La novela sin fin del Mercado del Norte

Espectadores del tire y afloje entre los puesteros y la Municipalidad, los tucumanos siguen soportando un edificio ruinoso. Una larga historia. Por Magena Valentie - Redacción LA GACETA.

26 Febrero 2009

"La caldera del diablo" fue la primera novela televisada y quizás la más larga. Su ceñida madeja de conflictos, que giraban en torno de los mismos temas, permitía dejar y retomar el hilo en cualquier capítulo, con la sensación de que habían pasado muchas cosas pero nada había cambiado. La intrincada historia del Mercado del Norte se le parece en ese punto. Los encuentros y los desencuentros entre los puesteros y la Municipalidad son tantos - y todos traducidos a decretos y ordenanzas, que ya nadie sabe quién tiene razón. El ovillo de normas, con sus ambigüedades y contradicciones, de acuerdo con el matiz de cada gobierno de turno, supera ampliamente los 514 episodios de la novela de la 20th Century Fox Television.
La diferencia con la ficción es que, en el caso del mercado, se trata del patrimonio de los vecinos de San Miguel de Tucumán; de un ícono de la ciudad que es mirado por miles de turistas cada año. En Europa se llevan a cabo tours de mercados, porque en opinión de muchos viajeros visitarlos es la mejor forma de conocer un lugar. Tomar contacto con los sabores de cada cultura y con el habla coloquial es otra manera de sumergirse en el espíritu de cada pueblo y arrancarle una postal única e irrepetible.
Internet permite disfrutar en parte de los coloridos mercados de Bolivia, que son muy pintorescos; de los de Hannover, en Alemania; de los de Barcelona, en España; o de los monstruosos de Brasil, con sus cientos de variedades de frutas y verduras.

Afectos
En Tucumán la vivencia del mercado se relaciona más con la vida afectiva de los tucumanos que con el turismo. Se pone en juego el ritual de quienes han terminado su circuito de compras por El Bajo y por la calle Maipú y se van al mercado a comer una pizza, como premio, sin importarles lo incómodo que sea subirse a un banco alto o tener que dejar las bolsas sobre el suelo.
El mercado es un lugar distinto del súper; un lugar donde no existen las colas y donde más de jovencita habrá encontrado el amor de su vida tras el mostrador de una carnicería. Un lugar social, donde las amas de casa se hacen amigas del verdulero y comparan precios. El problema hoy son la suciedad y el abandono, criticado por propios y ajenos al mercado. A nadie le gusta el edificio tal como está, o como quedó. Años de peleas. La Municipalidad que se queja de que los puesteros no pagan el canon, o de que algunos lo hacen y otros no, o de que pagan poco, y les aumentan la cuota de tal suerte que todos resultan deudores. Los puesteros protestan porque -dicen- no se les terminó el contrato y el Estado sólo puede sacarlos con una orden de desalojo. La Municipalidad amenaza con correrlos a todos. Los vendedores replican que van a resistir a toda costa. Los años pasan y el conflicto no se resuelve. Los funcionarios quedaron entrampados en los vericuetos de las normas que ellos mismos generaron. El resultado es que fenecieron los plazos para desalojar y no pasó nada. Los puesteros acudieron a la Justicia. Y mientras tanto, el mercado decae con cada día que pasa. Las mutuas promesas de inversión (de los puesteros) y de diseño de un proyecto de mejoramiento (de la municipalidad) se las llevó el viento. Los tucumanos siguen padeciendo un mercado en las peores condiciones. ¿Por cuánto tiempo más?
El Gobierno ya ha resuelto que no habrá más mercado, y que en su lugar se levantará un moderno centro de compras. Para calmar a los defensores del patrimonio arquitectónico prometió mantener la estructura del edificio. Pero no logró convencerlos. En una nota enviada al intendente, la Junta de Estudios Históricos le pidió que no cambie el destino del mercado y que solamente se restaure el inmueble. "Actualmente las tecnologías de reconstrucción permiten que edificios en peor estado hayan sido recuperados", asegura el texto. "El patrimonio histórico hace a la memoria de los ciudadanos -advierte el Colegio de Arquitectos-. Sin patrimonio las ciudades pierden su identidad.
Al parecer, el próximo capítulo de la "Caldera del Mercado del Norte" tendrá a la Justicia como invitada estelar. ¿Lograrán los aires modernistas del gobierno terminar con una institución creada en 1880, sobre los terrenos del viejo Mercado del Algarrobo? ¿Se convertirá la esquina de Maipú y Mendoza en un iluminado y elegante paseo de compras? ¿Perderá la ciudad uno de sus rasgos pintorescos? ¿Adónde irán a comer pizza los tucumanos ajenos a la cultura del shopping? No se pierda el próximo episodio. Puede ser el último (o no).

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