29 Junio 2008 Seguir en 

Hablamos de literatura femenina y? ¿hay una literatura masculina? Ciertos textos atrapan a las mujeres y otros atraen al lector varón, y hay escritores varones con una óptica muy masculina, el cordobés Julio Torres entre ellos: El oro de los Césares y Quinoacorp exploran el poder y la territorialidad. Al carecer Capanema del gancho histórico de la primera y del humor de la segunda, esta lectora (yo) acude a su profesionalismo para digerir la violencia de algunos episodios -muy bien narrados, por cierto- y esos personajes y espacios de un pautado "feísmo", cuyo nivel de testosterona los hace más para hombres.
Esto no es un juicio de valor, sino una reacción personal. Mi juicio de valor sobre Capanema es positivo: Torres pinta con éxito ese cosmos incandescente, brutal, de los pueblos de la triple frontera, condenados al agobio de un calor omnipresente, a la falta de una Justicia que regle los negocios humanos y al desafío de una naturaleza agresiva, agredida a su vez por el hombre, factor siniestro de deforestación y desertización.
Capanema evoca al mundo de Horacio Quiroga: ardua geografía y hombres rudos, trashumantes, desquiciados por el fracaso y/o por el alcohol, que juegan su parte mientras Estrada, el protagonista, intenta llegar a Capanema para reencontrar a su amigo y rival. Acompañado sólo por el recuerdo de Mora, muerta ya, Estrada convive con la muerte, encarnada en las víctimas de una violencia que explota una y otra vez: por la tierra, por la droga, porque sí. La naturaleza tiene también su violencia, que estalla, magnífica y terrible, en dos memorables secuencias: la muerte de un cascarudo (p. 70) y la de un mono (128).
Torres adjetiva sustantivos en una proporción que Hemingway objetaría, pero que su precisión de orfebre justifica: "Fords herrumbrosos, jeeps deslatados", "olor rabioso", "gracia feroz". Retratos vívidos, prosa de ritmo ágil, fuertes imágenes en torno de la supervivencia de los más aptos son rasgos que hacen de Capanema una novela interesante y? ¿lo reitero?... sí, viril. © LA GACETA
Esto no es un juicio de valor, sino una reacción personal. Mi juicio de valor sobre Capanema es positivo: Torres pinta con éxito ese cosmos incandescente, brutal, de los pueblos de la triple frontera, condenados al agobio de un calor omnipresente, a la falta de una Justicia que regle los negocios humanos y al desafío de una naturaleza agresiva, agredida a su vez por el hombre, factor siniestro de deforestación y desertización.
Capanema evoca al mundo de Horacio Quiroga: ardua geografía y hombres rudos, trashumantes, desquiciados por el fracaso y/o por el alcohol, que juegan su parte mientras Estrada, el protagonista, intenta llegar a Capanema para reencontrar a su amigo y rival. Acompañado sólo por el recuerdo de Mora, muerta ya, Estrada convive con la muerte, encarnada en las víctimas de una violencia que explota una y otra vez: por la tierra, por la droga, porque sí. La naturaleza tiene también su violencia, que estalla, magnífica y terrible, en dos memorables secuencias: la muerte de un cascarudo (p. 70) y la de un mono (128).
Torres adjetiva sustantivos en una proporción que Hemingway objetaría, pero que su precisión de orfebre justifica: "Fords herrumbrosos, jeeps deslatados", "olor rabioso", "gracia feroz". Retratos vívidos, prosa de ritmo ágil, fuertes imágenes en torno de la supervivencia de los más aptos son rasgos que hacen de Capanema una novela interesante y? ¿lo reitero?... sí, viril. © LA GACETA







