Pinto con la tierra

El plástico tucumano Oscar Domínguez, radicado en Italia desde hace 10 años, ha montado sus trabajos en distintas ciudades de Europa. "No soy alguien que hace estatuas; soy un artista que instala su obra en un pueblo que lo inspira", dijo.

21 Enero 2009

Ciao (se pronuncia ?chao?) es una interjección italiana utilizada tanto para dar la bienvenida como para despedirse. Así saluda el artista tucumano Oscar Domínguez para decir ?hola? en plena plaza Independencia. Y la confusión que causa este gesto termina desconcertando a los que lo escuchan. Es que Domínguez vive hace 10 años en Italia y al parecer se ha acostumbrado tanto al habla de los vecinos con los que convive, que le resulta difícil no mezclar algún término con nuestro particular español. Hace tres años que no visita su tierra natal y el regreso se corresponde con el anhelo de ver a la familia que tanto extraña. Actualmente está instalado en la Faenza, cerca de Bolonia, al norte de Italia, y sus trabajos con instalaciones lo tienen ocupado desde el amanecer hasta el ocaso.
El arte de las instalaciones consiste en la creación de ambientes sensoriales y emotivos. En una instalación, los objetos no existen separados de la acción artística. Domínguez trata de crear entornos de vivencias estéticas, emotivas, sensoriales, sensuales e intelectuales a través de objetos con cerámica, hierro y diversos elementos de la naturaleza como madera y paja seca. "Si tengo que pintar algo lo hago con la tierra misma. No me gusta esconder la naturaleza de cada material que empleo", explicó.
El tucumano planea concluir en 2010 su homenaje al escritor Eduardo Galeano, de quien se declara acérrimo lector y verdadero amigo. "Eduardo es una gran inspiración para mi. Hacer una muestra con su obra me lleva como mínimo dos años. Por suerte somos buenos amigos; él y su esposa son excelentes personas y me encanta visitarlos cuando estoy en Buenos Aires", contó Domínguez. El proyecto, expuesto en forma de trilogía y del cual ya se han publicado dos de los tres tomos, es un compilado de muestras e instalaciones que el artista tucumano ha realizado en diferentes localidades italianas. "Memoria del fuego" (2004), "Bocas del tiempo" (2007) y el aun no publicado "Espejos" (2010) conforman esta trilogía homenaje que cuenta con la fotografía de Fabio Liverani, del National Geographic. "A pesar de que soy aficionado a la obra de Eduardo no intento ilustrar su trabajo con lo que hago; me sirve más como inspiración", agregó.
A la hora de definir su trabajo Domínguez no teme diferenciarse de los otros géneros. "Lo que hago no es objetivo. No soy alguien que hace estatuas o algo por el estilo; soy un artista que instala su obra en un pueblo que me inspira. Las ideas surgen con el lugar. A veces tardo un año en conocer algún sitio para después instalar mi obra ahí", comentó. Así, ya hay varias ciudades italianas que poseen en sus calles obras de este tucumano destacado. "Sin ser despectivo, creo que tuve la suerte de vivir una cultura diferente. En Europa hay un mercado para el arte y me siento muy cómodo cuando me preguntan a qué me dedico. Aquí, en cambio, el artista necesita de una profesión complementaria más respetable por así decirlo para ser considerado como tal", explicó.
Con respecto a su vida en el viejo continente este hombre de menuda barba oscura asegura que las oportunidades son más amplias y fructíferas. "En Europa le saqué el jugo a todo. Eso me hizo recordar un proverbio chino que dice: ?lo que menos ve el pez es el agua?. Nosotros hacemos justamente eso; no vemos nuestras propias potencialidades", dijo. Su trabajo a lo largo de una década ha demostrado que este proverbio es un constante recordatorio al cual suele recurrir con frecuencia. "Hay que trabajar muchísimo. Los días se hacen largos porque siempre estoy en diferentes lugares de una manera muy activa que me impide flaquear. Lo malo es que todo se vuelve muy rutinario y yo soy de esos que odian prever lo que va a pasar", especificó.

Los inicios
La actual realidad de Domínguez empezó hace 10 años cuando el artista, por insistencia de su esposa, decidió cruzar el océano sin saber lo que esto implicaría. "Yo trabajaba acá pero con mucha calma y sin muchas expectativas. Luego mi esposa decidió viajar a Europa por una especialización y decidí acompañarla. Tuve la suerte de encontrarme en el lugar y en el momento justo, y todo transcurrió de manera sumamente espontánea. Pude comprarme una casa en Italia gracias a mi trabajo y es el lugar que hoy en día utilizo como taller", aseguró.
En cuanto a la personalidad del artista todo gira en torno de sacar el mayor rédito posible de su talento. "Soy muy exigente conmigo mismo. Estoy contento pero me exijo cada vez más y quiero dar lo mejor de mi. Trabajo en continua evolución", dijo. Tal vez esta ferviente predisposición sea la que le mereció los numerosos premios y distinciones que recibió en los últimos tiempos.
Para 2011, Domínguez tiene planeado llevar a cabo un trabajo en los valles tucumanos sobre instalaciones en las que predominen el agua y el frío. "Me gusta visitar mi provincia. Lo curioso es que uno no sabe si regresa o llega por primera vez porque en Italia también tengo mi hogar", concluyó.

Publicidad
Tamaño texto
Comentarios
Comentarios