10 Octubre 2008 Seguir en 
"¿Qué tenés de rico para comer?", preguntó irónicamente el ladrón mientras abría la heladera del almacén. La dueña del negocio y un cliente lo miraban indignados. "Aprovechá y hacé bromas ahora, porque esto te va a salir muy caro", le contestó al delincuente María Evangelina Olivera, quien está embarazada de seis meses. El asaltante, que estaba armado, le robó $ 160, un equipo de música, una cámara de fotos digital y dos celulares. Luego, escapó en la moto del cliente que estaba en el local. "No es la primera vez que este hombre me asalta. El año pasado ya me había robado unos $ 300. Cuando vi que había entrado al negocio, me agarré la cabeza y me dije: ?otra vez no, por Dios?", relató Olivera, de 39 años.
Faltaban pocos minutos para el mediodía del miércoles. Nadie caminaba por la esquina de Thames y pasaje Cruz Varela, en barrio Las Rosas. Escondido a metros de allí, el delincuente esperaba el momento oportuno para atacar. "Había llegado un cliente (Gustavo Rojas) y, cuando le abrí el portón, el ladrón aprovechó para meterse. Sacó un arma y, a los gritos, nos obligó a ir hacia una cocina que está detrás del mostrador", detalló la mujer. Una vez adentro, el delincuente comenzó a revisar cada rincón. En un cajón, halló $ 160 con los que la comerciante iba a pagar mercadería. "Como no encontró más plata, quiso pasar al cuarto de mi hija de cinco años. Pero yo me le planté", narró. Pero el delincuente no se dejó convencer y la discusión se hizo más tensa.
"Quiero ver si tenés guita ahí. No le voy a hacer nada a tu chiquita", decía el asaltante, empuñando el arma de fuego.
"Me dio varios golpes"
"Si querés, matame. Pero no vas a pasar. Ahí solamente está mi hija durmiendo. No tengo ni un centavo más", contestó con firmeza Olivera. Entonces el ladrón, furioso, empujó a la almacenera. Ella intentó defenderse. "Me dio varios golpes. No perdí mi embarazo porque Dios es grande. Me pegó en los brazos y me dio codazos en el vientre. Tengo que hacerme estudios, porque es una gestación de alto riesgo. No sólo me robó, sino que vino a hacer iniquidades", se quejó. La actitud de la mujer evitó finalmente que el ladrón accediera a la habitación. "Es un caradura -dijo la almacenera-. Dejó tirados afuera un par de ojotas y la bicicleta en la que vino. Pero el sinvergüenza se llevó los zapatos del cliente y su moto. Todo el tiempo estaba haciéndose el chistoso. Hasta se robó unos alfajores. La tortura duró media hora", afirmó Olivera. La mujer dijo que conoce al ladrón. "Vive a cuatro cuadras de acá. Fui a buscarlo, pero sus padres me mintieron que ya no está ahí. Lo único que atinaron a decirme fue: ?nos salió torcido, pero no tenemos la culpa?".
Olivera realizó la denuncia en la comisaría de Yerba Buena, donde tiene otra casa, aunque el almacén está ubicado en jurisdicción de la seccional 6a. "La seguridad en este barrio no existe. Acá todo el mundo conoce a ese delincuente, pero nadie lo denuncia por temor", protestó. "Le doy hasta el martes a la Policía para que lo agarre. Si no, lo voy a ir a buscar yo", desafió la mujer.
Faltaban pocos minutos para el mediodía del miércoles. Nadie caminaba por la esquina de Thames y pasaje Cruz Varela, en barrio Las Rosas. Escondido a metros de allí, el delincuente esperaba el momento oportuno para atacar. "Había llegado un cliente (Gustavo Rojas) y, cuando le abrí el portón, el ladrón aprovechó para meterse. Sacó un arma y, a los gritos, nos obligó a ir hacia una cocina que está detrás del mostrador", detalló la mujer. Una vez adentro, el delincuente comenzó a revisar cada rincón. En un cajón, halló $ 160 con los que la comerciante iba a pagar mercadería. "Como no encontró más plata, quiso pasar al cuarto de mi hija de cinco años. Pero yo me le planté", narró. Pero el delincuente no se dejó convencer y la discusión se hizo más tensa.
"Quiero ver si tenés guita ahí. No le voy a hacer nada a tu chiquita", decía el asaltante, empuñando el arma de fuego.
"Me dio varios golpes"
"Si querés, matame. Pero no vas a pasar. Ahí solamente está mi hija durmiendo. No tengo ni un centavo más", contestó con firmeza Olivera. Entonces el ladrón, furioso, empujó a la almacenera. Ella intentó defenderse. "Me dio varios golpes. No perdí mi embarazo porque Dios es grande. Me pegó en los brazos y me dio codazos en el vientre. Tengo que hacerme estudios, porque es una gestación de alto riesgo. No sólo me robó, sino que vino a hacer iniquidades", se quejó. La actitud de la mujer evitó finalmente que el ladrón accediera a la habitación. "Es un caradura -dijo la almacenera-. Dejó tirados afuera un par de ojotas y la bicicleta en la que vino. Pero el sinvergüenza se llevó los zapatos del cliente y su moto. Todo el tiempo estaba haciéndose el chistoso. Hasta se robó unos alfajores. La tortura duró media hora", afirmó Olivera. La mujer dijo que conoce al ladrón. "Vive a cuatro cuadras de acá. Fui a buscarlo, pero sus padres me mintieron que ya no está ahí. Lo único que atinaron a decirme fue: ?nos salió torcido, pero no tenemos la culpa?".
Olivera realizó la denuncia en la comisaría de Yerba Buena, donde tiene otra casa, aunque el almacén está ubicado en jurisdicción de la seccional 6a. "La seguridad en este barrio no existe. Acá todo el mundo conoce a ese delincuente, pero nadie lo denuncia por temor", protestó. "Le doy hasta el martes a la Policía para que lo agarre. Si no, lo voy a ir a buscar yo", desafió la mujer.







