La vida pública y privada del hombre de Clarín

Por Alvaro José Aurane. La historia reciente del periodismo nacional es el contexto que enmarca la existencia del CEO del grupo de medios más grande del país.

29 Junio 2008
"Alguien tenía que escribir la historia de Héctor Magnetto. Cuando un hombre se propone tener el papel que él tiene en los medios, en el contexto de una era de torrentes mediáticos, esa biografía se torna inevitable". Los conceptos del lúcido Joaquín Morales Solá están expuestos en una de las dos notas preliminares que encabezan El hombre de Clarín, el logrado libro del periodista José Ignacio López, que saca a la luz "la vida pública y privada" del CEO del grupo de medios más importante de la Argentina.
Las 570 páginas de este libro son mucho más que las memorias del influyente ejecutivo. Concurren en ella, también, la saga del diario Clarín y de su conformación como un holding. Y la historia de los principales matutinos porteños, de los canales de televisión y de las emisoras radiofónicas desde el gobierno final de Perón hasta la última crisis que dejó la fracasada Alianza. Por todo esto, están retratados aquí importantes pasajes del pasado reciente y del presente urgente del periodismo argentino. Y de las empresas periodísticas argentinas. Y no porque López tenga vicios de enciclopedista, sino porque ese es, ni más ni menos, el escenario para poner en contexto a Magnetto. Esa situción, sin necesidad de calificativos, expone acabadamente la verdadera dimensión del sujeto que intenta exitosamente desentrañar esta obra.
Justamente, la trascendencia de los sucesos que se relatan es tal que López no tiene necesidad de bautizar los seis capítulos de su trabajo: sólo los indentifica con sus correspondientes numerales. Los textos, de prosa llevadera, desbordan en datos, que van desde anécdotas íntimas hasta tramas secretas de negociaciones y disputas con socios, competidores y adversarios. Esto demuestra que Magnetto, en lugar de resistirse, decidió colaborar con la elaboración de El hombre de Clarín.

De la colimba a la debacle
El capítulo uno presenta al joven Magnetto, un universitario platense que, colimba mediante, logró recibirse con esfuerzo de contador, que decidió sumarse con convicción al desarrollismo y que consiguió con audacia su primer trabajo gerencial en una gran firma de venta de automóviles. En forma simultánea, cuenta el nacimiento de Clarín, cuyo primer ejemplar ganó la calle el 28 de agosto de 1945. Y narra la muerte del fundador, Roberto J. Noble, lo que deja al frente del diario a su esposa, Ernestina Herrera, quien, casi por mandato conyugal, acudió a Rogelio Frigerio para pedirle asesoramiento en la transición. De la mano de él es como, el 2 de marzo de 1972, llega Magnetto a Clarín. Como un "paracaidista", describe López y se asume el ejecutivo. La relación con el desarrollismo es pintada sin tapujos. El divorcio posterior, también.
El capítulo dos es una historia acerca del surgimiento de Papel Prensa, el valor estratégico de contar con una empresa que fabricara papel en el país, con insumos nacionales, que saltara el cerco de los cupos de importación con que los gobiernos nacionales podían asfixiar medios gráficos, las internas en el poder y con el poder, y la llegada de Clarín a ese emprendimiento. La tercera parte del libro tiene condimentos netamente políticos. Refiere la emancipación del diario de sus vínculos con el MID, lo que implicó remover jefaturas completas. Muestra los últimos años de la dictadura, la Guerra de Malvinas y la postura del matutino. Describe la compleja relación con el gobierno de Raúl Alfonsín, los conatos de tensión con el entonces presidente y hasta un período en que desconocidos seguían a Magnetto incluso cuando salía a pasear.
El cuarto apartado está reservado a los hostigamientos del menemismo, que recrudecieron a partir de la investigación sobre el tráfico ilegal de armas a Ecuador y a Croacia. Aquí, Magnetto empieza a "poner el cuerpo" un poco más. Cuenta cómo fueron los inicios que marcaron el rumbo hacia el multimedios, el nacimiento del canal de cable Todo Noticias (TN) y la incursión en la televisación codificada de partidos de fútbol. La diversificación de inversiones, como en una AFJP, y la rotunda desmentida de que el Grupo Clarín tenga participación accionaria en la prepaga Medicus, en el Banco Mariva, en el Centro de Estudios de Opinión Pública y en el diario Página/12.
El capítulo cinco muestra que el ejecutivo sabe nadar entre cocodrilos: relata la ruptura, con cara de pocos amigos, de la sociedad con el CEI Citicorp. A la vez, aparecen las inversiones en la televisión satelital y en la provisión de servicios de internet, y la larga batalla legal con editorial Atlántida por la revista Genios. A estas alturas, El hombre de Clarín es, también, una fascinante visita guiada por el laberinto de los emprendimientos del Grupo que administra Magnetto. Grupo que atravesó una crisis temible -descripta sin concesiones- cuando advino el descalabro financiero de 2001. El libro, en este punto, se torna un ejercicio para la memoria de lo que fue la precaria presidencia de Eduardo Duhalde, sus idas y vueltas, sus concesiones al FMI, los avatares de la Ley de Quiebras y la pelea por conseguir el dictado de una Ley de los Bienes Culturales, que puso freno a los acreedores internacionales que querían cobrar sus deudas con acciones de empresas de medios También aparecen aquí el repunte empresario de 2003 y la recuperación que llevó a la compra de Cablevisión, tiempo después.

