"Feliz el árbol, que es apenas sensitivo", dice un poema de Rubén Darío. Quien pase por avenida Aconquija al 700 podrá imaginarse el esfuerzo de estos dos ejemplares distintos -un eucalipto y un palo borracho- que fueron plantados en el mismo sitio. Quizá sean un bello ejemplo de la vida social: la gente, aunque sea diferente, debe aprender a llevarse bien y a compartir, en bien de la comunidad.






