Vaticinan que lo peor de la crisis internacional aún está por venir

El futuro de la economía genera pesimismo.

18 Noviembre 2008

CIUDAD DE PANAMA-PANAMA (De nuestro enviado especial, Marcelo Aguaysol).- El tren de la recesión que causó la crisis financiera ya salió de la estación. Muchos de los 500 banqueros sentados en el Salón Campo Alegre del Hotel Marriot Panamá se sintieron incómodos al escuchar ayer el diagnóstico del ex miembro del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca y del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, Noriel Roubini. "Esta recesión no será corta, como la de 2001, que duró seis meses en EEUU. La actual recesión será de entre 18 y 24 meses, y los signos de crecimiento económicos recién se percibirán hacia 2010", vaticinó una de las voces más escuchadas en el mundo de las finanzas. Los banqueros sintieron que aquel tren se les venía encima. El conductor de Economía y Finanzas de la CNN en Español, Alvaro Padilla, moderador del panel con el que se abrió la XLII Asamblea de la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban), denominó al actual momento de la región como "la depresión tropical", levantando sonrisas nerviosas entre los presentes.
Roubini continuó con su diagnóstico. Dijo que el tren de la recesión será como una "U" (desaceleración económica con una meseta prolongada hasta una nueva expansión), pero que no será tan severa como la Gran depresión de 1929 o de la "L" (estancamiento) de Japón en 1991. Esa proyección es diametralmente opuesta a la que el economista Mario Blejer dio el jueves pasado, en el marco del ciclo de conferencias de LA GACETA. Blejer había dicho que, en la sopa de letras de la economía, la recesión tendría una forma de "V", es decir, desaceleración, pero pronta recuperación, hacia el segundo semestre de 2009.
Ayer, a través de una videoconferencia en Panamá, Roubini dio cierto margen de interpretación sobre los efectos de la recesión, que partió de la estación durante el tercer trimestre de este año. "El crecimiento posterior a la crisis será tan débil que se sentirá como una recesión", lanzó. Profesor de Economía en el Stern School of Bussines de la Universidad de Nueva Cork, Roubini argumentó que tiene muy buenas razones para ser pesimista. Expresó que los más optimistas señalan que, al haber caído tanto los precios internacionales, la economía está cerca del fondo y, desde allí, puede resurgir. "Yo soy más pesimista: lo peor está por venir, más aún, hay riesgos de que sigan cayendo los valores de los activos", expresó, sin medias tintas. Y esto, según su concepción, se extenderá, porque "los consumidores de todo el mundo dejaron de consumir, y los inversionistas, de invertir", lo cual incrementa el riesgo de "un descalabro sistémico".
Los datos macroeconómicos deslizados ayer en la videoconferencia muestran que los costos financieros y sociales de la crisis son muy elevados. Roubini, en ese sentido, indicó que el plan de rescate financiero está actuando más lento que la evolución de las pérdidas que le generó al sistema de créditos. "Esas pérdidas van a estar cercanas a unos U$S 2 billones , frente a los U$S 250.000 millones que hasta ahora se han utilizado para el salvataje en EEUU", planteó. En el plano social, el economista indicó que la debacle causará la pérdida de unos 3 millones de puestos laborales en su país, tres veces más que lo revelado con los últimos indicadores oficiales de EEUU.
El estrés financiero continuará, pero hay una buena noticia para el sistema, desde el punto de vista de un pesimista como se autodefinió Roubini ante el auditorio: "las agresivas políticas del sector público le están brindando algo más de liquidez al sistema financiero, lo cual puede ayudar a prevenir que la crisis no sea más severa".

Arrastre
Las perspectivas para América Latina (y para la Argentina en particular) tampoco son alentadoras. Según Roubini, muchas economías de la región tienen su economía dolarizada que, por efecto de la globalización, serán arrastradas por la debacle de Estados Unidos. Recordó el caso argentino de fines de 2001, sobre las consecuencias de una deflación en las economías emergentes y los problemas que genera una dolarización de la deuda pública de un país y los shocks que ello causa en el sistema financiero local. En ese escenario, "las monedas (locales) tienden a debilitarse frente a una gran deuda real en moneda extranjera", dijo. No obstante, Roubini manifestó que no hay que meter a todos los países en la misma canasta. "La mayoría tuvieron buenas políticas y buena suerte para encontrarle el camino (la vuelta) a la crisis, como Argentina, Brasil o Chile. Y eso se tradujo en un balance fiscal positivo", puntualizó. Y alertó que, frente a la gran crisis financiera del momento, "no todos los países (sin identificarlos) pueden darse el lujo de brindar incentivos fiscales", como un salvataje al sistema financiero frente a la debacle.

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