MADRID.- Sería lógico pensar que nadie mejor que ellos podrían hacer entender en imágenes lo que encierran sus metáforas. No es complicado encontrar a escritores entre los créditos de los filmes inspirados en sus propias novelas. Por lo general, su participación se limita a convertir su texto en un guión cinematográfico, pero existe una generación de literatos capaces de colocarse tras la cámara para intentar dar la mejor versión cinematográfica de sus escritos.
En el caso del francés Francois Begaudeau se convirtió en el protagonista de la adaptación de su novela “Entre les murs”, la última ganadora de la Palma de Oro de Cannes y en la que encarna a un profesor enfrentado a un grupo de escolares procedentes del multicultural distrito XX parisino.
El director Laurent Cantet adapta libremente en “La Clase” -así se titula esta cinta que se ha estrenado este fin de semana en España- lo narrado por Begaudeau. Juntos elaboraron mano a mano un guión que no quedó cerrado hasta el final del largo proceso de ensayos, de un año de duración y que hace de este experimento cinematográfico algo mucho más natural y realista que cualquier ficción al uso.
Para un autor tan polémico y personal como Michel Houellebecq su salto al cine resulta más que razonable. “La posibilidad de una isla”, una de sus novelas más conocidas, lleva su cruda visión de la vida y su carga sexual a las salas de proyección, convirtiéndose así en un espectáculo de masas. La cinta, rodada en Lanzarote, donde Houellebecq ambientó la historia original, de momento sólo ha sido estrenada en Francia tras proyectarse en dos festivales de peso Locarno (Suiza) y Sitges. A pesar de ser un escritor muy cinematográfico, la crítica no reconoció el intento del francés, quizá por falta de destreza como director, y su película está peor considerada que algunas de las adaptaciones anteriores.
Esa reticencia de los medios especializados a ver en los literatos un talento narrativo en el ámbito audiovisual también le ha pasado factura a Paul Auster. El neoyorquino, que si bien ya contaba con experiencia en el medio gracias a sus colaboraciones con Wayne Wang y su personal debut en solitario “Lulu on the bridge”, no parece haberse curtido lo suficiente en estas lides, a juzgar por la fría acogida de “La vida interior de Martin Frost” en el Festival de San Sebastián de 2007.
Por el momento, Auster ha preferido dejar en manos del argentino Alejandro Chomski la versión cinematográfica de “El país de las últimas cosas” y se limita de nuevo a escribir el guión de la película.
En el caso de Guillermo Arriaga era cuestión de tiempo que le llegara el turno de colocarse tras la cámara. Y lo hizo con “The burning plain”. (Especial)







