Julio Palacios lleva sus flautas y el poncho tucumano a Cosquín

El reconocido aerofonista será el embajador cultural de la capital tucumana en el tradicional festival de las sierras cordobesas. Quiere ser una vidriera cultural y turística de la provincia.

REPRESENTANTE. Julio Palacvios actuará por quinta vez en el escenario mayor del folclore argentino.
REPRESENTANTE. Julio Palacvios actuará por quinta vez en el escenario mayor del folclore argentino.
20 Enero 2009

El lunes 26, las "flautas mágicas" del músico tucumano Julio Palacios subirán al escenario mayor del festival folclórico de Cosquín por quinta vez.
Considerado uno de los mejores intérpretes nacionales con aerófonos andinos, Palacios tendrá allí una de las principales paradas de la gira que lo llevará por Catamarca y Formosa.
"Es el sueño de todo folclorista poder tocar ahí, pero también me importa mucho la peña de los tucumanos en Cosquín; ese es el lugar indicado para invitar a la gente a que conozca nuestra provincia. Se trata de dejar una huella cultural y turística. Es necesario que Tucumán vuelva a insertarse en el alto folclore, y esta es la oportunidad", dijo.
El artista recibió una distinción por parte del intendente de San Miguel de Tucumán, Domingo Amaya, para viajar al tradicional festival en calidad de embajador cultural y entregarle al intendente de Cosquín el auténtico poncho tucumano. "Este gesto de la Municipalidad no hace más que enaltecer a la provincia para dar cuenta de nuestra presencia en Córdoba. El hecho de llevar el poncho significa una gran responsabilidad para mi", explicó.

Pluralismo estético
Palacios no sólo se circunscribe al folclore como expresión musical, sino que se define como un músico multifacético en el que la universalidad del arte y el pluralismo sonoro marcan su vanagloriada trayectoria.
"Experimento con todo tipo de música. Sé tocar el bombo, la guitarra y el charango, pero me expreso de verdad con los instrumentos de viento como el sikus, la quena y la flauta de pan o antara. A través de ellos puedo plasmar mis sentimientos de una manera única", comentó.
El reconocimiento que se ganó, tanto de la crítica como del público, le permitió viajar por toda Europa y por los desiertos egipcios para dejar la huella del pequeño territorio argentino al que pertenece. "La música es mi vida y gracias a ella pude viajar por el mundo. Allá mi talento es muy respetado y ovacionado; incluso una vez me pidieron que me quedara a vivir, pero mi casa está acá", aseguró.
Además de crear música, este flautista originario de Aguilares se dedica con firmeza al arte de la luthería y con muy buenos resultados. Tanto que llegó a importar sus productos a lugares como Japón, entre otros países. "Siempre quise fabricar mis propios instrumentos y sacarle el mejor sonido posible. Fabricar un instrumento es como fabricarse la mujer ideal. Yo lo hago por una cuestión personal. Hoy, gracias a Dios, puedo vivir de lo que hago", dijo.

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Simbiosis de sonidos
En cuanto a la fusión del folclore con otros ritmos, Palacios reconoce que en la actualidad el resultado es despreciado por los artistas más conservadores. Sin embargo, él cree que la simbiosis de sonidos es un inevitable resultado de las inquietudes propias de muchos músicos, y que no debería dejarse de lado.
"Todos los pueblos del mundo tienen su expresión musical tradicional pero con el fenómeno de la globalización tienden a mesclarse los géneros e incluso los instrumentos. Esto tampoco es muy novedoso que digamos porque es fácil recordar la misma intención en los 70 con la canción ?El cóndor pasa? de Simon and Garfunkel", concluyó.

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