MENSAJE SUBLIMINAL. Según la autora, una mujer que juega con el zapato, poniéndoselo y sacándoselo, está dando un sugestivo mensaje.
22 Junio 2008 Seguir en 

Este libro es una clara muestra del llamado género de autoayuda que no ayuda en absoluto. El subtítulo indica que se trata de un pequeño manual ilustrado de seducción, y no sólo con respecto a la atracción erótica entre el hombre y la mujer. Si usted sigue los consejos de la escritora logrará que sus hijos coman, que su vecino baje el volumen de la música o que su jefe le aumente el sueldo. Pero tenga cuidado, porque también los chicos aprenderán a seducir a sus padres para que les presten o les regalen un auto.
Doña Hilda nos recuerda "el embeleso que produce la mirada"; nos recomienda sonreír y evitar el tono prepotente cuando se pide un favor; no usar anteojos de sol en las entrevistas de trabajo, y utilizar letra clara y prolija en los exámenes escritos.
Las mujeres deberán tener en cuenta algunos gestos del sexo opuesto. Si el hombre "apoya las manos en las caderas con los dedos apuntando hacia abajo", peligro. La finalidad de esta pose es destacar la zona genital. Además, si este sujeto "se halla parado en un grupo y una mujer le atrae desplazará un pie hacia la que le interesa".
El sector masculino deberá saber que si ella "juega con el zapato, sacándoselo y poniéndoselo" es en realidad un mensaje subliminal "que resulta fácil de imaginar a lo que alude en cuanto al sacar y poner".Sus revelaciones son realmente sorprendentes: "Exhibir las muñecas es un gesto muy erótico, aunque usted no lo crea. El olor a zorrino le parecerá insoportable a una persona, pero la zorrina enamorada no comparte esa opinión". El erotismo vende, nos asegura, y pone como evidencia los calendarios de los talleres mecánicos o ¡la publicidad de la "lechuguita" Zulma Fayad!
Debo reconocer que quizás estoy abusando de las comillas, pero no quisiera que el lector de esta crítica piense que son ocurrencias propias. No señor. Todo el humor que destilan, aunque sin proponérselo, le pertenece a la autora.
Finalmente, nos invita a "desalojar a los ocupas que invaden nuestros territorios emocionales y a desenmascarar a los piqueteros que obstruyen la posibilidad de transitar libremente por los afectos".Puede ser que Hilda Levy consiga que la quieran. Lo difícil será seducir a sus posibles lectores. © LA GACETA
Doña Hilda nos recuerda "el embeleso que produce la mirada"; nos recomienda sonreír y evitar el tono prepotente cuando se pide un favor; no usar anteojos de sol en las entrevistas de trabajo, y utilizar letra clara y prolija en los exámenes escritos.
Las mujeres deberán tener en cuenta algunos gestos del sexo opuesto. Si el hombre "apoya las manos en las caderas con los dedos apuntando hacia abajo", peligro. La finalidad de esta pose es destacar la zona genital. Además, si este sujeto "se halla parado en un grupo y una mujer le atrae desplazará un pie hacia la que le interesa".
El sector masculino deberá saber que si ella "juega con el zapato, sacándoselo y poniéndoselo" es en realidad un mensaje subliminal "que resulta fácil de imaginar a lo que alude en cuanto al sacar y poner".Sus revelaciones son realmente sorprendentes: "Exhibir las muñecas es un gesto muy erótico, aunque usted no lo crea. El olor a zorrino le parecerá insoportable a una persona, pero la zorrina enamorada no comparte esa opinión". El erotismo vende, nos asegura, y pone como evidencia los calendarios de los talleres mecánicos o ¡la publicidad de la "lechuguita" Zulma Fayad!
Debo reconocer que quizás estoy abusando de las comillas, pero no quisiera que el lector de esta crítica piense que son ocurrencias propias. No señor. Todo el humor que destilan, aunque sin proponérselo, le pertenece a la autora.
Finalmente, nos invita a "desalojar a los ocupas que invaden nuestros territorios emocionales y a desenmascarar a los piqueteros que obstruyen la posibilidad de transitar libremente por los afectos".Puede ser que Hilda Levy consiga que la quieran. Lo difícil será seducir a sus posibles lectores. © LA GACETA







