ICONO DEL ODIO. El autor advierte que la atrocidad que Adolf Hitler y el nazismo hicieron vivir a Europa desconcertó incluso a las mentes más lúcidas.
22 Junio 2008 Seguir en 

En un lenguaje jurídico, claro y preciso, el autor describe los rasgos del genocidio, el crimen más terrible que soportó y soporta la humanidad. Nos explica que el asesinato de una persona debido a su raza, su religión o sus ideas es un crimen de lesa humanidad; sólo si la víctima es un pueblo o un gran número de personas podemos hablar de genocidio, el crimen fundamental.
El siglo XX fue desdichadamente muy rico en genocidios, especialmente debido a las grandes guerras y a las persecuciones estatales a causa de cuestiones étnicas o ideológicas. El autor se detiene en algunos ejemplos, como los casos de Alemania, Ruanda y la Argentina. Pero destaca que el primero de todos, cronológicamente, fue obra de los turcos y consistió en "el exterminio, entre los años 1915 y 1916, de un millón y medio de armenios, incluyendo ancianos, mujeres y niños desprotegidos".
Martín Lozada cree que este hecho influyó sobre Hitler y lo hizo pensar que era posible la destrucción total de una etnia, que era lo que él pensaba hacer con el pueblo judío, además de con otras víctimas, como los gitanos, los eslavos, los discapacitados y los homosexuales, a todos los cuales consideraba una amenaza para la raza aria.
Este horror que envolvió a Europa desconcertó hasta a las mentes más lúcidas. Lozada recuerda la correspondencia entre Einstein y Freud, en la que el físico pregunta al psicólogo si es posible que la mente humana sea capaz de albergar un grado de crueldad semejante. La respuesta de Freud no es nada tranquilizadora. El autor cita también las reflexiones de Hannah Arendt en su libro La banalidad del mal, escrito después de asistir al juicio contra Eichmann en Jerusalén.
Kofi Annan, que fue hace algunos años secretario general de las Naciones Unidas, se preocupó por señalar algunas medidas adecuadas para prevenir los genocidios, pero, como en la mayoría de los casos son los gobernantes los ejecutores del crimen fundamental, se revela como necesaria la intervención de los organismos internacionales. En este sentido, el libro de Lozada incluye como anexo el texto de la "Convención internacional para la prevención y sanción del crimen de genocidio".
Las páginas dedicadas al genocidio en la Argentina despertarán en muchos de nosotros el recuerdo de esos años terribles, y es bueno que así sea. Es una de las muchas razones que me inducen a recomendar la lectura de este breve y excelente libro.© LA GACETA
El siglo XX fue desdichadamente muy rico en genocidios, especialmente debido a las grandes guerras y a las persecuciones estatales a causa de cuestiones étnicas o ideológicas. El autor se detiene en algunos ejemplos, como los casos de Alemania, Ruanda y la Argentina. Pero destaca que el primero de todos, cronológicamente, fue obra de los turcos y consistió en "el exterminio, entre los años 1915 y 1916, de un millón y medio de armenios, incluyendo ancianos, mujeres y niños desprotegidos".
Martín Lozada cree que este hecho influyó sobre Hitler y lo hizo pensar que era posible la destrucción total de una etnia, que era lo que él pensaba hacer con el pueblo judío, además de con otras víctimas, como los gitanos, los eslavos, los discapacitados y los homosexuales, a todos los cuales consideraba una amenaza para la raza aria.
Este horror que envolvió a Europa desconcertó hasta a las mentes más lúcidas. Lozada recuerda la correspondencia entre Einstein y Freud, en la que el físico pregunta al psicólogo si es posible que la mente humana sea capaz de albergar un grado de crueldad semejante. La respuesta de Freud no es nada tranquilizadora. El autor cita también las reflexiones de Hannah Arendt en su libro La banalidad del mal, escrito después de asistir al juicio contra Eichmann en Jerusalén.
Kofi Annan, que fue hace algunos años secretario general de las Naciones Unidas, se preocupó por señalar algunas medidas adecuadas para prevenir los genocidios, pero, como en la mayoría de los casos son los gobernantes los ejecutores del crimen fundamental, se revela como necesaria la intervención de los organismos internacionales. En este sentido, el libro de Lozada incluye como anexo el texto de la "Convención internacional para la prevención y sanción del crimen de genocidio".
Las páginas dedicadas al genocidio en la Argentina despertarán en muchos de nosotros el recuerdo de esos años terribles, y es bueno que así sea. Es una de las muchas razones que me inducen a recomendar la lectura de este breve y excelente libro.© LA GACETA







