En los hostels, buscan sentirse "como en casa"

La informalidad y la compañía permanente que se conjugan en estos albergues seducen a los jóvenes que viajan para conocer nuevas culturas.

JUEGOS RECREATIVOS. Leticia Sánchez Glauge y Ariel Muñoz compartieron varios partidos de metegol, y lograron formar una amistad.LA GACETA / OSVALDO RIPOLL JUEGOS RECREATIVOS. Leticia Sánchez Glauge y Ariel Muñoz compartieron varios partidos de metegol, y lograron formar una amistad.LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
04 Agosto 2008
La puerta de entrada está abierta. Junto a la recepción hay un armario viejo con ropa y unos mullidos sillones que invitan a sentarse. Son las cuatro de la tarde. En el salón comedor -donde también se desayuna y se puede ver televisión- se encuentran Anthony, de Australia y Osmar Piglia de Mendoza. "Estamos jugando al truco", dice en forma pausada y sonriente el extranjero, que aprende simultáneamente el español y el juego de cartas. Hace un par de días que llegó a Tucumán y prevé recorrer varios puntos de Argentina en dos semanas.
Al igual que ellos, otros cinco jóvenes comparten una habitación y los baños del lugar. Aunque se percibe una familiaridad como la de una vivienda en la que se puede circular en medias o en toalla, desde la habitación hasta el baño, se trata en realidad de un hospedaje. Los hostels o, como se dice en español, hostales o albergues juveniles, ofrecen, además de una cama y desayuno, espacios comunes y bajos precios, lo que los convierte en una variante del hotel dirigida a gente joven o que viaja sola.
Además de un equipo de música que está al alcance de la mano de todos, en otra sala, hay dos computadoras con internet que todos pueden usar en cualquier momento del día.
"Los hostels están pensados para un consumidor joven, que cuenta con poco dinero, y también para quien da valor a los vínculos que se puedan crear aquí dentro. Es una tendencia que apareció hace un par de años en Tucumán pero que está muy arraigada en el resto del mundo", explicó Martín Michaelsen, propietario de un albergue.
El concepto que manejan, según Diego Lobo, encargado de la atención al público de un hostal, es brindar un lugar cómodo, de bajo costo y donde se pueda compartir con otros. "Implica relacionarse, porque te encontrás con pares de distintos países del mundo. Damos mucha importancia a la recreación: tenemos juegos de mesa, una sala de video, una cocina común y un patio al aire libre", contó.
Ariel Muñoz, de 28 años, viene desde Córdoba a Tucumán por trabajo cada 45 días. "Este es mi segundo hogar. Estoy cómodo, conozco gente diferente cada vez que vengo y tengo buena onda con los dueños. Me siento relajado y en compañía. No existe el formalismo de los hoteles", detalló.
Es frecuente también que los jóvenes que optan por los alojamientos de este tipo elijan además, para viajar, mochilas que cargan en las espaldas y no un bolso o una valija con ruedas. "Es más práctico cuando tenés que ir por muchos lugares y gran parte del trayecto lo hacés a pie", dijo Gerónimo Ferrandi, un rosarino que aprovechó las vacaciones de julio para conocer el norte junto con su novia.
"Salir de mochilero - definió Leticia Sánchez Glauge, que vino desde La Plata- significa andar en micro, hacer dedo, gastar poco y usar carpa o parar en hostales".
Junto a su hermano experimenta por primera vez una salida de estas características. Ya conocieron Tafí del Valle, El Mollar, Amaicha del Valle y Quilmes. "Está muy bueno porque conocés a mucha gente. Nosotros nos manejamos con un cartel en el que indicamos a qué pueblo vamos. Lo que me llamó la atención es que pararon más vehículos que camiones y todo fue muy rápido. No estuvimos más de 15 minutos en las rutas", dijo.
Sin embargo, aclaró que para hacer el trayecto desde Buenos Aires hasta Tucumán tomaron un ómnibus de larga distancia. "Fue una cuestión de seguridad. Sabemos que allá los índices de delincuencia y crímenes son más altos. Aquí en el norte, en cambio, las cosas son más tranquilas, en los campings no te roban y la gente que te lleva ya está acostumbrada a los mochileros", opinó la platense.

Comentarios