02 Enero 2008 Seguir en 
Si el lugar elegido para veranear es la playa, sea de mar o de río, vale como prevención un primer consejo, si se quiere poco técnico y poco científico, que es respetar las fuerzas de la naturaleza. Hay que tener en cuenta que si un niño está totalmente sumergido, las posibilidades de sobrevivir en aguas turbias como las de la playa son de por sí dramáticamente inferiores a las que tiene en las aguas claras de una piscina.
Y esto, sin tener en cuenta la cuestión de las corrientes y las olas, que hacen que las playas decididamente no sean el mejor lugar para aprender a nadar.
Justamente, los adolescentes o preadolescentes que se meten en este tipo de agua saben nadar... o dicen saber nadar. Y esta es una causa frecuente de accidentes que pueden llegar a costar la vida.
La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) recomienda en su Manual de Prevención de Accidentes que, en primer lugar, haya siempre un adulto que sepa nadar vigilando desde la playa -o desde una embarcación- a los chicos que se encuentran en el agua. Los chicos, de cualquier edad, deben entrar en el agua sólo con un adulto que sepa nadar.
El salvavidas recomendado para la playa es el chaleco. Los salvavidas con forma de anillo, indica expresamente el manual de la SAP, no son apropiados, e inclusive se desaconsejan: es mejor no tenerlos.
En aguas de playa, los colchones de agua, flotadores o cámaras de coches dan una falsa impresión de seguridad que lleva a muchos a cometer imprudencias. Las olas, los remolinos y los torbellinos de agua son realmente ingobernables para un chico, aunque sepa nadar. En ningún caso hay que alejarse demasiado de la playa.
Además, los salvavidas neumáticos pueden dañarse fácilmente, y en muy pocos segundos quedar sin aire y dejar a la persona totalmente a merced del agua. Por eso es tan perjudicial la confianza que se pueda tenerles. Los chalecos salvavidas, por el contrario, poseen cámaras independientes de aire: si una se pincha hay menos capacidad de sostén, pero el resto de las cámaras siguen teniendo aire.
En las proximidades de aguas no transparentes -o sea, en cualquier playa- los chicos deben tener el salvavidas puesto aunque no se metan al agua, en especial los más chiquitos. Lo mismo al ir en bote o en cualquier embarcación.
El incremento del turismo en localidades balnearias ha llevado a algunas organizaciones, en todo el mundo, a formular nuevas normativas a fin de regular la actividad en esos centros. José Dadón, biólogo del Conicet, trabajó en la redacción de pautas para disminuir el impacto ambiental del turismo en los balnearios de mar y de río. El informe fue elaborado en conjunto con las secretarías de Ambiente y de Turismo de la Nación.
Estas directrices para la gestión de calidad en playas y balnearios serán aplicadas en carácter de prueba piloto en las ciudades bonaerenses de Mar del Plata, Villa Gesell y Necochea.
Lo que se busca con estas normas es, entre otras cuestiones, la conservación de zonas vulnerables, como islas pequeñas, arrecifes de coral, aguas costeras, manglares, humedales costeros, playas y dunas.
Y esto, sin tener en cuenta la cuestión de las corrientes y las olas, que hacen que las playas decididamente no sean el mejor lugar para aprender a nadar.
Justamente, los adolescentes o preadolescentes que se meten en este tipo de agua saben nadar... o dicen saber nadar. Y esta es una causa frecuente de accidentes que pueden llegar a costar la vida.
La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) recomienda en su Manual de Prevención de Accidentes que, en primer lugar, haya siempre un adulto que sepa nadar vigilando desde la playa -o desde una embarcación- a los chicos que se encuentran en el agua. Los chicos, de cualquier edad, deben entrar en el agua sólo con un adulto que sepa nadar.
El salvavidas recomendado para la playa es el chaleco. Los salvavidas con forma de anillo, indica expresamente el manual de la SAP, no son apropiados, e inclusive se desaconsejan: es mejor no tenerlos.
En aguas de playa, los colchones de agua, flotadores o cámaras de coches dan una falsa impresión de seguridad que lleva a muchos a cometer imprudencias. Las olas, los remolinos y los torbellinos de agua son realmente ingobernables para un chico, aunque sepa nadar. En ningún caso hay que alejarse demasiado de la playa.
Además, los salvavidas neumáticos pueden dañarse fácilmente, y en muy pocos segundos quedar sin aire y dejar a la persona totalmente a merced del agua. Por eso es tan perjudicial la confianza que se pueda tenerles. Los chalecos salvavidas, por el contrario, poseen cámaras independientes de aire: si una se pincha hay menos capacidad de sostén, pero el resto de las cámaras siguen teniendo aire.
En las proximidades de aguas no transparentes -o sea, en cualquier playa- los chicos deben tener el salvavidas puesto aunque no se metan al agua, en especial los más chiquitos. Lo mismo al ir en bote o en cualquier embarcación.
El incremento del turismo en localidades balnearias ha llevado a algunas organizaciones, en todo el mundo, a formular nuevas normativas a fin de regular la actividad en esos centros. José Dadón, biólogo del Conicet, trabajó en la redacción de pautas para disminuir el impacto ambiental del turismo en los balnearios de mar y de río. El informe fue elaborado en conjunto con las secretarías de Ambiente y de Turismo de la Nación.
Estas directrices para la gestión de calidad en playas y balnearios serán aplicadas en carácter de prueba piloto en las ciudades bonaerenses de Mar del Plata, Villa Gesell y Necochea.
Lo que se busca con estas normas es, entre otras cuestiones, la conservación de zonas vulnerables, como islas pequeñas, arrecifes de coral, aguas costeras, manglares, humedales costeros, playas y dunas.
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