario mínimo, unos $ 1.200. Los previsores sacaron el dinero acumulado gracias a las restricciones que significaron unas vacaciones austeras y usaron lo que quedó del aguinaldo. Los que no pudieron hacerlo recurrieron a la tarjeta de crédito y, en el peor de los casos, a las financieras. La debacle se va acentuando en Tucumán.
Sin embargo, el mercado ha impuesto términos en esta crisis. Por ejemplo, el de las compras de oportunidad. Así, observamos que en la Bolsa porteña las acciones de las empresas líderes caen estrepitosamente y al otro día suben, como si se tratara sólo de una tormenta de verano. Lo concreto es que esos vaivenes resultan de operaciones de bajo riesgo, en las cuales ningún operador se juega más de la cuenta y pone a la venta lo justo.
En definitiva, todo lo que sube debe bajar y lo que baja tiende a subir, especialmente en tiempos turbulentos. En ello radica la explicación de las compras de oportunidad. En este contexto puede inscribirse la absorción del ingenio La Florida por parte del grupo Ledesma.
La compañía de la familia Blaquier está en proceso de expansión en momentos en que el sector industrial tucumano sigue debatiendo estrategias sobre cómo sumarse al proyecto bioetanol. Los funcionarios de la Casa de Gobierno aseguraban el año pasado que Ledesma era uno de los jugadores que participaría en el armado de una planta deshidratadora de alcohol extraído de la caña de azúcar para producir bioetanol. Hasta ahora la iniciativa tucumana sigue siendo lo mismo que lo que se anunció hace varios meses: un proyecto. Ledesma, en cambio, avanzó. En la segunda quincena de enero dio a conocer que invertirá en Jujuy $ 65 millones para producir alcohol anhidro, con el fin de abastecer las petroleras, que deberán mezclar un 5% de sus naftas con biocombustibles a partir del 1 de enero de 2010, es decir, dentro de 302 días. Ahora, la compañía jujeña va por el alcohol fabricado en Tucumán. Lo que se dice, aprovechar el momento para hacer grandes negocios con visión de futuro.
No es lo ideal, pero le dará más seriedad a la actividad, evaluaba un operador azucarero local que tendrá que sentarse a acordar políticas con el nuevo jugador foráneo del mercado tucumano (el otro es el grupo Atanor, a cargo del ingenio Concepción).
En el corazón del poder -la Casa de Gobierno- hay funcionarios que le ponen fichas al desembarco del "gigante del norte" y a su contribución a las exportaciones provinciales. A grandes números, se evalúa, el aporte de Ledesma a la comercialización externa puede rondar este año de crisis en unos U$S 230 millones si saca su producción desde la provincia. Esto permitiría mostrar, a fines de año, un volumen exportador total de U$S 1.500 millones, casi el doble que hace dos años.
A diferencia de Fabiana, una ama de casa que hace piruetas para llenar el canasto con mercaderías, Ledesma cargó en Tucumán su changuito de súper. Ya se llevó el ingenio La Florida y es posible que esté analizando más compras de oportunidad.







