25 Mayo 2008 Seguir en 

Coincido con el lector Acuña respecto de que el idioma "es algo vivo, que muta, evoluciona, cambia". Y por supuesto, sé que es "un conjunto arbitrario de signos" que usamos para comunicarnos. Pero, no creo que mi preocupación sobre lo mal que lo usamos sea exagerada. Lo reducido del espacio me obliga a ser esquemática. Dicho brevemente: la comunicación es un proceso de intercambio de mensajes que permite articular información nueva con la ya disponible. Los sujetos, emisores o receptores, asignan sentido a los mensajes por medio de un proceso de decodificación, y para que este sea posible es indispensable aplicar ciertas reglas. De lo contrario, el mensaje será incomprensible. Dentro de esas reglas, hay margen para la creatividad y la imaginación.
Creo que expresé con claridad mi convicción de que la lengua es producción colectiva y temporal. Pero, como en la vida, eso no equivale a la anomia del "todo vale". Insisto en que tenemos el deber (periodistas, docentes e intelectuales, por lo menos) de proteger nuestro patrimonio, y no sólo por la razón de fondo, constitutiva, identitaria en la que hice hincapié en el artículo. Hay otra más pedestre y pragmática: no es cierto que "se entiende igual". No es lo mismo la secretaria de Estado que la Secretaría de Estado; ni jugar ante River que jugar contra River; ni pedir arreglar los baches que pedir que se arreglen los baches. Son sólo tres ejemplos de miles de "idiomacidios" generadores de mensajes que son ambiguos, cuando no mentirosos o mal intencionados. Y no queremos que nos marquen con esa horrenda cicatriz, ¿verdad?
Por otra parte, reconozco que tiene toda la razón el señor Alderete: es imposible matar lo mismo más de una vez. A menos que, como el Ave Fénix, el muerto insista en resurgir? y esa es la imagen que tengo de nuestra lengua: da pelea. Pero, para que no sea víctima de lo que él describe como "la peor catástrofe cultural en la historia de la Humanidad" (y a eso apuntaba el artículo), los que tenemos cómo proteger y transmitir nuestra herencia debemos hacernos cargo de esa responsabilidad. Y sí: insisto en que, por lo menos, intelectuales, docentes y periodistas somos referentes, y no es vanidad. Maradona lo es si de fútbol se habla, y Bill Gates, cuando el tema es la computación. Quienes no sabemos usar una herramienta seguimos el modelo de los que sí saben. Los alumnos aprenden de sus maestros, y los lectores de los diarios, es decir, de los periodistas.
Quisiera además aclarar que la Real Academia no pretende (yo tampoco) ejercer poder de policía sino registrar cómo, gracias a los hablantes, el idioma "se desarrolla y se multiplica". Y que eso ocurra es fantástico. Lo que considero malo (o al menos, lamentable) es resignarnos a que "hablamos como hablamos" por pereza e indiferencia. Porque no es "así de simple". Y me duele que ello ocurra, como me duele que no nos importe contaminar ríos, quemar bosques o destruir edificios centenarios por dinero.
Para finalizar: creo que no es correcta su interpretación de la cita de la doctora Loynaz. Al menos a mí, el texto completo de su discurso me da pie para pensar otra cosa.
Creo que expresé con claridad mi convicción de que la lengua es producción colectiva y temporal. Pero, como en la vida, eso no equivale a la anomia del "todo vale". Insisto en que tenemos el deber (periodistas, docentes e intelectuales, por lo menos) de proteger nuestro patrimonio, y no sólo por la razón de fondo, constitutiva, identitaria en la que hice hincapié en el artículo. Hay otra más pedestre y pragmática: no es cierto que "se entiende igual". No es lo mismo la secretaria de Estado que la Secretaría de Estado; ni jugar ante River que jugar contra River; ni pedir arreglar los baches que pedir que se arreglen los baches. Son sólo tres ejemplos de miles de "idiomacidios" generadores de mensajes que son ambiguos, cuando no mentirosos o mal intencionados. Y no queremos que nos marquen con esa horrenda cicatriz, ¿verdad?
Por otra parte, reconozco que tiene toda la razón el señor Alderete: es imposible matar lo mismo más de una vez. A menos que, como el Ave Fénix, el muerto insista en resurgir? y esa es la imagen que tengo de nuestra lengua: da pelea. Pero, para que no sea víctima de lo que él describe como "la peor catástrofe cultural en la historia de la Humanidad" (y a eso apuntaba el artículo), los que tenemos cómo proteger y transmitir nuestra herencia debemos hacernos cargo de esa responsabilidad. Y sí: insisto en que, por lo menos, intelectuales, docentes y periodistas somos referentes, y no es vanidad. Maradona lo es si de fútbol se habla, y Bill Gates, cuando el tema es la computación. Quienes no sabemos usar una herramienta seguimos el modelo de los que sí saben. Los alumnos aprenden de sus maestros, y los lectores de los diarios, es decir, de los periodistas.
Quisiera además aclarar que la Real Academia no pretende (yo tampoco) ejercer poder de policía sino registrar cómo, gracias a los hablantes, el idioma "se desarrolla y se multiplica". Y que eso ocurra es fantástico. Lo que considero malo (o al menos, lamentable) es resignarnos a que "hablamos como hablamos" por pereza e indiferencia. Porque no es "así de simple". Y me duele que ello ocurra, como me duele que no nos importe contaminar ríos, quemar bosques o destruir edificios centenarios por dinero.
Para finalizar: creo que no es correcta su interpretación de la cita de la doctora Loynaz. Al menos a mí, el texto completo de su discurso me da pie para pensar otra cosa.







