MADRID.- “Si alguien tiene algún Goya al mejor documental y no es suyo, por favor que entre en razón y lo devuelva, porque es algo irreemplazable”, suplicaba ayer la presidenta de la Academia del Cine español, Angeles González-Sinde. Y es que, ganar un Goya es difícil y cuando se logra, la alegría de los galardonados es infinita, como se pudo apreciar en la ceremonia de entrega celebrada el domingo: llantos, gritos, risas, nervios... Perder uno de esos bustos, y encima pocos minutos después de haberlo ganado, debe ser algo horrible para el premiado.
Eso, precisamente, es lo que le ocurrió al cineasta Albert Solé, que en la 23 edición de los reputados galardones se llevó el Goya al mejor documental por “Bucarest. La memoria perdida”, una película que repasa la lucha de su padre, el catalán Jordi Solé Tura, uno de los padres de la actual Constitución española y ex ministro de Cultura.
El documental no sólo muestra la lucha política de Solé Tura contra el franquismo desde el exilio, sino también el combate contra una enfermedad tan cruel como el alzheimer.
El busto del famoso pintor, que tanto le costó ganar a Solé, no llegó a su casa, sino que se perdió por el camino. Tras la gala en el Palacio de Congresos de Madrid y en una noche fría y lluviosa, Solé se fue de fiesta, a celebrar como era debido.
Salió de marcha
En los Goya, como en los Oscar, es habitual que los equipos de las películas más importantes organicen fiestas privadas en locales de moda de Madrid. Es lo que hizo el de “Los crímenes de Oxford”, de Alex de la Iglesia, que se llevó tres galardones (mejor montaje, mejor música original y mejor dirección de producción). Y a esa fiesta en una discoteca de una de las zonas de marcha de Madrid se unió Solé. El cineasta dejó su preciado busto en el guardarropa y, cuando acudió a recogerlo ya no estaba donde lo había dejado. Al parecer, la chica del guardarropa se lo había dado a “un chico de gafas”.
“Es mío, por favor, y me ha costado mucho ganarlo”, suplicaba el director desolado. “Albert Solé tiene un disgusto del diez”, corroboró la presidenta de la Academia. “Apagamos las luces y que lo devuelvan, no haremos preguntas”, dijo González-Sinde al rogar la devolución.
Los Goya están esculpidos por el artista José Luis Fernández desde 1987. Son trabajosos y costosos de realizar y ninguno es igual a otro. Aunque la Academia no ha dado nunca a conocer su valor material, se estima que puede situarse en torno a los 1.000 euros. Pero el valor simbólico y sentimental del Goya es impagable. (DPA)








