El comienzo del nuevo período lectivo

03 Marzo 2009
Como es conocido, el jueves próximo habrá de iniciarse el período lectivo en la provincia de Tucumán. Esa etapa, en la Capital Federal, en la provincia de Buenos Aires y en otros distritos del país, se ha puesto en marcha ayer, con varios problemas derivados de medidas de fuerza de los docentes. De acuerdo con la información periodística, unos seis millones de chicos deberán esperar entre 24 y 72 horas hasta que se normalice, según se espera, un conflicto que abarca a más de la mitad de las 24 jurisdicciones escolares argentinas.
Es de desear entre nosotros, donde existen igualmente planteos salariales de los docentes, que la situación respectiva pueda superarse y que las clases tengan un comienzo normal.
Un argumento tan sabido como significativo abona esta postura. Nadie puede discutir que, en los conflictos entre la docencia pública y el Estado -que distan de ser infrecuentes- los perjudicados directos son los alumnos. Mientras la tensión se mantenga, no reciben clases, con todos los perjuicios que de tal hecho se derivan.
Dentro de los tiempos difíciles que vivimos en diversos sentidos, lo que se refiere a los niños y adolescentes constituye un inquietante capítulo aparte. Está a la vista de todos que allí la escuela tiene un rol fundamental para cumplir. Las aulas no solamente significan el aporte de conocimientos, sino que son también ámbitos de contención social cuya trascendencia nunca se encomiará lo suficiente.
Nuestra época no es nada favorable para la adecuada formación de los menores. Flagelos como las adicciones -droga, alcohol- que azotan esa franja de la población, en un contexto de permisividad general y de crisis de valores, amenazan seriamente a quienes recién empiezan a caminar por la vida. Nadie puede negar lo trascendente que resulta, en primer término, la tarea de orientación y de fijación de límites que debe cumplirse en el hogar. Pero ella tiene que ser simultánea con la desarrollada por los docentes. En la escuela, el menor pasa una significativa cantidad de horas del día, a lo largo de las cuales se va definiendo su personalidad.
Que ese influjo formativo, indudablemente benéfico, se interrumpa a causa de problemas salariales entre los docentes y el poder público, es algo cargado de una fuerte negatividad.
No deben escatimarse esfuerzos para solucionar con celeridad cualquier inconveniente de esa índole, precisamente por los valores que, en última instancia, están en juego. Instruir debidamente a niños y adolescentes debe constituir el supremo propósito, para una comunidad que aspire a recorrer ventajosamente la senda que marcan los tiempos modernos.
En la sociedad del presente y del futuro, como todo el mundo lo sabe, la formación intelectual tiene carácter de exigencia prioritaria, de lo que surge la imperiosidad de atender el punto con la más esmerada dedicación.
Es la escuela la institución que aportará las armas necesarias para encarar el desafío. No solamente proveyendo la instrucción, sino también ese bagaje de valores morales que necesita premiosamente un joven de nuestro tiempo. Desde sus orígenes, tal es la tarea honrosa que ha cumplido la escuela argentina. A todos nos interesa que la siga llenando con creces. Así las cosas, parece adecuado expresar el anhelo de que esa acción pueda iniciarse en la fecha fijada y cumplirse, de allí en adelante, sin inconveniente de ninguna naturaleza.A tal finalidad deben tender todos los esfuerzos del Estado y también de los docentes, cada uno en su ámbito.

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