Una prosa magistral, de engañosa transparencia

Birmajer entrega cuatro relatos, que pueden leerse de manera independiente o como una novela, sobre un escritor judío argentino. "Tres hombres elegantes", Marcelo Birmajer(Seix Barral - Buenos Aires). Por Carmen Perilli.

DIESTRO ESCRITOR. El guionista de El abrazo partido dosifica muy bien los ingredientes en su último libro. DIESTRO ESCRITOR. El guionista de El abrazo partido dosifica muy bien los ingredientes en su último libro.
26 Octubre 2008

La novela comienza de modo directo: “A dos de ellos los conocí personalmente, y del tercero supe por una anciana”. Desde ese instante el lector se entrega al placer de la narración, contagiado por el placer que el autor siente al entregar una buena historia. Un autor que no sólo sabe cómo escribir sino que tiene en cuenta la necesidad de mantener nuestra atención, interpelando todo el tiempo, despertando el interés.
El protagonista narrador, histórico alter ego del autor, es Javier Mossen, un anti-heroico guionista y escritor judío argentino. Su oficio, y hay aquí continuas referencias a las relaciones entre la literatura y los medios de comunicación, lo lleva a lugares muy diversos. Las historias enhebran Tel Aviv, Medellín y El Tigre. Los cuatro relatos pueden formar o no una novela, ya que pueden ser leídos como cuentos independientes. La unidad entre ellos está dada por la figura del autor, que parodia con humor su lugar. Cada uno comienza con un enigma mínimo y con una indagación, donde nos aguarda la sorpresa de un dato escondido. Todos los ingredientes están muy bien dosificados por el diestro guionista de El abrazo partido.

Historias en las historias
En el primer relato, el diálogo con Tzvi Merlitz, escritor judío, en un bar israelí, se produce cuando se encuentra bajo la presión de cambiar un guión, creando una mujer infiel. La historia responde tanto a la pregunta de por qué un consagrado autor colaboraba con una oscura publicación en Buenos Aires como a sus propios interrogantes sobre el guión. La respuesta está en la historia de amor del anciano.
En el segundo capítulo Mossen ha viajado a Medellín, donde participa con un guión en un programa de entretenimientos conducido por Gema, copia de las divas del espectáculo. La parodia de la industria del entretenimiento será el escenario donde aparece el segundo hombre elegante, Furio, un cantante que, con su dignidad, subvierte el gesto banal de la conductora.
En la tercera historia el escritor, que vive en Buenos Aires, está envuelto en su crisis personal. Curiosamente es nombrado jurado de un concurso de cuentos en un hogar de ancianos. Allí se encontrará con la tercera historia en el relato de una anciana, un relato que sucede nuevamente en Israel. La elegancia de todas estas figuras reside en el “estilo” personal que imprimen a su vida.
Dejé para el final la alusión al apéndice: “Dos mujeres elegantes” (No se entiende por qué el libro no se llama “Tres hombres y dos mujeres elegantes”). Acá se advierte una sustancial variación de tono en la colección. Un hombre se enamora de dos mujeres, madre e hija, en medio de una tragedia. Este último relato, el menos desarrollado y probablemente el más rico, se independiza del resto del libro.
En esta obra Marcelo Birmajer crea una prosa engañosamente transparente: todo el tiempo aparecen historias dentro de las historias. El lector recorrerá el libro con facilidad y reconocerá en él todos los lugares de una “elegancia” explotados con anterioridad.
© LA GACETA

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