Se debe realizar una evaluación detenida de los gastos y de las perspectivas de ingreso

Punto de vista. Eduardo Robinson - Economista.

13 Enero 2008
El crédito al sector público se ha incrementado un 41% durante 2007. Del total de la cartera crediticia la línea que más creció fue Créditos Personales, que alcanzó el 62%, seguido de Créditos Prendarios. Por su parte, Adelantos fue la línea que menos ha crecido, y en general estos son préstamos destinados a empresas. Tales datos evidencian que predomina el financiamiento al consumo en detrimento del sector productivo. Esta es una característica saliente del actual sistema financiero argentino, que responde a la lógica del esquema económico vigente, esto es: priorizar sólo el corto plazo. En este esquema cortoplacista es complicado desarrollar el crédito de largo plazo. Por ello las entidades financieras centran sus esfuerzos en el financiamiento del sector familias. Ante esta situación, la pregunta relevante es: ¿les conviene a las familias incrementar el endeudamiento? Como todo compromiso financiero que se pretenda asumir, la respuesta surgirá de la percepción que se tenga acerca del futuro contexto de la economía doméstica. Todo depende de cómo proyecte su capacidad de pago el potencial deudor.
Evaluar la posibilidad de asumir una deuda bancaria de cierta relevancia en el presupuesto familiar hoy en día no es tarea sencilla. En efecto, la economía se desenvuelve en un entorno en donde la pérdida de credibilidad de los indicadores que miden la inflación impide tener una idea precisa de la magnitud del problema. Nadie sabe fehacientemente en qué porcentaje se incrementa el nivel de precios. Las personas sólo tienen una remota aproximación acerca de la variación de precios basándose en su propia canasta de consumo. Esto dificulta proyectar la capacidad de pago, porque se desconoce cuál es y será el ingreso real, es decir, el ingreso ajustado por inflación, y por lo tanto, su real capacidad de compra presente y en el futuro próximo. Otros factores que restan poder adquisitivo y, por ende, capacidad de pago para contraer futuras deudas financieras, son: el continuo incremento fiscal y tarifario y la suba de los aportes a las AFJP que vuelven a ser del 11% en lugar del 7%.

A tener en cuenta
Si una persona asume una deuda bancaria, hoy y mañana suben los impuestos o se incrementa la inflación, sin alterarse proporcionalmente su ingreso, se reduce la capacidad de pago y ese es el temor de los potenciales tomadores de crédito. A estos factores hay que añadir las condiciones de la deuda, como el plazo y las tasas que pueden ser fijas o variables. Al respecto, hay que tener en cuenta que en un contexto inflacionario, las tasas de interés inevitablemente tienden a subir. De ahí la reducción de las ofertas de tasas fijas. De hecho, cuando se presentan como tasas fijas es porque, o tienen incorporada la expectativa inflacionaria, o se suman otros costos de carácter operativo que suben el costo real del crédito. La variabilidad de las tasas es un factor de riesgo.
La inflación, el nivel de ingreso real y las tasas de interés variables constituyen factores de la economía interna que hay que considerar al evaluar la posibilidad de incrementar o de asumir endeudamiento financiero. Pero, en los últimos meses, se ha sumado la turbulencia financiera internacional como un factor que no puede soslayarse. Si bien el Central dispone de varios recursos para minimizar el impacto externo, todo dependerá de la magnitud de los cimbronazos provenientes del exterior que pueden amplificarse si crecen las inconsistencias macroeconómicas internas. De hecho, el incremento de tasas del segundo semestre de 2007 responde a los problemas financieros internacionales agravados por cuestiones internas, entre ellas: la incertidumbre electoral, la falta de claras perspectivas en la economía local y las dudas sobre la inflación. De hecho, existen varios indicios que sugieren que el incremento del crédito al consumo en términos porcentuales de 2008 sería inferior al de 2007.

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