"¡Plop!", para los cuarenta y nueve

Alperovich dejó pintado a Manzur y mal parados a los legisladores, que habían acordado con el PE una suba escalonada de sus dietas. Por Fernando Stanich - Redacción LA GACETA.

28 Febrero 2009

Solo faltó que apareciera Condorito e hiciera "¡Plop!". En realidad, los que se cayeron de espaldas -y no precisamente por una frase chistosa- fueron los 49 legisladores. Suena a humorada, pero lo que pasó esta semana es mucho más serio de lo que parece.
La broma pesada la soportó el Poder Legislativo. La sátira la puso el gobernador, José Alperovich. Y, al final, el vicegobernador, Juan Manzur, quedó más dibujado que el cómic ideado por el chileno Pepo hace más de 60 años. La historieta no es nueva, pero no por reiterativa deja de sorprender. Los personajes son los mismos, las viñetas también. Los chascarrillos casi que aburren. Pero preocupan.
Alperovich no patentó ninguna tira novedosa. Sólo profundizó la que ensaya desde que asumió para sí el dominio de Tucumán. Y como tantas veces Doña Tremebunda a Condorito, lanzó una cachetada a la independencia de poderes. Otra vez, Manzur agachó la cabeza y los legisladores siguieron por capítulos la tira que se escribió en otro despacho. Sobre todo los oficialistas, si es que alguna vez creyeron ser los protagonistas del cuento.

Puro cuento
La fábula pretende que el gobernador se irritó porque los legisladores se aumentaron un 50% sus sueldos justo cuando él exige austeridad. Pero lo que las secuencias no muestran, según supone el relato, es que él mismo avaló una suba en los ingresos de los legisladores, durante un asado en su casa, para que cobren igual que un ministro. ¿Buscaba jerarquizarlos? Hay quienes piensan que allí podría estar la broma. Y por eso se ríen.
Quienes siguen la historieta desde sus orígenes aseguran que el final no podría haber sido otro. ¿Alperovich iba a terminar cayendo de espaldas? Difícil. Condorito casi nunca es el sorprendido. El gobernador actuó como lo hizo en las últimas escenas. Cuando se encuentra con algún legislador, le dibuja una sonrisa y se pone el traje de adulador. Le pinta, abrazo mediante, que "es el mejor legislador de todos". Después, ya fuera de cámara, vuelve al rol protagónico y le recuerda que es un actor de reparto. Y no hay lugar a risas.
Con la marcha atrás de Manzur, el Poder Legislativo quedó más parecido a una escenografía de cartón que a un edificio de hormigón armado. O peor aún, a un molde de goma eva tijereteado según el antojo del gobernador. No es ningún cuento que la crisis económica torna imprevisible el futuro y que se impone un recorte en los gastos superfluos del Estado. Pero no es menos real que sólo un ajuste de $ 1,6 millón al año (eso hubiese implicado la suba salarial para los legisladores) no permitirá pasar el chubasco. Hay que predicar con el ejemplo. Si se impone el gesto a legisladores, lo menos que se espera es un acto de arrojo en ministros, secretarios y subsecretarios. También en concejales e intendentes. Y lo propio debería considerar el vicegobernador. ¿Es conveniente embarcar al Estado en la construcción de una nueva sede legislativa por más de $ 92 millones, según consta en el presupuesto oficial de la obra? El sueño de la casa propia lo comparten miles de tucumanos, pero no todos tienen las mismas oportunidades.

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Ningún chiste
El Estado no ahorra dinero. Puede gastar o malgastar la plata. ¿Subir el sueldo de los legisladores entraría en la segunda alternativa? Depende de cómo se lo mire, porque existe en el país una discusión pendiente sobre los niveles salariales socialmente deseables para los funcionarios públicos. ¿Es correcto que un ministro del gabinete, designado por el gobernador, cobre $ 9.000 y que un legislador, elegido por el pueblo, perciba $ 5.000?
Según la visión alperovichista, sí. Al menos, es lo que se desprende de sus actitudes públicas. En 2006, cuando elevó el sueldo de sus colaboradores, lanzó una frase sugestiva: "toda decisión irrita, pero prefiero un funcionario bien pagado, no uno que no trabaje y robe por detrás". De sus palabras puede inferirse hasta una ofensa a los legisladores. O, si se quiere, hasta un gaffe político: ningunea a los hombres que en agosto de 2007 aportaron 450.000 votos de los 520.000 que obtuvo la fórmula Alperovich-Manzur. Menoscaba a los mismos que en octubre saldrán a caminar la provincia en su nombre.
¿Lo harán con el mismo ímpetu? Difícil. Aunque de más está decir que ningún legislador, por más enojado que diga sentirse, sacará los pies del plato. Alperovich no es el Néstor Kirchner de hoy. De hecho, uno de los legisladores que más se hizo el "gallito" por la suba de sueldos terminó en la mañana del jueves en la casa del gobernador. ¿Para hablar de las dietas?... Frío, frío. Le pidió un par de pelotas y de trofeos para un torneo de fútbol. Aquí también se puede sumar otra polémica: ¿si un legislador sólo cobra $ 5.000, puede tolerar semejante desplante? A la respuesta, quizás, haya que husmearla en los gastos de bloque, sociales o de funcionamiento, como quieran llamarlo. Pedro Balceda puede dar fe: desde que le niegan cobrar este ítem, sólo falta que pida que le inviten el café. "No se fije en gastos, compadre", podría retrucarle Don Chuma.
"Exijo una explicación", diría el propio Condorito tras leer la historieta que Alperovich escribió esta semana y a la que Manzur le puso un toque de humor. En realidad, hasta podría sonar gracioso si es que el reclamo de explicaciones no fuese un planteo recurrente de la sociedad. Pero mientras la realidad política pueda ser encuadrada dentro un cómic, a los tucumanos sólo les quedará la alternativa que consagró aquel cóndor humano: ¡Tome PIM... y haga PUM! Y no es ningún chiste.

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