Sensibilidad exquisita y claridad conceptual en los 54 poemas de una escritora chilena

Por Horacio Semeraro. Un libro que reúne creaciones circulares con las que la autora encara una búsqueda existencial.

29 Junio 2008
Los 54 poemas que integran el presente libro exhiben como elemento común el verso libre de accesible comprensión, profundidad en los contenidos, una sensibilidad exquisita, la alusión a los cuatro elementos primigenios y la búsqueda existencial, que la autora -escritora chilena, doctora en Filosofía y Letras, docente universitaria, autora de más de 100 ensayos y colaboradora asidua de este suplemento en el pasado- expresa con claridad conceptual y semántica. Hay en ellos un pasaje de las tinieblas, anticipada ya en los títulos de sus poemas (Oscuridades, Borrosidad, Penumbra, Esbozo de la sombra, Ella la muerte), hacia la luz, la amistad, el amor, el tiempo (Los fuegos de la vida, Sin omitir el amor, Revelación, Canto cíclico, Sobre lo que fluye).
Cada poema es en sí mismo completo, redondo. Esa estructura unicircular no es fácil de lograr en poesía cuando se abordan temas filosóficos o metafísicos, cuya mejor representación metafórica sería la conocida frase de Nietzsche "El hombre es un arco tendido hacia el infinito". Un intento, logrado o no, de alcanzar la perfección en la búsqueda de lo absoluto. En este caso, el hombre sería, quizás, una línea que se torna circular cerrándose infinitamente sobre sí misma. En estas circunstancias, Schultz se las ingenia para ser consecuente aun en sus dudas existenciales.
Así planteados, sus poemas están divididos en seis partes además de una Apertura, que la autora coloca deliberadamente al final. La primera de ellas, Nosotros y los otros, intenta sintetizar la nada simplificable definición de los límites y las fronteras de nuestros mundos de relación: la amistad, la soledad, los muros que aíslan -en vez de contener o proteger-, la noción del infierno como una forma de castigo y los exilios del alma: la particular manera de "llevarnos puestos" a nosotros mismos como a una camisa o cualquier prenda, al iniciar cada jornada.
En la segunda parte, Tierna metafísica, busca sus propios orígenes oteando el pasado. Transita desde la oscuridad hacia la revelación, en temas tales como Viaje, Si puedes oír, El ojo del universo y Overso-reverso, indagando sobre la teoría de los opuestos.
En la tercera sección, De vida y muerte, encara con optimismo la lucha por la vida en el poema homónimo, aunque es consciente de la finitud en su poesía De muerte y vida, donde expresa: "Deambulo/corro/ (casi como un viento)/en el pasadizo/de un espacio invisible/?Invento?/Ya llegará el tiempo/ en que nada se moverá en mi deseo".
Esta sección incluye el poema Los fuegos de la vida, que da título al libro. En él proclama: "Sin saber/ a dónde la conducirán / sus pasos/ arma la vida / su ilusión?//?Solo inocente/ entregada/ puede la vida/ vivir/ sus fuegos". En Laberintos, dedicado a Borges, enuncia: "Pero un laberinto hay/ al que entramos de pronto/ que no es muerte, /sino vida que se busca a sí misma/ en bienaventuradas galerías."
Su voz poética se torna acompasadamente cautelosa y reflexiva en la sección Otra vez el tiempo; tiernamente confesional , soltando sus propias amarras en la sección Sin omitir el amor. Y muestra lúdicamente su oficio en Materia poética, para concluir en Apertura (Reconocimiento) sentenciando: "Sólo existe el milagro/ Lo demás es ceguera".© LA GACETA

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