El hombre
La obra, por cierto, no está exenta de autocríticas, en las que Magnetto reconoce errores en el tratamiento de la información referida a la masacre de Avellaneda, en 2002; su escasa visión en los 70 sobre el negocio que sería la televisión por cable (lo enmendó en 1992 con el surgimiento de Multicanal); y los malos negocios que fueron Entrada Plus (venta de tickets para partidos de fútbol) y la sociedad con el grupo Vila en canales de cable del interior del país. No son, precisamente, pasajes en los que él se sienta cómodo.
En este contexto, lo que también torna valioso el texto de López es que su retrato sobre el CEO jamás se divorcia del Héctor Magnetto de carne y hueso. No lo hace ni siquiera cuando debe reconstruir la historia de su gerencia, porque no cae en el estereotipo del frío hombre de negocios, sino que también muestra que para el éxito también fue clave un factor como la amistad. Porque el hombre de Clarín, cuando comienza a acumular responsabilidades, decide confiar áreas medulares de su gestión en José Aranda y Lucio Pagliaro, con quienes había forjado afectos en sus tiempos de estudiante universitario en La Plata. El costado humano también campea en decenas de páginas. Que muestran que el poderoso ejecutivo, al que le encantaba jugar al fútbol, tiene afinidad por las artes plásticas y debilidad por la música clásica y por el tango. Que revelan cuánto impactó en su vida la adopción de sus dos hijos. Que dan cuenta de su bajo perfil, evidenciado en que no hay ni una foto suya en este libro sobre su vida. Que testimonian las heridas de su guerra contra el cáncer, que hacen imposible volver a comer y a beber con normalidad. Y que hasta le afectaron la voz, pero que no le impidieron leer, en noviembre pasado, su discurso anual a los gerentes del holding. Entonces, como siempre, sonó como un toque de atención a las soluciones de Clarín para los problemas de Clarín.
"El lector podrá observar que se alude a 'un hombre de poder'. En la perspectiva que ofrecen estos 50 años, la Argentina es un cementerio de hombres de poder", advierte, en la otra nota preliminar, el erudito Natalio Botana, quien trata de explicar, y de explicarse, la vigencia de Magnetto. "Sólo perduran -asume-, a costa de logros y desgarros, aquellos que, mediante un comportamiento capaz de doblegar resistencias, logran apuntalar organizaciones e instituciones". Como el hombre de Clarín.© LA GACETA

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