Cervantes y la gente del teatro

Por Julio Ardiles Gray, para LA GACETA - Buenos Aires. El "manco de Lepanto" no encontró en las "tablas" el mismo éxito que le deparó El Quijote, a pesar de que conocía el mundo de los "corrales".

08 Junio 2008
¿Por qué don Miguel de Cervantes Saavedra no alcanzó con su teatro los niveles de excelencia que es dado encontrar en el Quijote?
Posiblemente, porque no comprendió que Lope de Vega había descubierto las estructuras del teatro moderno, es decir que no sólo fue el creador de la comedia española en tres actos sino que descubrió que en toda literatura para representar, a través del diálogo se crean las situaciones y a través de las situaciones se construye la intriga, núcleo vital de toda pieza moderna: "en el primer acto se plantea, en el segundo se anuda y en el tercero se desata".
Sin embargo amó profundamente el teatro y, sobre todo, compartió la vida bohemia con los cómicos de su tiempo. Prelopesco aun siendo contemporáneo de Lope de Vega, casi al final de la segunda parte de don Quijote hace que uno de los personajes secundarios se queje de que en España no haya un teatro con un gran aliento clásico.
Instalado ya en Madrid frecuentó las salas de teatro y confraternizó con los comediantes, Los teatros en ese entonces se llamaban "corrales", posiblemente porque los primeros se levantaron en los fondos de los mesones y posadas, allí donde se criaban los animales de corral. Un tablado en el fondo elevaba el juego de los personajes. La mayoría del público permanecía de pie, y era gente bullanguera y protestona a la cual se le llamaba mosquetería por la costumbre de arrojar sobre el escenario frutas y verduras en mal estado cuando la obra no le gustaba o cuando los enemigos del autor querían que la pieza fracasara, como ocurrió con el pobre Alarcón, malquerido por jorobado, indiano y pelirrojo. De allí, seguramente, viene el verbo "mosquetear", que pasó a ser sinónimo de ver un acontecimiento sin ser visto y que todavía se empleaba en mi pueblo cuando yo era niño...
Las funciones se daban de tarde, pues había que aprovechar la luz del sol, y se abrían con una "loa", elogio en verso ya sea del autor o de las obras; y entre medio de las dos una pieza corta, cómica, llamada "entremés".
Pero Cervantes no sólo conocía el mundo de los "corrales". También había trabado amistad con los elencos itinerantes que recorrían los pueblos y las aldeas ofreciendo espectáculos, casi siempre para las fiestas patronales, cuando era recaudador de impuestos para la Invencible Armada.

Catálogo
Rojas de Villalandro, en su libro El viaje entretenido, editado en 1602, clasifica así a los siguientes grupos: "El bululú es un representante que camina solo su camino y entra en el pueblo y habla con el cura y dícele que sabe alguna comedia y alguna loa. Que junte al barbero y al sacristán, que se la dirá porque le den alguna cosa para pasar adelante. Ñaque es dos hombres: hacen un entremés, tocan un tamborino, cobran a ochavo, duermen vestidos, caminan desnudos, espúlganse el verano entre los trigos. Gangarila ya es más gruesa; tres o cuatro hombres y un muchacho que hace de dama, duermen en el suelo y representan en cualquier cortijo. Cambaleo es una mujer que canta y cinco hombres que lloran. Estos traen una comedia, dos autos, tres o cuatro entremeses, llevan a ratos a la mujer a cuestas, representan en los cortijos por una hogaza de pan, por un racimo de uvas y por una olla de berzas. Garnacha son cinco o seis hombres, una mujer que hace la dama primera, un muchacho, la segunda; llevan cuatro comedias, tres autos y otros tantos entremeses, el arca en un pollino y la mujer en las ancas, gruñendo y todos los compañeros detrás, arreando. Están ocho días en un pueblo. Duermen en una cama cuatro. En la bojiganga van dos mujeres y un muchacho, seis o siete compañeros y aun suelen ganar muy buenos disgustos. Farándula es víspera de ?compañía?: diez mujeres y dieciocho comedias. Entran en pueblos que son buenos. En las "compañías" hay todo género de gusarapas y baratijas y hay gente muy discreta y hay mujeres muy honradas, que donde hay muchas, fuerza es que haya de todo. Dieciséis personas que representan, treinta que comen, uno que cobra y Dios sabe el que hurta".
En el capítulo XI de la Segunda Parte de Don Quijote, el "Caballero de la Triste Figura" se topa en una carreta cargada de extraños personajes disfrazados de "reina", "soldado", "emperador", "la muerte", y "el demonio", todos de la "compañía" de Angulo el Malo. Son los actores que acaban de representar el auto Las cortes de la muerte de Micael de Carvajal en un pueblo vecino y, como tienen que hacerlo en otro cercano por la tarde, no han tenido tiempo de mudarse de ropa. El que hace de "diablo" viste de rojo, tiene cola, lleva campanillas y agita un palo con vejigas de vacas infladas y por burlas le roba el burro a Sancho. Don Quijote quiere tomar venganza pero el escudero le dice: "Quítese de la imaginación, Vuestra Merced, y no se tome con farsantes, que es gente favorecida. Recitantes he visto yo estar presos por dos muertes y salir libres y sin costas. Sepa, Vuestra Merced, que como son gentes alegres y de placer todos los favorecen, todos los amparan, ayudan y estiman".
Páginas más adelante, en el capítulo XXVI, llega a la venta donde se encuentran don Quijote y Sancho, una carreta que lleva a Maese Pedro, su mono adivino, un muchacho ayudante y todos los trastos de su retablo. Maese Pedro no es otro que Ginés de Pasamonte, el galeote a quien don Quijote liberó de sus cadenas y que le pagó tan mal.
Armado el tinglado, el muchacho comienza a recitar el romance de don Gaiferos y su esposa doña Melisandra prisionera en Zaragoza de los moros (perteneciente al ciclo de Carlomagno y los siete pares de Francia) y cuando esta logra huir de sus captores y está a punto de ser recapturada por el jeque Marsilio, don Quijote se levanta y comienza a los mandobles contra el castillejo, rompiendo muñecos y derribando decorados, daño todo este que Sancho deberá pagar, contante y sonante.
Pero donde el afecto de Cervantes por la gente del viaje se ve más claramente es su novela corta El licenciado Vidriera.
Antepasado inmediato de don Quijote, este loco que se creía vidrio, cuando le preguntan da su opinión negativa de cuanto profesional hay conocido. Y dice así de la gente de teatro: "Yo me acuerdo haber visto a éste (actor) salir al teatro enharinado el rostro y vestido con un zamarro del revés y con todo esto, a cada paso, fuera del tablado, jura a fe de hidalgo (...) Pero lo que menos ha menester la farsa es personas bien nacidas, galanes si, gentiles hombres y de expeditas lenguas. También sé decir de ellos que en el sudor de su cara gana su pan con inllevable trabajo, tomando de contino de memoria, hechos perpetuos gitanos, de lugar en lugar y de mesón en venta, desvelándose en contentar a otros porque en el gusto ajeno consiste su bien propio. Tienen más, que con su oficio no engañan a nadie, pues por momento sacan su mercancía a pública plaza, al juicio y a la vista de todos. El trabajo de los autores (directores de teatro) es increíble y su cuidado extraordinario y han de ganar mucho para que al cabo del año no salgan tan empeñados que les sea forzoso nacer pleitos de acreedores y con todo esto, son necesarios en la república como lo son, las florestas, las alamedas y las vistas de recreación y como son las cosas que honestamente recrean".© LA GACETA

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios