Un huracán de pasiones
"Noches de tormenta". Adrienne Willis está separada de su esposo y tiene algunos problemas para criar a sus hijos adolescentes. El doctor Paul Flanner está en el peor momento de su carrera profesional y se ha alejado de su hijo. Adrienne y Paul se encuentran en una posada y, durante una fuerte tormenta, nace el romance.
El director Georce C. Wolfe no pierde el tiempo: en pocos minutos muestra la realidad cotidiana de su heroína y, en paralelo, pinta con precisión la personalidad del otro protagonista, un médico desencantado de su profesión y angustiado por la inexistente relación con su hijo. Ella y él van a coincidir en una posada literalmente plantada en medio de una playa desierta, un lugar paradisíaco y a la medida para que se produzca el encuentro romántico; más, si se tiene en cuenta que la pareja está sola en la casona. La llegada de una tormenta con vientos huracanados actúa como catalizador para encender la pasión que nace de la evidente química que surge entre los protagonistas. En este punto, cabe asignarle los méritos correspondientes a Diane Lane y a Richard Gere, cómodos en papeles que han transitado muchas veces. Los méritos del director se anotan en la columna de la realización, y en la fluidez de la narración favorecida por un guión que apela a los golpes bajos necesarios y suficientes en este tipo de historias, pero sin cargar las tintas en demasía. Con apelaciones al sentimentalismo que logran que en la platea se abran las carteras para que surjan los pañuelos, la narración asume un tono dramático sobre la segunda mitad, y aquí nuevamente se nota la prudencia del realizador para no dejar que se película se convierta sólo en un relato lacrimógeno. Sin embargo, el filme no termina de redondearse a causa de la falta de originalidad de ciertos giros de la trama, que llevan al espectador por senderos demasiado transitados. Con todo, es una buena propuesta para los que les gustan estos relatos.
Juan Carlos Di Lullo
Redacción LA GACETA







