08 Octubre 2008 Seguir en 
Se paró frente a la puerta de vidrio y desde adentro saludó al portero, que, como ya lo había visto en otras ocasiones, lo dejó pasar. El hombre, elegantemente vestido de traje, saludó al empleado y le dejó LA GACETA. "Entretenete un rato", le dijo, y se dirigió al ascensor. Faltaban 10 minutos para las 20. En ese mismo momento, otros dos hombres, uno de ellos vestido con uniforme de cobrador (verde y gris) y otro de camisa y jean tocaron el portero. Cuando uno de los empleados de la empresa Nueve Servicios, de insumos para telefonía celular, ubicada en el edificio de San Martín 839, preguntó quién era, uno de ellos respondió: "vengo de parte de Huguito". Luego del mensaje sonó una chicharra y los dos hombres franquearon la puerta de vidrio. Al portero no le pareció raro que estos dos últimos se hubieran tapado el rostro con gorras. Perfectamente sincronizados, los asaltantes habían ingresado al edificio tal como lo habían planeado. El atraco estaba en marcha.
Los tres subieron al ascensor y bajaron en el quinto piso. Tocaron el portero del departamento B, y les abrieron la puerta. Sin ningún esfuerzo llegaron al objetivo. Una vez adentro se encontraron con la encargada, Roxana Sabrina Surro, y con los empleados Sonia Elizabeth Rodríguez y Cristian Ariel Aráoz Sand, que estaban atendiendo a cuatro clientes. "Cuando los tipos nos apuntaron con las pistolas, no entendía nada. Pasó un segundo y nosotros nos mirábamos", dijo una de las víctimas. Pero la paz duró ese mismo lapso. "¡Se tiran todos al piso y que nadie se haga el loco o lo ?boleteamos?! ¡Dénme toda la guita!", fue la orden del hombre que estaba de traje y que parecía ser el líder. "Hablaba como porteño", dijo uno de los empleados. Uno de los clientes intentó resistirse: le pegaron un cachetazo y lo tiraron al piso.
Maniatados
Rápidamente los delincuentes colocaron precintos en las manos de las víctimas. A la única que mantuvieron en pie fue a Surro. "Vos vení con nosotros", le dijeron, y dos de ellos la llevaron hasta la oficina del propietario, Hernán Olazábal, quien estaba en Salta. Los asaltantes sabían dónde guardaba el empresario $ 25.000. Los tomaron y luego les quitaron dinero y celulares a todas las víctimas. También se apropiaron de cheques y de gran cantidad de tarjetas telefónicas. "¡Se quedan en el piso!", fue la orden. Con la misma naturalidad con la que habían llegado, tomaron el ascensor, bajaron y salieron a la calle. Afuera, decenas de personas salían de sus trabajos. Los tres se perdieron entre los caminantes y desaparecieron. Todo duró entre cinco y ocho minutos. Poco después de que los ladrones abandonaron la oficina, llegó otro empleado, que descubrió a sus compañeros atados y comenzó a gritar que habían tomado rehenes. Fue el momento del pánico. Los empleados de otras oficinas comenzaron a gritar y el portero alertó a un policía que estaba en la esquina de calle Junín. A los cinco minutos, la cuadra estaba rodeada. La Policía cortó el tránsito y decenas de curiosos se agolparon frente al edificio. Policías del grupo Cero, de la Dirección de Investigaciones, de la Patrulla Motorizada, del Comando Radioeléctrico, de la seccional 1a y de la Regional Capital recorrieron frenéticamente las 36 oficinas del edificio, presumiendo que los delincuentes podían estar aún adentro. Pero no encontraron nada.
Los investigadores cuentan con una prueba fundamental: los hombres quedaron filmados. Tanto en el ingreso al edificio como en la oficina había cámaras de seguridad. El gran problema será identificarlos.
Los tres subieron al ascensor y bajaron en el quinto piso. Tocaron el portero del departamento B, y les abrieron la puerta. Sin ningún esfuerzo llegaron al objetivo. Una vez adentro se encontraron con la encargada, Roxana Sabrina Surro, y con los empleados Sonia Elizabeth Rodríguez y Cristian Ariel Aráoz Sand, que estaban atendiendo a cuatro clientes. "Cuando los tipos nos apuntaron con las pistolas, no entendía nada. Pasó un segundo y nosotros nos mirábamos", dijo una de las víctimas. Pero la paz duró ese mismo lapso. "¡Se tiran todos al piso y que nadie se haga el loco o lo ?boleteamos?! ¡Dénme toda la guita!", fue la orden del hombre que estaba de traje y que parecía ser el líder. "Hablaba como porteño", dijo uno de los empleados. Uno de los clientes intentó resistirse: le pegaron un cachetazo y lo tiraron al piso.
Maniatados
Rápidamente los delincuentes colocaron precintos en las manos de las víctimas. A la única que mantuvieron en pie fue a Surro. "Vos vení con nosotros", le dijeron, y dos de ellos la llevaron hasta la oficina del propietario, Hernán Olazábal, quien estaba en Salta. Los asaltantes sabían dónde guardaba el empresario $ 25.000. Los tomaron y luego les quitaron dinero y celulares a todas las víctimas. También se apropiaron de cheques y de gran cantidad de tarjetas telefónicas. "¡Se quedan en el piso!", fue la orden. Con la misma naturalidad con la que habían llegado, tomaron el ascensor, bajaron y salieron a la calle. Afuera, decenas de personas salían de sus trabajos. Los tres se perdieron entre los caminantes y desaparecieron. Todo duró entre cinco y ocho minutos. Poco después de que los ladrones abandonaron la oficina, llegó otro empleado, que descubrió a sus compañeros atados y comenzó a gritar que habían tomado rehenes. Fue el momento del pánico. Los empleados de otras oficinas comenzaron a gritar y el portero alertó a un policía que estaba en la esquina de calle Junín. A los cinco minutos, la cuadra estaba rodeada. La Policía cortó el tránsito y decenas de curiosos se agolparon frente al edificio. Policías del grupo Cero, de la Dirección de Investigaciones, de la Patrulla Motorizada, del Comando Radioeléctrico, de la seccional 1a y de la Regional Capital recorrieron frenéticamente las 36 oficinas del edificio, presumiendo que los delincuentes podían estar aún adentro. Pero no encontraron nada.
Los investigadores cuentan con una prueba fundamental: los hombres quedaron filmados. Tanto en el ingreso al edificio como en la oficina había cámaras de seguridad. El gran problema será identificarlos.







